08 ene. 2026

Doña Leoncia, la mujer que pela una tonelada de mandioca diariamente

El Día Nacional de la Mandioca no solo busca homenajear a la producción agrícola, también desea honrar a todos los trabajadores que dependen de este fruto para sacar adelante a sus familias, como es el caso de doña Leoncia Arca de Gómez de la Fuente. Ella es un ícono del Mercado 4, conocida por pelar cada día 1.000 kilos de mandioca.

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Doña Leoncia trabaja desde las 1:30 pelando mandiocas en el Mercado 4, de lunes a sábados.

Foto: Raúl Cañete.

Con una habilidad asombrosa, doña Leoncia Arca de Gómez de la Fuente trabaja todos los días pelando 1.000 kilos de mandioca para surtir a locales de comida del Mercado 4; este alimento es casi infaltable en el menú de los paraguayos y cuyo día nacional se celebra este martes.

Ña Leo, como también la conocen, adoptó esta profesión como herencia de su madre, quien la llevó a conocer este oficio cuando tenía 15 años. Hoy, a sus 52 años cuenta cómo son su días de trabajo, los cuales agradece poder seguir teniendo.

“Yo me levanto a las 0:00, a las 0:30 salgo de mi casa y me voy al Mercado de Abasto, me voy a comprar mandioca, a las 1:30 ya estoy en el Mercado 4, en la avenida Gaspar Rodríguez de Francia y Battilana, y empiezo a pelar hasta terminar. Cerca de las 9:00 o las 10:00 ya está todo”, resalta.

Pero su trabajo no termina ahí, luego de descansar un rato, recorre nuevamente los locales para retirar sus pagos. La trabajadora destaca que recibe la ayuda de su hija mayor, quien la acompaña desde la medianoche hasta el retorno a su hogar en el barrio Mbocayaty, de Ñemby.

Reconoce que llegar a cumplir con una tonelada implica mucho sacrificio y esfuerzo.

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Según cuenta, regresa a su casa a las 13:00, almuerza y se acuesta a dormir hasta las 17:00, horario en que recibe los pedidos y programa su itinerario del día siguiente.

La laboriosa mujer señala que duerme poco por dedicarle más tiempo a su trabajo; del que no solo depende su familia, sino también docenas de locales que esperan las mandiocas peladas que deben ser cocinadas para acompañar los platos del almuerzo y la cena.

“Mis clientes son pollerías, asaditeros, comedores, que tengo que cubrir todo yo. Ponele unos 100 locales, son muchísimos los que dependen de mí”, expresa.

Este enorme compromiso también se puso a prueba recientemente, cuando se produjo el incendio en el Mercado 4, momento en que fue fotografiada pelando mandiocas al lado de los camiones de bomberos que trabajaban en el lugar.

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Foto: Raúl Cañete.

“La vez pasada, el día del incendio en el mercado, se enojaron conmigo, porque yo no me fui a hacer nada; desde ahí nomás le ayudaba a la gente, les atajaba sus cosas, mientras yo pelaba mi mandioca, porque yo tengo que ponerle a mis clientes la mandioca”, comentó.

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Dijo que los negocios dependen de su trabajo y que defraudarlos haría que le suspendieran los pedidos, “con lo que cuesta conseguir un cliente actualmente”, admite.

Ña Leo, recientemente, sufrió la pérdida de su esposo y quedó con sus dos hijas y un nieto, los que considera son su mayor responsabilidad.

“Mi hija mayor es la que está conmigo trabajando y tiene un niño de 12 años, de este trabajo tengo que cubrir gastos de la casa, le hago estudiar a mi otra hija que ya está por recibirse de licenciada en Obstetricia, está por recibirse gracias a la venta de mandioca”, confiesa.

Además del sacrificio que conlleva mantener a los clientes, también lo es cubrir el elevado costo de la mandioca. “La venta de la mandioca son por kilo y por bolsas. Una bolsa sin pelar cuesta hoy en día G. 150.000 y yo me voy y descargo y vendo por kilo una vez que esté pelada”, relata.

Su entrega al trabajo también significa que casi nunca se ausenta. “Solo dos días falté: Cuando murió mi marido, después siempre estoy con lluvia, calor o frío”.

A pesar de lo pesado que parece este trabajo, doña Leoncia solo pide seguir teniendo salud para seguir trabajando “hasta que Dios diga basta”.

Doña Leo concluye reconociendo la importancia de este fruto para ella y su familia. “La mandioca, para mí significa mucho. Si no hay mandioca, yo no sé en qué trabajaría, pero con la mandioca yo hago todo. Si no hay mandioca, no hay comida rica”, afirma.

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