Me llamo Walter Sandoval Espínola, soy biólogo, hijo mayor de Walter y Rosa. Mis hermanas son Rosa y Regina (evidentemente con la última hija se inspiraron para los nombres). Si tengo que mirar hacia atrás para entender mi camino, diría que dos hechos marcaron mi vida desde muy temprano: visualizar que vivimos inmersos en los misterios de la naturaleza y aprender inglés.
De niño tuve el privilegio de comprender ambos gracias a la exposición que me dieron mis padres mediante la televisión. Me llamaba aún más la atención cómo las personas podían descubrir los secretos del universo mediante la ciencia: a través de la observación de la naturaleza, la posterior formulación de ideas y pensamientos (hipótesis) y, finalmente, la comprobación final de esas predicciones mediante la tecnología. Aquella lógica de la ciencia me parecía casi una forma de magia.
Durante mi adolescencia empecé a estudiar inglés y comencé a conectar con la idea de que mi interés en las ciencias se podría realizar en Paraguay y el exterior. Un día, saliendo del CCPA, recuerdo haber pensado “¿qué debería hacer para ir a Harvard?”. Todo esto con el trasfondo generacional de que mis padres no tienen educación terciaria y mi madre no tuvo la oportunidad de terminar el colegio. Ambos se dedican, desde hace décadas, a la venta de las mejores empanadas. No sabía cómo, ni cuándo, pero la idea quedó sembrada.
Yo soy egresado de secundaria de un colegio nacional, el Centro de Capacitación Técnica de Luque, y 20 años después de aquellas dudas adolescentes, terminé la carrera de Biología en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Asunción. Con el tiempo, mi trabajo se concentró en un punto donde convergen tres grandes temas: microbiología industrial, cambio climático y salud humana.
Mi investigación se centra especialmente en comunidades de microorganismos, conocidas como microbiomas. Estudio cómo viven, cómo interactúan y cómo pueden influir tanto en procesos ambientales como en el bienestar de las personas. Una parte importante de mi trabajo analiza bacterias anaerobias, organismos que, curiosamente, no toleran el oxígeno del aire.
Gracias a una beca Fulbright realicé mi maestría y doctorado en la Universidad Estatal de Carolina del Norte. Allí estudié la fisiología y la genética de una bacteria llamada Clostridium beijerinckii, en el contexto de la producción de biocombustibles.
En el laboratorio descubrimos que una de las cepas que estudiábamos era capaz de producir grandes cantidades de butanol, un biocombustible que incluso podría utilizarse en motores de gasolina sin modificaciones. Más tarde observamos algo aún más curioso: la bacteria podía reabsorber gases como dióxido de carbono e hidrógeno durante su crecimiento, aumentando notablemente la eficiencia del proceso de fermentación.
Ese hallazgo, logrado combinando fermentación clásica, química analítica y biología molecular, se publicó en una revista del grupo Nature y dio lugar a mi primera patente global. Además, mi tesis doctoral recibió en 2016 el premio Kenneth R. Keller a la Excelencia en Investigación Doctoral, convirtiéndome en el primer paraguayo en obtener esa distinción.
Cuando terminé el doctorado, mi tutor me dijo algo que quedó grabado en mi memoria: “Walter, ya tenés un PhD y sos Fulbright. Ahora falta que vayas a una universidad reconocida mundialmente”. Así comenzó el camino que finalmente me llevó a Harvard.
Durante mi etapa posdoctoral en la Universidad de Harvard me concentré en investigar compuestos capaces de bloquear una función específica de la microbiota intestinal relacionada con enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo 2. Analizamos más de 70.000 compuestos químicos hasta identificar algunos candidatos prometedores.
Ese trabajo derivó en dos patentes, una colaboración con la farmacéutica francesa Servier y publicaciones en revistas científicas internacionales como mBio, Cell Metabolism y Nature Reviews Chemistry. En ese mismo período fui nominado como uno de los “35 Innovadores Menores de 35” por MIT Technology Review.
En 2020 decidí volver a Paraguay. Hoy soy docente investigador en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Asunción, donde dirijo el Laboratorio de Biotecnología Microbiana y coordino el Doctorado en Ciencias Exactas, Naturales y sus Aplicaciones.
Desde allí trabajo con estudiantes y colegas en proyectos que estudian microbiomas vinculados a la ganadería, la agricultura y la salud humana. Investigamos, por ejemplo, el microbioma ruminal del ganado paraguayo para comprender cómo influye en la producción de metano, un gas de efecto invernadero, y cómo podría reducirse su emisión, aumentando la eficiencia. En la agricultura, con el sector privado, logramos manipular el microbioma del suelo para aumentar la eficacia de los fertilizantes.
También lideramos el primer estudio de caracterización del microbioma intestinal de paraguayos, en colaboración con investigadores y organizaciones internacionales. Comprender cómo viven estos microorganismos en nuestro cuerpo puede ayudar a anticipar enfermedades y desarrollar nuevas estrategias de prevención.
A lo largo de estos años he tenido la oportunidad de presentar estos trabajos en distintos países y de colaborar con investigadores de varias partes del mundo. En 2022 fui seleccionado como miembro de Eisenhower Fellowships, y en 2024 recibí el honor de ser declarado Ciudadano Ilustre de mi ciudad natal, Luque.
Cuando pienso en el futuro, sigo creyendo lo mismo que me fascinaba de niño: la naturaleza está llena de misterios, que siendo investigados, pueden servir como herramientas para mejorar nuestra calidad de vida. El rol del científico no se queda en el aula ni en el laboratorio, y eso queda demostrado por los ejemplos que cité arriba. Cuando fui a los Estados Unidos en 2011 para realizar la maestría, no tenía idea de cómo iba a aplicar mis ideas en Paraguay al retornar. Gratamente, hubo un salto cuántico en las capacidades y el interés de hacer ciencia de punta en el país durante los casi 10 años que estuve afuera. La ciencia es asunto de seguridad nacional, en todos los sentidos. Saber aprovechar, a través de políticas públicas, los resultados de investigaciones estratégicas pueden posicionarnos a nivel internacional.
- La ciencia es asunto de seguridad nacional en todos los sentidos. Saber aprovechar, a través de políticas públicas los resultados, pueden posicionarnos a nivel internacional.