Un nuevo presidente de la República asume hoy el desafío de gobernar al Paraguay durante los próximos cinco años. Más allá de las promesas y de los discursos de ocasión, se espera que Mario Abdo Benítez no repita los errores de su antecesor y responda a las expectativas de gobernar con más seriedad y sensibilidad ante las muchas demandas ciudadanas.
Aunque la saliente administración del presidente Horacio Cartes deja un país con una macroeconomía equilibrada, más obras viales y logros en el campo del asistencialismo social, también deja graves daños ocasionados a la institucionalidad democrática, por el poco respeto que ha demostrado a las reglas del sistema republicano.
Probablemente, uno de los saldos más negativos del Gobierno de Cartes fue el atropello a la Constitución Nacional, al intentar llevar adelante un plan de enmienda forzada para imponer la posibilidad de su reelección presidencial, a pesar de que la Carta Magna la prohíbe expresamente.
Esa aventura antidemocrática, basada en la obsesión por el poder, que tuvo la complicidad de otras fuerzas políticas, como la comandada por el ex presidente Fernando Lugo, y un sector del Partido Liberal Radical Auténtico, generó rechazo y crispación social, al punto de desembocar en una grave crisis que tuvo su corolario en marzo del 2017, con el asesinato de un ciudadano en manos de la Policía, además de heridos y la quema del edificio del Congreso, empañando muchas de las obras que realizó la administración del Ejecutivo que hoy culmina su mandato.
El nuevo presidente, Mario Abdo Benítez, asume en un momento de mucha efervescencia ciudadana, marcada por la indignación ante los casos de corrupción que envuelven a varios legisladores y dirigentes políticos, y por la abierta complicidad de sus pares y del propio sistema de Justicia para favorecer la impunidad.
Del nuevo Gobierno, además de una mejor gestión que promueva el desarrollo y la equidad social, se espera el combate frontal a la corrupción y un respeto irrestricto a la institucionalidad republicana, que otorgue la necesaria seguridad jurídica, como un requisito indispensable para fortalecer la democracia. Son muy importantes los planes para mejorar la educación y la salud, otorgar oportunidades de trabajo, tierra y vivienda, entre otras muchas necesidades de la población, pero principalmente hace falta que el nuevo mandatario no se embarque en aventuras totalitarias promovidas por la ambición de poder. Abdo Benítez ha prometido que respetará la Constitución, no buscará la reelección y escuchará la voz del pueblo. Esperemos que realmente cumpla sus promesas y no las pisotee, como hizo su antecesor.
Es tiempo de construir con seriedad un país mejor.