La lucha por la tierra en Paraguay tiene un historial de sangre. Pero la matanza de Curuguaty (6 policías y 11 carperos muertos en un confuso enfrentamiento) lidera hoy el fatídico ránking en lo que puede considerarse el capítulo más negro del gobierno de Fernando Lugo.
El caso pone como nunca en punto de mira al Gobierno en sus dos áreas más sensibles y cuestionadas: el fracaso en la reforma agraria y la lucha contra el EPP (Ejército del Pueblo Paraguayo).
Casi como una premonición, el jueves la comunidad diplomática le planteaba con tono de cuestionamiento al presidente sus inquietudes “porque no todo el sueño (promesas) que él (Lugo) hizo antes de asumir la Presidencia de la República se ha realizado; como el sueño económico, el sueño de equilibrio institucional en el país”. Así definió con palabras edulcoradas el nuncio apostólico Eliseo Ariotti, decano del cuerpo diplomático, el encuentro en una casa de retiro espiritual. Al siguiente se concreta la matanza en Curuguaty, durante un desalojo que si bien vaticinaba escaramuzas, jamás una masacre.
COMBO TRÁGICO. La matanza tiene mucho de simbolismo. Tierras consideradas malhabidas por el Estado y organismos de derechos humanos y en litigio judicial es el escenario del conflicto. Pertenece a un emblemático político-empresario stronista-colorado que se quedó con las mismas al ganar un juicio de usucapión en el 2005: Blas N. Riquelme. Ha sido ocupada y desalojada tantas veces, hasta el trágico viernes.
INCAPACIDAD. La reforma agraria ha sido la principal promesa electoral de Lugo. No fue la prioridad de su gobierno y así lo demuestran las distintas presidencias del Indert. Recién este año, y luego de la crisis con los carperos y Ñacunday, Lugo intervino la institución. Apenas faltando un año para finalizar su mandato se tiene un diagnóstico claro del Indert de la mano de Emilio Camacho; tarea que debió hacerse en el 2008.
En este escenario de ineficacias y desvaríos políticos aparecen los carperos de la mano de Sixto Pereira y Pakova Ledesma. Tuvieron el guiño y la complacencia del presidente y de toda la cúpula izquierdista en el Gobierno y el guiño cómplice de los líbero-luguistas. Jugaron a invasores, crisparon el clima político y fracasaron estrepitosamente en Ñacunday con el corolario tragicómico de un líder amoral y analfabeto político como Victoriano López, hoy negado por sus propios mentores.
Los carperos, dirigidos por José Rodríguez (Patria Libre) y Eulalio López, que alientan la violencia como método de lucha social, fueron encumbrados por Lugo y su entorno como el nuevo liderazgo campesino dejando de lado a luchadores históricos. Y nuevamente son los carperos los que meten al Lugo en un problema con graves consecuencias para su gestión. Además de abonar la criminalización de la lucha por la tierra.
EN BLANCO. Curuguaty metió al Gobierno en un caraguataty (arbusto con espinas). La noticia causó desconcierto y nerviosismo. Una vez más cayó en su obispal estilo y perdió el partido al no destituir a su ministro del Interior a raíz de la matanza. Lugo aún no aprendió que las crisis requieren respuestas rápidas y cabezas rodando.
Al mediodía, leyó un insulso comunicado carente de emoción y compromiso. No pudo confrontar a la prensa y dejó a su entonces ministro Carlos Filizzola intentando explicar lo inexplicable.
La presión política empezó a escalar. El Senado se reunió y reclamó la cabeza de Filizzola y el comandante de la Policía. Y Lugo una vez más dejó que otros decidieran por él. A la noche, un abatatado Filizzola intentaba decir que dejaba el cargo, pero que no fue echado. En política es valiente asumir las consecuencias de los actos.
ESTIGMA. El relato coincide: los policías fueron emboscados y asesinados a sangre fría. La refriega vino después con los muertos cuyas cifran siguen subiendo. En el horizonte aparece el EPP apadrinando la matanza. Otros ensayan teorías conspiraticias, otros apuntan a bandas paramilitares. Lugo carga como una cruz la vinculación con el grupo y haga lo que haga sabe que nunca será suficiente para limpiarse este estigma.
Con este hecho volvió la sospecha, más aún con el nombramiento del nuevo jefe de Policía que provocó la salida de la remesa que más méritos hizo para combatir al EPP.
La izquierda dice que el Gobierno cayó en una trampa, pero las designaciones, las acciones y las decisiones las toma el presidente. Habla de oportunismos políticos. O no entienden la política o son ingenuos. Ellos hicieron lo mismo en la era colorada. En política se pega cuando el adversario está débil.
Nada claro hay aún de lo que pasó en Curuguaty, pero más desconciertan las decisiones presidenciales que dejan descolocados hasta a sus más cercanos colaboradores que ayer tragaron el sapo Candia con silencios y ausencias.