Más de una vez habremos escuchado la afirmación “el amor es eterno... mientras dura”, y nos guste o no, terminamos admitiendo que, a pesar del aroma a cinismo que la envuelve, la sentencia no está lejos de la verdad. Pero determinar el plazo exacto de vencimiento parece ser más difícil, sino imposible, a juzgar por la cantidad de estudios científicos hechos al respecto, casi nunca coincidentes en sus conclusiones.
“Hay muchísimas teorías sobre la duración del amor y el trabajo vincular que implica sobre la pareja. Existen muchas experiencias y solo se puede hablar en el sentido más general del término, porque no hay una fórmula mágica; de hecho, depende de varios factores”, afirma la psicóloga Maura Villasanti.
Hay química
Pasa que cuando nos enamoramos –estamos hablando del amor de pareja– se producen reacciones neuroquímicas que alteran los niveles de serotonina, dopamina y noradrenalina, según especialistas de la Facultad de Medicina de la UNAM, México, explica el sitio Sexualidad 180.
El amor atraviesa varias etapas. La primera de ellas, el enamoramiento, es invariablemente la más intensa y la que nos produce una sensación agradable y de bienestar que nos gustaría que se mantuviera en el tiempo. Pero esto no es lo que ocurre.
“La etapa del enamoramiento se caracteriza por tener una intensidad muy alta y visible, y una profundidad pequeña”, asegura el psicólogo argentino Sebastián Girona, para quien “con el tiempo y en el mejor de los casos, la situación debería cambiar para pasar a lo contrario: un vínculo más profundo que inevitablemente hace disminuir la intensidad”.
Girona agrega que “parecería que esa misma energía puesta en un comienzo en lo sexual pasa a ser el fondo de reserva de la pareja y la base sustentable para lo que vendrá”. El profesional resalta que esta primera etapa no tiene un tiempo exacto de duración y que a veces puede extenderse por seis meses, a veces ocho o incluso un año, pero inevitablemente, más tarde o más temprano, se va a terminar.
Adicionalmente, una investigación realizada por la Universidad de Pisa, Italia, complementa lo revelado por los mexicanos. Los estudios determinaron que el efecto de los procesos neuroquímicos citados apenas dura entre dos y cuatro años, y que una vez superado este periodo, el cerebro volverá a la “normalidad” después de un tiempo de adaptación.
La publicación también consigna la postura del francés Frédéric Beigbeder, autor de la novela L’amour dure trois ans (El amor dura tres años), quien sostiene que el amor solo tiene vida durante 900 días, 156 semanas o tres años, y que lo que sigue es producto de la convivencia y afinidad entre dos personas.
Mejor un cambio
Entonces, si el desgaste es inevitable, ¿qué es lo que hay que hacer al respecto? El psicólogo español Rafael Santandreu recomienda cambiar de pareja cada cinco años para ser feliz. El especialista asegura que la monogamia ha funcionado hasta ahora porque el hombre era poseedor de la mujer, lo cual “no es una vida en pareja” sino “la vida de un amo y un esclavo”.
Santandreu dice que “sexualmente estamos muy reprimidos, sobre todo la mujer. Pretendemos vivir con una limitación sexual tremenda. Con este nuevo modelo alejado de la monogamia se solucionarían todos los problemas de celos o de dependencias. La principal causa de suicidio en el mundo es el desamor”.
Algunas parejas optan por una salida difícil de tomar, que requiere de una mente mucho más abierta que la que posee normalmente la gente. Se trata de asumir que, si la monogamia se vuelve insostenible pero la separación definitiva no es lo que ambos quieren, existe un camino intermedio: dejar que el otro, y uno mismo, busque compañía fuera de la pareja.
Las relaciones abiertas no son novedosas, pero exigen de sus protagonistas la renuncia a la exclusividad de y con el otro. Hay ejemplos: Yoko Ono, en 1973, decidió darle a John Lennon un año y medio de, digamos, vacaciones, tiempo en el que el músico tuvo permiso para relacionarse con quien quisiera.
La historia no cuenta si Ono hizo otro tanto, pero uno supone que sí. Además, la japonesa eligió a su secretaria May Pang para que acompañara a su esposo en ese periodo de libertad, al que más tarde el músico británico bautizó Lost Weekend (Fin de Semana Perdido).
Otro caso es el del actor argentino Ricardo Darín y su esposa Florencia Bas, quienes estuvieron separados durante dos años, lapso en el cual ambos “la pasaron bien”, pero después volvieron a unirse y ya llevan 28 años juntos, incluido el paréntesis mencionado.
Si esta es o no una solución para el desgaste del amor o de la pasión, depende de cada persona o, mejor, de cada pareja. El contexto social también ejerce una presión que puede influir en la búsqueda de alguna salida, sin olvidar que la tecnología tiene su propio peso en el desarrollo y en las características de las relaciones afectivas.
Cuestión de tiempo
La psicóloga Maura Villasanti, experta en terapia de parejas, asevera que “cada época tiene sus características, y la de esta es la libertad y la facilidad; ya no estamos en la época en la que debíamos casarnos para ser felices”.
Intentar mantener una relación que se volvió insostenible e insalubre no es una opción recomendada. “Si en una pareja sufren todos –los hijos, la familia en general–, no tiene sentido quedarse; es un problema de salud mental quedarse en esas condiciones, y en ese sentido hay una ventaja en cuanto a la libertad que hoy se tiene para decidir”.
En Paraguay, la sociedad es todavía mayoritariamente conservadora, pero eso no impide que los tiempos del amor se hayan modificado. Antes existían los días de visita y un protocolo social que seguir antes de llegar a las relaciones íntimas. Hoy el proceso se invirtió y las parejas primero se conocen a través de los contactos sexuales y después deciden si formalizan o no la relación.
La tecnología aporta lo suyo y las herramientas a mano hacen que los tiempos se hayan alterado, y que el cortejo y la ruptura, sobre todo entre los jóvenes, puedan hacerse por Whatsapp, dejando de lado cualquier protocolo considerado aceptable por la sociedad.
Se puede debatir acerca de si en la actualidad los plazos del amor y sus etapas son más cortas o no; lo que no se puede negar es que cualquiera sea la época considerada, los sentimientos siempre tuvieron fecha de caducidad. El trabajo de mantener una pareja sí es eterno.
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Vida en común
Fueron compañeros de curso en el colegio y hoy son novios. Gabriela (18) y Aníbal (18) son inseparables como cuando el día a día en clases fue encendiendo en ellos un sentimiento que se desarrolló fuera de las aulas, con ambos siguiendo ya carreras universitarias. Gabriela estudia Diseño, y Aníbal, Ingeniería, pero ambos sienten pasión por el manga. Conforman una pareja de jóvenes típica de nuestros días. No hay planes de vida en común, todavía. Prefieren disfrutar de las cosas que los unen y vivir cada día con intensidad. “Ya habrá tiempo para responsabilidades”, dicen. ¿El futuro? Todavía no está escrito.
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La lucha continúa
Leonora (80) y Máximo (84) llevan juntos más de 60 años. Son padres de nueve hijos y ya tienen 23 nietos. Su historia de amor es de novela: Máximo era cadete pero abandonó la carrera militar después de la Revolución del 47. En las selvas de San Pedro se convirtió en obrajero y en un rincón de ese departamento conoció a Leonor, de 15 años. Se enamoraron y fueron a vivir juntos en una estancia donde Máximo consiguió trabajo como peón. Su vida en común tuvo como característica principal la lucha, primero contra las penurias económicas y después contra el desgaste de la relación. Varias veces Máximo dejó el hogar detrás de aventuras fugaces, pero siempre volvió a los brazos de Leonor. “El amor necesita que una pareja trabaje día a día por la relación”, contestan cuando se les pregunta cómo hicieron para permanecer juntos hasta hoy. Una lección de vida.