Opinión

Cuando un patriota se va

 

Cuando estaba por comenzar a escribir el artículo de hoy recibí la inesperada y penosa noticia de la renuncia de Ernesto Bergen a la Dirección General de la Itaipú Binacional.
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La noticia es penosa para mí como amigo personal, pero mucho más penosa aún como paraguayo, que sueña con un país mejor para nosotros y para nuestros hijos.

Recordemos que Ernesto Bergen aceptó el cargo en Itaipú en un momento de gravísima crisis nacional debido a un Acta Bilateral de contratación de potencia de la Binacional.

Esta Acta Bilateral fue como un “tsunami” que hizo renunciar a nuestro embajador en el Brasil, Hugo Saguier Caballero, al canciller Luis Alberto Castiglioni, al director general de Itaipú José Alberto Alderete y estuvo a un paso de llevarse por delante al mismo presidente Mario Abdo Benítez.

En ese ambiente caldeado se le ofreció la Dirección General de Itaipú a Ernesto Bergen, un empresario exitoso, una persona extremadamente ética y religiosa, que solamente por su gran patriotismo –me consta– aceptó tamaño desafío.

Una de sus primeras decisiones al llegar a Itaipú fue devolver a la Entidad su sueldo mensual, que en los 17 meses de gestión representó la importante cifra de 1.982 millones de guaraníes.

Con la autoridad moral que tenía y con sus conocimientos profesionales pudo liderar la realización de importantes reformas que buscaban darle mayor eficiencia, transparencia y austeridad a toda la institución.

Los resultados han sido extraordinariamente buenos: se redujeron los gastos de personal en 23,9%, las horas extras en 52,8%, los viáticos en 59,1% y los pasajes en un 89,2%.

Todo lo ahorrado al disminuir estos gastos hizo posible un incremento histórico en los gastos de Responsabilidad Socio-Ambiental que tuvieron un crecimiento de un 31,2%, pasando de 92 a 121 millones de dólares.

Para un mejor uso de esos fondos y para darle mayor transparencia a la gestión de dichos recursos gran parte de lo realizado se hizo con una fuerte coordinación con los diferentes ministerios del país.

Por ejemplo, con el Ministerio de Salud se coordinó la construcción y equipamiento de hospitales y Unidades de Salud de la Familia; con el Ministerio de Obras Públicas se coordinaron diversas obras de infraestructura como puentes, caminos y viaductos; y con el Programa de Becas Carlos Antonio López (Becal) la promoción de una política pública nacional de becas que permite la formación universitaria de jóvenes sobresalientes de escasos recursos.

Por supuesto que una gestión que buscaba la eficiencia, la austeridad y la transparencia en una entidad que es la “gran vaca lechera” para muchos sectores políticos, sindicales y empresariales, era previsible que fuera a tener la crítica y la oposición por parte de dichos sectores.

También era previsible que la “incomodidad” y la presión de estos sectores iban a aumentar a medida que se aproximaba el periodo electoral, con las elecciones municipales primero y con las nacionales después.

Por último, era una utopía pensar que un gobierno tan débil como el de Mario Abdo Benítez iba a poder soportar dichas presiones y mantener por mucho tiempo una gestión transparente y ética en Itaipú frente a la diametralmente opuesta gestión populista y clientelar de Yacyretá.

Esta “olla a presión” explotó con la renuncia de Ernesto Bergen, una renuncia que nos duele a todos los que soñamos con un Paraguay diferente al que tenemos hoy.

Nos duele porque se va una persona decente, con una enorme vocación de servicio y que ha tenido una gestión ética y eficiente. Es cierto que nos deja un legado que ojalá sirva de inspiración y ejemplo para mucha gente.

Pero duele profundamente cuando un patriota se va.

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