Hay lecciones esenciales en la vida, que no se aprenden en las aulas. Por el contrario: a veces para aprender o impartir la clase más magistral, hay que salir de las escuelas, colegios y facultades.
Probablemente eso está ocurriendo con las revueltas estudiantiles universitarias y secundarias, que en estos días siguen conmoviendo e interpelando a gran parte de la sociedad paraguaya.
Es compresible el temor de muchos padres de familias, incluyendo a sectores de los mismos estudiantes, de que los paros académicos y administrativos les hagan perder el semestre o todo el año lectivo. Han invertido esfuerzo, dinero y tiempo, y les preocupa que los estén perdiendo y ya no los puedan recuperar.
Pero como lo señalaba en estos días en un posteo en Twitter que resultó polémico y provocó mucha discusión: Perder un semestre o un año de estudios no es tanto sacrificio... cuando a cambio se puede ganar un mejor país.
Con sus respectivas movilizaciones, tanto los chicos y chicas de la universidad, como los de la secundaria, nos están mostrando a los más adultos cómo se pueden empezar a forzar los cambios que siempre hemos ansiado, y a los que antes no nos hemos animado, al menos con la fuerza y la unidad suficiente como ellos y ellas lo están haciendo.
Por ejemplo, el caso de los secundarios. Fue tan contundente su movilización, que obligaron a que el propio presidente de la República, Horacio Cartes, los invitara a reunirse con él y parte de su Gabinete, en el Palacio de Gobierno.
Parecía una inteligente acción de márketing desde el poder. Recibirlos, escucharlos, tomarse una linda foto para la prensa y luego despedirlos con lindas promesas, que no necesariamente había que cumplir. Era el populista método de siempre. Pero no, estos chicos y chicas exigieron puntos concretos, pidieron la firma de un acuerdo de compromiso, pusieron un plazo y al no obtener respuestas fueron al paro y volvieron a la calle, desnudando la hipocresía oficial.
Por ejemplo, el caso de los universitarios, a los que muchos acusan de intransigentes. Sin renunciar a las cuestiones esenciales de su lucha, accedieron a que se elija un nuevo rector de la UNA para que los funcionarios puedan cobrar sus salarios, pero obligan a la nueva autoridad a firmar una carta de compromiso, asegurando los mecanismos para la reforma estatutaria y para una participación democrática de los estudiantes en todo el proceso.
Algo nuevo está naciendo en la universidad, en los colegios, y por contagio, en la misma sociedad.
Hoy son los jóvenes quienes nos enseñan a los mayores. Ojalá aprendamos.