03 may. 2026

CUANDO LO ESENCIAL SE TORNA INVISIBLE A LOS OJOS

Crónicas para Burkina Faso

Domingo|17|AGOSTO|2008

Cuando venía para acá me advirtieron que agosto es uno de los dos meses más fríos del año. Y hasta hoy la temperatura se mantiene en un promedio de 23 grados. Tengo dos gruesos abrigos pudriéndose en la maleta. Sé que nunca voy a usarlos.

El invierno paraguayo es rosa. Toda la ciudad está teñida de lapachos, un árbol al que las definiciones grises del invierno austral le tienen sin cuidado.

Llevo un mes en el hotel y ya todos sus empleados me conocen, para bien y para mal. No hay uno que me haya negado un favor, aunque el pedido sobrepasara largamente sus obligaciones laborales; así como tampoco hubo quien se privara de hacer algún comentario sobre mi vida privada, aunque nada supiera de ella.

Los paraguayos son así. Sé que mis opciones sexuales, las razones por las que abandoné Burkina Faso e incluso las dimensiones de mis partes privadas fueron motivo de debate en repetidas ocasiones. Reo ausente, tuve férreas defensoras y feroces fiscales. Por la amabilidad con que me tratan, deduzco que las sentencias fueron siempre favorables.

En este país, la información privada es casi irrelevante. Lo que no saben, lo deducen o lo inventan. No hay que molestarse por eso. Al contrario, es casi una demostración de cariño. Si no hablan de usted, es porque no les resulta digno de un chisme. Y eso -créame- es ofensivo.

NATURA. Ayer desayuné temprano. La cocinera, que sabe de mi debilidad por las frutas tropicales, me preparó una jarra de jugo bien espeso. Algo debe tener la tierra en este país que hace los sabores más intensos. Una curiosidad: una jarra de jugo natural le cuesta en Asunción lo que un vaso de refresco. Y, sin embargo, la mayoría de los asuncenos opta por el refresco.

Subí al auto y tomé la avenida principal de Asunción, la que lleva el nombre de un mariscal fallido. Para un país de incómoda estrechez vial, es una avenida relativamente ancha. Y, sin embargo, en ella se produce un fenómeno sorprendente: los árboles que sobreviven en medio del asfalto se tocan en el cielo abovedando la avenida, convirtiendo tramos enteros en un túnel verde, un entretejido sobrenatural de ramas de lapacho, chivatos y cables de alta tensión. Los funcionarios de la empresa de electricidad, así como los de la telefónica, se encargan cada cierto tiempo (de acuerdo con algún calendario anárquico e inescrutable) de masacrar los árboles con la excusa de evitar accidentes. A las pocas semanas, los muñones reverdecen y reconstruyen nuevamente el túnel.

Es una relación sadomasoquista en la que la naturaleza, vejada religiosamente, retribuye la violencia con exuberancia.

Bajé la ventanilla del auto para aspirar el aire limpio de la mañana. Un sol amable calentaba sin quemar. Esquivé un par de hoyos en el asfalto. Me explicaron que son producto de las corrientes internas de agua que riegan el subsuelo asunceno. Este país está montado sobre la mayor reserva de agua dulce del planeta. Usted, amigo lector, se estará preguntando lo mismo: ¿Qué habrán hecho los paraguayos para tener tanto?

CONTRACULTURA. El tránsito se detuvo repentinamente, frenado por un camión granelero, de esos que por ley no pueden acercarse al centro de la ciudad. Conviene recordar que para los paraguayos la ley es un elemento insustancial, maleable y ambiguo, de difícil interpretación.

El chofer discutía con un oficial de Tránsito, primero con pasión, luego como si fueran dos viejos amigos; finalmente, se dieron un apretón de manos, el funcionario se metió algo al bolsillo y ordenó retomar la marcha. Confieso que tampoco quedé muy sorprendido. El ritual no es ajeno a las costumbres burkinesas.

El camión perdió unos granos al partir. Los reconocí enseguida. Con apenas 406 mil kilómetros cuadrados de territorio, Paraguay es el cuarto productor de soja en el mundo.

LA FIESTA. Finalmente, llegué a la zona del Congreso. Estacioné varias cuadras antes del moderno edificio insertado sin gracia ni estética en el corazón político de la ciudad.

Me acerqué caminando. Nunca vi tanta gente de fiesta. Personas de todas las edades, en su mayoría jóvenes -en este país, siete de cada diez habitantes tienen menos de 35 años-, agitaban banderas y carteles, gritaban estribillos y consignas. Había partidarios de la izquierda, afiliados de un partido de derecha, integrantes de organizaciones no gubernamentales, indígenas y señoras VIP.

El protagonista principal llegó en camisa y sandalias. Hizo un discurso sencillo y emotivo, sin mucho aspaviento. Se calzó la banda, levantó el cetro de mando y sonrió para la foto. Y eso fue todo. Después, fue a Palacio a recibir el saludo de sus nuevos colegas.

Según me explicaron, el hombre acababa de cerrar 61 años de poder hegemónico del Partido Colorado. Un partido vinculado estrechamente con las Fuerzas Armadas, el aparato público y el poder económico.

Era un momento único cargado de los más aterradores presagios: golpe de Estado, enfrentamientos callejeros... Nada pasó. No hubo un solo lamento.

Un público feliz regresó a su casa a prepararse para el asado del domingo, un ritual gastronómico del que participaré con devoción esta mañana.

Volví al hotel. Miranda, el hombre que me alquila un pedazo de calle para estacionar el auto, estaba sentado en la vereda sorbiendo con fruición un tubo de metal enterrado en un vaso de cuerno de vaca.

-¡Qué día fantástico, Miranda!

-Una mierda, don Sangoulé.

Le miré sorprendido, luego con bronca. A veces creo que Dios le dio todo el pan a gente a la que más bien habría que bajarle los dientes.

Más contenido de esta sección
La caída del dólar en Paraguay, que esta semana cerró por debajo de los 6.000 guaraníes por primera vez desde hace siete años, no logró impactar en los precios para los consumidores, aunque sí se ve reflejada en una reducción de los ingresos fiscales, según revelaron expertos en el tema.
En el barrio Bernardino Caballero de Asunción se vivió una emotiva mañana llena de fe con el Kurusu Ára (Día de la Cruz), que se celebra este domingo 3 de mayo.
Un ensayo realizado con 108 adultos reveló que una inyección semanal de semaglutida -fármaco usado para tratar la diabetes tipo 2 y la obesidad- redujo el número de días de consumo excesivo de alcohol.
La Fiscalía imputó a un abogado sospechoso de disparar a su vecino que sufre adicción a estupefacientes. El hecho ocurrió en Presidente Franco, Departamento de Alto Paraná.
Una cámara de circuito cerrado captó el momento cuando un agente de la Policía Nacional estaba supuestamente armando un porrito y fumando presunta marihuana. El uniformado fue separado del cargo y se le abrió un sumario.
Dos jóvenes habrían asaltado a un conductor de plataforma, lo hirieron con un cuchillo, le robaron el vehículo y luego fueron capturados por la Policía Nacional, tras un seguimiento con rastreo satelital de GPS en Ciudad del Este, Departamento de Alto Paraná.