Opinión

Crisis

Raúl Ramírez Bogado - @Raulramirezpy

Las situaciones extremas sacan lo mejor y lo peor de nosotros. Esto se nota ahora, durante la cuarentena, en especial en las redes sociales. Salen a relucir los patriotas, que apoyan la tarea y buscan el bien colectivo. También están los que no pueden sobrellevar esta crisis sanitaria, y están en contra de todo y todos. De ahí, que los lleven a la máxima expresión, y es evidente que la salud mental está en juego.

Es difícil escribir estas líneas en una situación así. Los derechos colectivos priman ahora sobre los individuales. Y así debe ser, pero también hay que respetar ese pacto social que hicimos todos nosotros en 1992, y aun los que nacieron después. Nuestra Carta Magna es nuestra guía, y ahora es donde más la necesitamos. Con sus luces y sombras, es mucho mejor que todas las anteriores.

Es que con la emergencia sanitaria se habla de prohibir la entrada a los paraguayos que regresan del exterior, violando así el artículo 41 de nuestra Constitución. “Todo paraguayo tiene derecho a residir en su patria. Los habitantes pueden transitar libremente por el territorio nacional, cambiar de domicilio o de residencia, ausentarse de la República o volver a ella y, de acuerdo con la ley, incorporar sus bienes al país o sacarlos de él. Las migraciones serán reglamentadas por la ley, con observancia de estos derechos”.

Así como todo paraguayo tiene derecho a la protección de su salud, estos compatriotas que por a o b motivo hayan salido del país, tienen todo el derecho a regresar. Me dirán que están infectados, un argumento hasta discriminatorio. Si el Gobierno los deja en cuarentena, en lugares adecuados, tienen todo el derecho de regresar a su tierra como cualquier otro ciudadano de este país. Y también los extranjeros que hicieron de esta su patria, donde viven, trabajan y tienen sus familias.

Esa sicosis colectiva reinante en algunas personas, y en ciertas autoridades que aprovechan para sacar réditos políticos, como dije, saca lo peor de nosotros. Y así sale nuestro chauvinismo, nuestro racismo, nuestra intolerancia en su máxima expresión, lo discriminativos que somos. Así como nos conocen como un pueblo hospitalario, que recibe al extranjero de la mejor forma, como lo demostramos en noviembre pasado en la final de la Copa Sudamericana, ahora somos todo lo contrario.

La libre expresión, la libertad de prensa, de la expresión de la personalidad, de la intimidad, son violados también. Hace poco, porque un compañero publicó un artículo de opinión y uno que no estuvo de acuerdo (que tiene muchos seguidores) encendió la mecha para que incluso se publicará su fotografía en las redes para su escrache. Hasta dijeron que era la cara del coronavirus. Increíble.

Otros por ejemplo, con cualquier fallecido sea por la causa que fuere, ya lo atribuyen al maldito Covid-19, y escrachan a la familia, la discriminan, publican mentiras en las redes. Es más, quieren saber quiénes son, no para ayudarlos, sino todo lo contrario. Creo que si podrían, les clavarían la letra escarlata en sus frentes, o como Hitler en sus tiempos, con la estrella de David y la palabra judío, para diferenciarlos.

Pese a las añoranzas de la dictadura en este tiempo de crisis, sigo creyendo que la democracia es la mejor forma de gobierno. Leí en un artículo que, por esta crisis sanitaria, y la forma de los gobiernos democráticos, su respuesta es aún condicionada por los demás poderes, lo que no pasa en los regímenes totalitarios como China por ejemplo. Pero confío en que esto pasará, y debemos seguir creyendo.

Hasta ahora, el Gobierno está bien encaminado. Y ojalá que le vaya bien al presidente, porque si a él le va bien, a todos nosotros también. Es el momento de que aflore el patriotismo, de que respetemos las leyes, las medidas dispuestas por el Gobierno. Llegó el momento de unirnos, para salir de esta situación. Será superada. Costará bastante, pero no olvidemos que cuando más oscura está la noche es porque está más cerca el amanecer.

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