22 abr. 2026

Controles y jerarquías

La alianza público-privada no ha tenido la discusión que merecía un tema que excede en mucho una cuestión financiera o una razón económica. En verdad debería haber sido la oportunidad para presentar de forma descarnada el país que tenemos y cómo podríamos mejorarlo. La razón de conceder amplios poderes del Estado al presidente es más una consecuencia de la debilidad y desconfianza ciudadanas que proyectan hoy los legisladores ante la opinión pública. En verdad, no tenían cara para rechazar el proyecto del Ejecutivo, por eso ni se animaron a discutirlo aunque sus tímidos defensores mostraban un rostro de perplejidad cuando les preguntaban detalles en torno a su implementación.

Es un gran reto también para un Ejecutivo con una larga tradición de incompetencia, corrupción y venalidad. Por ejemplo, ¡desde el momento que se concede un crédito hasta que se ejecuta pueden pasar fácilmente tres años y mientras tanto se pagan intereses por el dinero no utilizado! En varias carteras el nivel de ejecución presupuestaria apenas rebasa la mitad de lo concedido y en otras reparticiones, como el IPS, de nada le sirven los 500 millones de dólares en los bancos si continúa siendo incapaz de gestionar la salud y la jubilación de sus aportantes.

En el Paraguay el problema no es la plata sino la gestión. El no hacerlo, posponerlo o no controlarlo hacen parte del gran problema nacional. Con el equipo lleno de parientes y de amigos que tenemos, ¿cómo podríamos hacer frente al grupo de abogados, economistas y financistas del sector privado con quienes vamos a negociar los contratos de obras públicas? El equipo público paraguayo se parece al Pinozá, humilde equipo de Tercera de fútbol frente a bien afilados contendientes comparables a los jugadores del AC Milan o Barcelona. El gran trabajo del Estado será desarrollar un equipo con capacidad de negociación, seguimiento y control que además deba ser patriota y bien pagado. Sin estos elementos ya sabemos el resultado que se viene.

La razón por la que nada se tramitó con la ley de concesiones aprobada en el Congreso hace más de una década era porque el inversor sabía que tenía que pagar el peaje a 125 “príncipes” y sus cortesanos que pedirían algo a cambio de sus votos. Ahora la cosa puede ser más ejecutiva, pero insisto sin órgano de control eficiente, la corrupción está a la vuelta de la esquina y los legisladores dirán que el único culpable es el presidente. Organizar el Estado es la gran tarea pendiente con este tipo de acuerdos. Los norteamericanos no controlaron los bancos y se les desplomó el capitalismo en el 2008. Harvard, con un gran complejo de culpa porque varios de sus graduados estuvieron en el lado de los “malos”, decidió alentar el retorno de sus alumnos al sector público con la devolución completa de la abultada matrícula que pagaron a la Universidad si firmaban por el sector público por 5 años. México privatizó en la década de los noventa del siglo pasado más de 900 empresas públicas por las que recibió 24 mil millones de dólares, pero su falta de control sobre los bancos acabó con una “pequeña crisis” financiera” que le costó 105 mil millones de dólares. Aprendieron ambos que el trato con el sector privado implica una afilada capacidad de control.

Paraguay tiene varias alianzas públicos-privadas. El peaje de Tape Porã o Clyfsa en Villarrica entre las formales y entre las informales el extraordinario entramado de intereses entre empresas y gobiernos y, la multiplicación de los panes entre familiares y amigos.

Es cuestión de organizarnos mejor y controlar más eficientemente nomás para que esto funcione.