14 jul 2026

Con la muerte de la viuda de Tito desaparece el último icono de Yugoslavia

El último gran icono de la antigua Yugoslavia, la que fuera esposa del líder comunista Josip Broz “Tito” (1892-1980), Jovanka Broz, murió este domingo en Belgrado a los 89 años después de pasar de una vida de fastos a una enigmática reclusión.

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Con una amplia sonrisa y un moño bien recogido, vestida de diseño y luciendo valiosas joyas, la imagen de Jovanka siempre estaba unida a la de su marido. | Foto: trojka.rs

EFE

Broz falleció después de llevar desde agosto en cuidados intensivos por complicaciones de salud y es posible que sea enterrada cerca de la tumba de su esposo en Belgrado, en la “Casa de las Flores”, un invernadero edificado para Tito en 1975.

Nacida en 1924 como Jovanka Budisavljevic, empezó su militancia comunista con 17 años de edad, y desde el inicio de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) se unió a los partisanos y fue varias veces condecorada.

La joven y bella comunista conoció a Tito en 1944, cuando los nazis intentaron asesinarlo en un atentado en Drvar (Bosnia), y pocos años después ya se había ganado la confianza del carismático líder partisano hasta entrar su círculo íntimo.

Se casaron en 1952 en secreto, en presencia de los camaradas más próximos, ella a los 28 años de edad, y él a los 60, y los ciudadanos yugoslavos solo supieron del matrimonio un año más tarde.

Era el tercer matrimonio de Tito, y el único en que no tuvo hijos, pues de los dos anteriores tuvo dos varones.

La vida de Jovanka Broz parecía idílica, entre viajes y recepciones con las personalidades más importantes de la época, desde políticos y monarcas, como la reina Isabel II de Inglaterra, que visitó Belgrado en 1972, hasta con los actores y artistas más conocidos.

Con una amplia sonrisa y un moño bien recogido, vestida de diseño y luciendo valiosas joyas, la imagen de Jovanka siempre estaba unida a la de su marido.

La actriz Sofía Loren y su esposo Carlo Ponti visitaron a Tito y Jovanka en 1974 en la bella isla adriática de Brioni, donde el presidente yugoslavo tenía su residencia preferida de verano, y de acuerdo con los medios de entonces la estrella italiana preparó la cena para los cuatro.

Entre sus invitados estuvieron también Elizabeth Taylor y Richard Burton, quien en 1973 encarnó el papel de Tito en “La quinta ofensiva”, una película sobre una de las batallas más duras libradas en suelo yugoslavo durante la Segunda Guerra Mundial.

Pero el idilio entre Jovanka y Tito se acabó a mediados de la década de los setenta y su relación con el presidente vitalicio yugoslavo se convertió en un tema de conjeturas a media voz a falta de informaciones sobre su misteriosa desaparición de todos los actos oficiales.

La última vez que fueron vistos juntos en público fue en una recepción en 1977.

Aunque vivieron separados varios años antes de la muerte de Tito, en 1980, el líder yugoslavo nunca habló mal de su esposa y nunca se divorciaron.

Ella apareció en los funerales de Tito en el lugar que le correspondía por el protocolo como esposa, pero poco después fue expulsada de la residencia y desde entonces vivió aislada, sin que nunca hubiera una explicación oficial a esa situación.

Sus últimos años los pasó en una casa en mal estado, cercana a la antigua residencia de Tito en el barrio aristocrático belgradense de Dedinje, y tenía escasa relación con sus pocos parientes y amigos.

Apenas se la veía en un lugar público, aunque todos los años acudía a la tumba de su marido por el aniversario de su fallecimiento.

Algunos cronistas aseguran que fue apartada de Tito para que no se metiera en política, pero su aislamiento no cesó siquiera tras la desintegración de Yugoslavia.

Otros autores, como Pero Simic en su libro “Tito: el secreto del siglo”, señalan que para los colaboradores más próximos del líder comunista, su mujer era “un obstáculo para ejercer una mayor influencia sobre el envejecido presidente”.

La propia Jovanka Broz eludía a la prensa, y sólo ha dado pocas y breves entrevistas a los medios nacionales, como en 2009 al diario serbio “Politika”, donde declaró que la “expulsaron como una maleta” de la residencia del líder comunista.

“En camisón de noche, sin nada, sin derecho a llevarme alguna foto nuestra, alguna carta, algún libro o algo de ropa, y contra mi voluntad me metieron en esa casa, según dijeron, de forma temporal, pero donde vivo desde hace casi tres décadas”, declaró entonces.

Tito murió después de 35 años al frente de la República Socialista Federativa de Yugoslavia (entonces formada por Eslovenia, Croacia, Bosnia, Serbia, Montenegro y Macedonia), el país más próspero del Este, favorito de Occidente y líder de los No Alineados.

A finales de la década de los 80, casi todo lo que poseía Tito fue nacionalizado y a la viuda se la despojó también de la mayoría de los presentes que recibió como primera dama.

También existían problemas sobre su pensión ya que nunca cotizó y Tito jamás recibió un sueldo oficial del Estado.

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