Correo Semanal

Cómo se vivió el Centenario de la Independencia Nacional

 A 210 años de la gesta de la Independencia, este artículo narra las circunstancias en que se conmemoró el primer centenario, en momentos difíciles de la vida política.

Claudio Velázquez Llano

Promotor Cultural, especialista en Historia Militar Contemporánea.

La Guerra Civil de 1904, que significó la caída de la Asociación Nacional Republicana y el ascenso del Partido Liberal, no representó el fin de las pujas por el poder. Los líderes políticos continuaron con sus enfrentamientos en los siguientes años; hasta la explosión de otra contienda fratricida, en este caso, justo en el año del Centenario de la Independencia Nacional.

En enero de 1911 asumió la Presidencia de la República el polémico varón meteórico, el coronel Albino Jara. Este militar había ganado espacios de poder como ministro de Guerra y Marina (hoy Ministerio de Defensa Nacional), pero sus intenciones no quedaron ahí y realizó un golpe de Estado al mandatario Manuel Gondra. La reunión del Congreso del 16 de enero de 1911 empezó a las 10:00 y duró hasta las 15:00. Además de la elección de Jara como presidente provisorio, se estableció de manera clara que el mismo ocuparía el cargo hasta el 15 de agosto de 1911, debiendo convocar antes de esta fecha nuevas elecciones.

A tan solo un mes de haber ascendido, un conato insurgente se levantó en Concepción y en Misiones. El levantamiento estaba dirigido, entre otros, por Adolfo Riquelme, un célebre político liberal de la línea de Manuel Gondra. Jara debía ser derrocado. Por aspectos vinculados a recursos armamentísticos y mejor logística, el Gobierno aplastó la insurgencia, pero un hecho marcó para siempre a Jara: La muerte sumaria de Riquelme una vez preso. Asesinato totalmente innecesario que, desde luego, generó un fuerte impacto en la sociedad paraguaya. Durante los días siguientes, el temor a cualquier revuelta fue una constante e incluso llevó a Jara a pretender suspender los festejos patrios del centenario y cambiar la fecha.

Pese a esto, la ciudadanía estaba ansiosa por festejar la Independencia. El sábado 31 de diciembre de 1910, estudiantes universitarios llevaron adelante una manifestación recorriendo las calles de la denominada Plaza San Roque y otras arterias principales de Asunción. En esta marcha se recordó a varias figuras de la historia nacional. Nadie imaginaba la descabellada postergación que sufriría la fecha pocos meses después.

Otro acontecimiento importante en aquel enero de 1911 fue el monumento erigido a la memoria del general José Eduvigis Díaz en Pirayú, a través de una comisión denominada Comisión Central Promonumento General Díaz-Pirayú. Este tipo de iniciativas, que se enmarcaba en la revalorización de los veteranos de la Guerra de la Triple Alianza, buscaba darles mayor brillo a los festejos por el Centenario.

La modificación de la fecha

En un acto inesperado, el Gobierno estableció que el verdadero Centenario de la Independencia Nacional se debía conmemorar el 12 de octubre de 1913, en lugar del 14 y 15 de mayo de 1911. De esta manera se rompía una tradición que llevaba décadas, especialmente desde el Consulado de 1842. El principal defensor gubernista de esta posición fue el ministro de Justicia y Culto, el intelectual colorado Manuel Domínguez, quien sostuvo que el 12 de octubre de 1813 el Congreso sancionó un Reglamento de Gobierno, realizando solemnemente su Declaración de Independencia. Según Domínguez, recién en ese momento nació la República independiente y por esa razón correspondía festejar en esa fecha el centenario. Sin embargo, todos estos argumentos solo querían ocultar el deteriorado de las finanzas públicas por las luchas internas y el temor de que estos festejos fueran aprovechados para más levantamientos.

Pese a la modificación realizada por decreto, el entusiasmo de la ciudadanía por recordar ese año el centenario no mermó. El pueblo estaba convencido de llevar a cabo los festejos y lo hizo. Apenas entrado el mes de mayo, los anuncios de marchas y manifestaciones populares por los cien años de vida independiente y homenaje a las distintas personalidades patrias se hicieron en varias ciudades.

Finalmente, ante tanto entusiasmo popular, el Gobierno no tuvo otra opción que callar y dar su aprobación tácita. El medio gubernista “El Monitor”, hacía alusión a “los festejos por la revolución de mayo”, sin dar mucho hincapié a la cuestión del centenario. Incluso el Palacio de Gobierno abrió sus puertas para la realización de un baile oficial en la conmemoración de las fechas. Albino Jara curiosamente declaró una “Semana de Fiesta” desde el 14 de mayo. Edificios, casas particulares y calles enteras se llenaron de banderas; el centro histórico estuvo repleto de gente que asistía para marcar presencia y disfrutar de la alegría y el bullicio, no faltaron la música y los bailes populares. Se llevaron a cabo espectáculos de procesión de antorchas nunca antes visto en Asunción, además de juegos de diversos tipos.

Las pretensiones de un gobierno dictatorial, establecido a base de cuartelazos, no pudieron callar el jolgorio de la ciudadanía entera. Jara sería depuesto en julio de ese mismo año, la Guerra Civil del centenario recobró impulso y terminó recién en mayo de 1912, con la muerte del mismo Albino. Los festejos oficiales llevados por el Gobierno finalmente se darán recién en 1914, durante el gobierno de Eduardo Schaerer.




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