BOGOTÁ
El Gobierno de Abelardo de la Espriella reconoce que Colombia comienza una etapa de reconstrucción que será “dura” y costosa, mientras miles de familias siguen sin vivienda, decenas de miles de niños permanecen sin clases y las labores de rescate no terminan, tras los terremotos que sacudieron el país el lunes 3 de agosto.
El presidente aseguró que la reconstrucción “va a exigir recursos” y será “dura”, pero dijo confiar en la capacidad de los colombianos para superar la tragedia.
Estimó en 30 billones de pesos (unos 9.500 millones de dólares) el costo de la reconstrucción, anunció subsidios de vivienda y alivios económicos para los damnificados, para lo cual declaró la emergencia económica.
San José del Palmar, el municipio del Chocó epicentro del terremoto de magnitud 7,4 del pasado 10 de agosto, y las zonas del Valle del Cauca, Risaralda y Caldas afrontan ahora una emergencia que se extiende mucho más allá del rescate: viviendas inhabitables, escuelas cerradas, familias que buscan recuperar sus pertenencias y comunidades que necesitan asistencia para comenzar de nuevo.
De la Espriella advirtió de que las cifras todavía están en consolidación y que, “por respeto a las víctimas y a sus familias”, su Gobierno “solo comunicará datos debidamente consolidados”. El balance preliminar es de 289 muertos, 4.187 heridos y 143 desaparecidos.
Por su parte, el Instituto de Medicina Legal informó que ha recibido 304 cuerpos de víctimas del terremoto y ha identificado 300, incluidos 22 menores de edad. De Cali proceden 139 de los cuerpos identificados y de Pereira otros 107.
Sin Clases. Más de 3.200 escuelas han sufrido daños y decenas de miles de estudiantes permanecen temporalmente sin clases.
La propuesta de trasladar las clases a internet resulta imposible para muchas comunidades rurales por la falta de señal y de dispositivos electrónicos. En Pereira, más de 58.000 estudiantes permanecen temporalmente desescolarizados después de que las autoridades consideraran críticas las condiciones de los 165 colegios de la ciudad.
Por otro lado, a lo largo de las carreteras del centro y oeste del país circulan cientos de vehículos particulares y camiones con letreros de “Ayuda humanitaria” cargados de alimentos, agua, ropa, medicamentos, cobijas, colchones y artículos de higiene.