Una de las características de la cultura popular es que no conoce fronteras. Al ser la fuente colectiva de la que todos pueden beber, sin restricción alguna, se detiene sobre todo en los que con sensibilidad artística son capaces de recrear lo que está en la vivencia de las personas.
El cielito o cielo es un estilo de danza y poesía que tuvo su máximo esplendor en torno a la independencia de la Argentina, en 1810. Sus raíces primigenias anclan en Inglaterra. En su vertiente poética, su cultor de mayor alcurnia es el uruguayo Bartolomé Hidalgo. Los cielitos de mayor belleza y vigor le pertenecen.
Tras cruzar todo el siglo XIX, en las primeras décadas del XX, aparecen rastros de la presencia de ese género en el Paraguay. Emiliano R. Fernández, cuya antena estaba siempre alerta para captar cuanto formara parte del cauce de las expresiones populares, tomó su forma y la empleó a sus propios fines. Si originariamente el cielo, en el Río de la Plata, estaba más vinculado a los temas patrióticos y al amor, él lo utilizó para denostar a sus colegas poetas que, inescrupulosamente, plagiaban sus obras o utilizaban sus mismos recursos y estilo para concretar una poesía.
En una época en la que el derecho de autor en el Paraguay era desconocido, institucionalmente, cada quien tenía que defender sus propias creaciones del acecho de las apropiaciones indebidas, los “calcadores” y los que hábilmente disfrazaban sus letras con un ropaje prestado. Emiliano, sobre todo después de la disputa que tuvo con Samuel Aguayo por Noches del Paraguay, era muy sensible al tema del plagio.
Copioso de producción como era y desprolijo en el cuidado de los frutos de su inspiración, era el blanco predilecto de los que no respetaban lo ajeno. Dueño de una envidiable memoria, sin embargo, identificaba inmediatamente lo suyo que aparecía firmado por otros. Y era implacable y despiadado para atacar a los que se habían apoderado de su pertenencia legítima.
Recuérdese que, en 1934, estando en pleno frente de batalla en la Guerra del Chaco, defendiendo a su amigo el poeta Rafael Ríos, Emiliano le escribía a un tal Gustavo A. Chávez su furibundo "¡Nemba’e’yke eheja!” (Deja lo que no es tuyo). Allí le acusa de haber convertido Desesperación (de Ríos) en Mi alma en pena. Y aprovecha la ocasión para lanzar una ponzoña contra el que llama “yaguayo”.
Aquella actitud de indignación no era gratuita en él, porque conocía los rigores del asedio de los que se apropiaban, más o menos veladamente, de lo que él había escrito. En Cielito, datado en 1930 (1), recurre a la forma poética tradicional rioplatense para atacar y advertir a los que llama “poetillos”.
No solo arremete contra los plagiadores, sino también contra los malos poetas. Es evidente que para él constituye lo mismo el ladrón de versos que el asesino de estrofas.
Si bien la dureza de sus apreciaciones se contrapone a la ternura que lleva la reiteración del “cielito, cielito, cielo” o el molde preestablecido “allá va cielo y más cielo” con el agregado inmediato que hace al jazmín, la resedá, el pacholí, el clavel pytâ y la flor del arasa, es patente que su objetivo es plantarse ante los agresores de su obra y de sus colegas poetas.
El texto carece de música.
(1) R. Fernández, Emiliano. Antología poética II, selección a cargo de Rudi Torga. Asunción, El Lector, 1998. Pág. 11.
Emiliano R. Fernández utiliza un género rioplatense para atacar a los plagiadores y a los malos poetas.
Memoria viva
Mario Rubén Álvarez
Poeta y periodista
alva@uhora.com.py
Cielito
Cielito, cielito, cielo, cielito che reseda,
pehendumíke ha’éva, tañatôi che mbaraka,
allá va cielo más cielo, cielito de pacholí
poetillo oike ramóva aipóa kóva ohendumi.
Allá va cielo más cielo, cielito clavel pytâ
de modaite hína pomboja ha tova atâ,
allá va cielo más cielo, cielito de amambái,
verso ajeno oplagiáva ho’uha teju ruguái.
Allá va cielo más cielo, cielito jazmín poty,
umi verso oasesináva tekotevê jajuvy,
allá va cielo más cielo, cielito de taropé
verso ha pombero na’entéroipe osê.
Allá va cielo más cielo, cielito de arasa
umi ombohovaietéva manicomio-pe ohoha,
allá va cielo más cielo, cielito del araso
verso ahénore ofirmáva, péva výro rapo.
Allá va cielo y más cielo, cielito del kavirâi
hetáko verso ojapóva ha ndaipýi ni naiñakâi,
allá va cielo más cielo, cielito del mbarigui
pehendumíke plagiadores cháke jakare kachi.
Texto: Emiliano R. Fernández