09 feb. 2026

Carta al papa Francisco

Estela Ruiz Díaz En TW: @Estelaruizdiaz

Me atrevo a escribirle estas líneas porque veo que los obispos del Paraguay se encontrarán con Ud. en eso que se llama visita ad limina apostolorum (en el umbral de los apóstoles), un encuentro que se realiza cada cinco años para dar cuenta de la fe católica en sus diócesis. No sé si entre Uds. hablarán sin pelos en la lengua, porque aquí, últimamente, los comunicados de la Conferencia Episcopal son un verdadero culto a la diplomacia, con exagerado posicionamiento en el centro gramatical y la realidad nacional. Como es el Papa más terrenal de los últimos tiempos y por los mensajes que dio aquí durante su visita, o en sus manifestaciones diarias en el Twitter, sabemos que Ud., Santo Padre, va directo al grano, fiel a sus raíces sudamericanas, aunque yo le agregaría que es porque es jesuita.

No sé qué edulcorada historia le contarán los obispos, pero en un acto de sacrilegio me atrevo a decirle que en nuestro país las cosas no están tan bien como parecen. Basta con plantear un tema incómodo para que esa fachada democrática se derrumbe y asomen los inquisidores para coartar la más mínima expresión de diversidad. Recuerdo su frase cuando nos visitó: “La diversidad no solo es buena, es necesaria. La uniformidad nos anula y nos hace autómatas. La riqueza de la vida está en la diversidad”.

Papa Francisco, no se deje embarullar por los exagerados cuentos de la ideología de género. Es un tema para debatir, pero no es el problema más grave del Paraguay.

Aquí, “la mujer paraguaya, la más gloriosa de América”, vive en un estado de violencia permanente. En Paraguay, una mujer muere cada 8 días por feminicidio. Acá, de cada 100 nacidos, 20 son de madres adolescentes, y eso, papa Francisco, es resultado de un estado de pobreza e ignorancia. Se estima que nacen dos niños de madres de entre 10 y 14 años y esto no es otra cosa que violación. Estas niñas madres están condenadas a vivir en la pobreza, porque su condición de madres las obliga a abandonar la escuela.

Esta es la verdadera ideología violenta de género.

¿Y la educación? Santo Padre, hay más de 50.000 niños fuera del sistema educativo y 150.000 estudiantes que potencialmente pueden dejar sus estudios por las condiciones de pobreza que predisponen el abandono de las escuelas. Pero aquí y ahora, en renovados tiempos de Torquemada, un sector pretende convencernos que la ideología de género es más importante que esa lacerante realidad. La pobreza, la corrupción, la persecución, la intolerancia, el feminicidio. Esa es la problemática que el Estado debe resolver y que la Iglesia Católica debe picanear desde su púlpito. Y mal que les pese, debe hacerse con perspectiva de género, porque aquí la violencia, la pobreza y la marginalidad tienen rostro de mujer.

Los obispos, en vez de presionar bajo el amparo de la cruz, deberían propugnar el diálogo y la tolerancia y no sumar divisiones en la sociedad. Ud. lo dijo en su visita: “No tenemos que temer el conflicto e ignorar. Si no asumimos el conflicto, no podemos dialogar mucho”.

DEMOCRACIA. Hace días, una encuesta de Latinobarómetro ubicó al Paraguay entre los países que menos valoran la democracia. No cree en sus instituciones. Con justa razón. Siempre se gobernó para beneficio propio o para los poderosos. Eso me remite a la Universidad Católica. En esta casa de estudios, cuya dirigencia es la CEP, se reproducen los males del sistema. Hace poco unos estudiantes hicieron una toma para defender a un decano crítico y respetado (cosa rara porque siempre es para echar a un profesor) y como respuesta institucional, otro decano encabezó una turba violenta de estudiantes para desalojar a los revoltosos. Luego, el Rectorado convocó a una consulta popular a estudiantes y docentes para elegir a nuevos decanos, y los obispos, en contraposición a los resultados, premiaron al profesor matón y a una que tuvo menos votos entre los candidatos. Quizá en su elección haya pesado su propuesta de “podar” la universidad de personas con “relativismo moral”.

Es llamativo también, papa Francisco, que la Iglesia Católica no demuestre su total desaprobación al estado calamitoso de Justicia en el Paraguay. Lo hace en comunicados edulcorados, pero donde debe protestar con más fuerza es en el Consejo de la Magistratura, porque allí su representante ratifica con su voto las fechorías políticas del organismo.

Vemos, Santo Padre, que tendrá su cuarta reunión con el presidente Horacio Cartes, cuyo viaje coincide casualmente con la visita ad limina de los obispos, y que el jueves, en el jardín del Vaticano, habrá un acto de descubrimiento de la placa de la Virgen de Caacupé. Será una hermosa foto eclesial, pero también muy oportuna para la campaña electoral.

Me atreví a escribirle estas líneas porque desde su asunción, el mundo lo ve como el Papa reformista, con una mirada más humanista y con crítica ácida a la jerarquía católica, a quienes pidió tener “olor a rebaño”.

Así que cuando le empiecen a dar su informe los obispos y el presidente, que repite mucho que sus acciones y su candidato presidencial son decisiones divinas, y Ud. encuentra muchas diferencias con respecto a sus propios datos, a sus enseñanzas, a la verdadera misión de la Iglesia, puede repetir aquella frase que pronunció en el encuentro con la sociedad civil en el estadio León Coundou y que tuvo tanta repercusión: “Yo les confieso que me da un poquito de alergia, o para no decirlo así en términos tan finos, un poquillo de moquillo, el escuchar discursos grandilocuentes con todas estas palabras, y cuando uno conoce a la persona que habla, y dice: ¡Qué mentiroso que sos!”.