El cardenal expresó la importancia de invocar la intercesión de María para obtener paz en un mundo afligido, haciendo hincapié en las diversas facetas de la humanidad que sufren, desde familias solas hasta aquellos que padecen hambre y enfermedades.
Por eso, en el marco de la Jornada Mundial de la Paz, Martínez hizo un llamado a la reconciliación y el perdón. Instó además a nutrir la fe y la esperanza en Dios.
Recordó –como lo dijo ayer el Papa durante una misa– que todos somos marianos porque somos hijos e hijas de María, siendo la Madre la primera y perfecta discípula de Jesús, la primera y perfecta creyente, modelo de la Iglesia en camino, ella es el modelo de la Iglesia en camino, de la Iglesia creyente, de la Iglesia en oración.
‘‘(El Papa) Decía que somos todos marianos, porque somos hijos e hijas de María, eso significa ser marianos. Y esta dulce Madre nos obtenga la bendición del Señor para toda la familia’’.
También reflexionó sobre la relación inseparable entre Cristo y la Iglesia, destacando que está la Madre que custodia a Jesús y lo ofrece con alegría y generosidad.
‘‘Y sigue el papa Francisco diciendo que Cristo y la Iglesia son igualmente inseparables, no se pueden separar. Porque la Iglesia y María están unidas, o sea, no se puede, como decir, yo tengo fe en Jesús, pero con la Iglesia... En cierto modo, uno quiere privatizar su fe. La fe no se privatiza. Si fuera así, con los apóstoles, cada uno iría por su cuenta’’, refirió.
Según el arzobispo, sin la Iglesia, Jesucristo queda reducido a una idea, a una cosa linda, interesante, una moral, un sentimiento. Tampoco en la comunidad eclesial, no se puede entender la salvación realizada por Jesús, sin considerar la maternidad de la Iglesia, la Iglesia es madre.
Asimismo, se recordó la responsabilidad de los creyentes de vivir las enseñanzas de Jesús para hacer que la Iglesia sea más creíble y relevante, es decir, cuando los hombres y mujeres realmente viven lo que Jesús ha prometido, donde los hermanos están reunidos.
Por eso –insistió el cardenal–, por no vivir como Jesús nos enseñó, pedimos la paz, la reconciliación, el perdón y que María Santísima nos nutra con la fe y la esperanza puestas en Dios, el Señor de nuestras vidas y de nuestra historia.
‘‘Que ella, Madre de Dios y Madre Nuestra, nos conduzca hacia amaneceres mejores, mañanas de paz y concordia en esta reunión, en nuestra reunión y en el mundo, el renuevo del tiempo que nos ha nacido y que este nuevo año germine en nosotros otro bendito de grandes realizaciones y santidad en la vida de la querida familia de Dios, de nuestras familias y del país. Feliz Año Nuevo, 2024, felicidades’’, concluyó el metropolitano.