“Más que discursos, el pesebre pide coherencia”, dijo el cardenal Adalberto Martínez Flores, arzobispo de Asunción, a políticos y gobernantes que se sientan tocados en su corazón en esta fiesta de Navidad. “No negocies tu conciencia”, exhortó, al desear además que el pesebre sea “un verdadero punto de encuentro” y que “nadie se quede afuera”.
El primado de la Iglesia Católica paraguaya expresó en entrevista con Última Hora su deseo de que el pesebre sea en esta Navidad un espacio de oración, reconciliación y apertura, recordando que la fe debe traducirse en “integridad, sobriedad, transparencia y sentido del servicio”, y que la corrupción “roba pan, futuro y dignidad, sobre todo a los pobres”.
Esto al ser consultado sobre lo que dejó un 2025 bajo el lema de la Iglesia Peregrinos de esperanza y su preocupación constante por las “periferias existenciales” y los “descartados”, términos reiterados en su prédica a lo largo del año.
En ese contexto, Martínez destacó que la Navidad recuerda que “Dios no se quedó al margen de la historia humana” y que Jesús “eligió la humildad de un pesebre”, un misterio que nos introduce en una dimensión profundamente religiosa, pero también profundamente humana porque ‘‘habla de nuestra existencia concreta, de nuestras familias, de nuestras generaciones, de nuestra patria y de nuestros dolores’’
Al hablar de periferias, precisó que se trata de “rostros y nombres”: Pueblos indígenas, campesinos, familias de cinturones urbanos de pobreza, personas sin vivienda, salud o educación, trabajadores con empleos indignos y migrantes, para quienes pidió que “nadie se sienta olvidado” en especial en estas fiestas.
En esta celebración del nacimiento de Jesús, el cardenal recordó a los católicos que “Dios se acerca y se queda. No viene a condenar, sino a levantar; no viene a humillar, sino a devolver dignidad”, y la Iglesia quiere “estar donde está el dolor, escuchar el clamor del pueblo y sostener la esperanza con gestos concretos”.
Dirigiéndose especialmente a quienes ejercen el poder, insistió en que “gobernar, a la luz del Evangelio, es servir al bien común” y no buscar privilegios, ya que “la grandeza se mide por la capacidad de hacerse servidor de todos”, sostuvo, llamando a cuidar, unir y construir confianza.
Si el Niño Jesús tocara el corazón de un político católico frente al pesebre y este le preguntara cómo vivir su fe sin caer en la corrupción, el cardenal le respondería con urgencia: ‘‘No negocies tu conciencia, no te acostumbres a lo incorrecto, no te anestesies ante el sufrimiento ajeno”.
“Que tu fe se traduzca en integridad, sobriedad, transparencia y sentido del servicio. La corrupción no es solo un delito: es una herida social que roba pan, futuro y dignidad, sobre todo a los pobres’’.
Asimismo, insistió en que “amar a Dios exige amar al hermano; y servir al hermano, especialmente al más frágil, es una forma concreta de adorar a Dios”.
Recordó que este no es un tiempo de celebración, sino “una oportunidad para reconocer a quienes sufren en silencio”, y alentó a todos los ciudadanos a comprometerse con la justicia social, la solidaridad y la construcción de un país más humano y fraterno.
“El pesebre nos invita a abrir los ojos, los oídos y el corazón ante el dolor del prójimo”, enfatizó.
Deseó que en cada hogar, capilla y comunidad, el Niño Jesús nos devuelva la capacidad de asombrarnos ante lo esencial. Y también que nadie se quede fuera: que el pesebre nos empuje a abrir las puertas a los pobres, a los migrantes, a los enfermos, a quienes viven solos, a quienes sienten que ya no tienen fuerzas.
‘‘Cuando las manos no pueden, confiamos en que las rodillas dobladas sí podrán. Que aprendamos a orar de nuevo, a suplicar de corazón, y a pedir el don de la paz para nuestras familias y para el mundo’’.
De cara al 2026, recibimos con esperanza el llamado del papa León XIV a una paz desarmada y desarmante.
Que se desarmen los corazones, que se desarme el lenguaje del odio, que se desarmen las violencias cotidianas, y que crezca una cultura del encuentro.
Adalberto Martínez, arzobispo.