En la misa central del domingo en la Catedral Metropolitana de Asunción, el cardenal Adalberto Martínez enfocó su homilía en los migrantes y refugiados, pero no solo en los extranjeros, sino también en aquellos compatriotas que migran de barrio en barrio en busca de mejores condiciones de vida para sus familias.
“No basta con expresar preocupación por los migrantes y las familias que viven en condiciones precarias; necesitamos compromisos que se conviertan en acciones”, recomendó desde el atrio.
Precisamente, atendiendo también a que estamos a días de las elecciones municipales, hizo una fuerte exhortación a los que se candidatan para ocupar cargos municipales próximamente. Les refirió que las familias necesitan compromisos realistas, autoridades responsables y obras concretas que mejoren sus condiciones de vida.
“Las promesas no llenan la olla, no construyen viviendas ni llevan agua potable a nuestros barrios”, sentenció.
Refirió, además, que es importante que las municipalidades de Asunción y de los distritos que conforman el Gran Asunción atiendan, especialmente a los territorios sociales, donde numerosas familias buscan establecer sus hogares y construir una vida digna.
“Estos territorios necesitan una planificación adecuada que permita desarrollar barrios con calles transitables, espacios públicos, escuelas, centros de salud y servicios básicos”, sostuvo.
Añadió que en los distintos municipios del Paraguay existen carpetas acumuladas con solicitudes de regularización y titulación de terrenos que requieren seguimiento y respuestas. Y que aquí puede comenzar una gran tarea para nuestros intendentes y concejales.
Enfatizó en que es necesario agilizar los procedimientos legales y mejorar la coordinación entre las municipalidades y las instituciones nacionales competentes, para que las familias puedan acceder a sus títulos de propiedad sin esperas innecesarias. “Detrás de cada carpeta hay una familia que espera una respuesta y anhela vivir con dignidad”.
Martínez pidió “que nuestros municipios, las gobernaciones y el Gobierno central asuman sus responsabilidades, cada uno dentro de sus competencias, trabajando de manera coordinada por el bien común. La dignidad de la persona humana debe estar por encima de los intereses personales o partidarios. Que nuestras ciudades sean verdaderos hogares para todos, donde ninguna familia quede abandonada”.
Migrantes y refugiados. Sobre los migrantes extranjeros pidió a la población no cerrarles las puertas.
“Muchos sufren la separación de sus familias, la explotación, el abandono y la incertidumbre sobre su futuro. Algunos han perdido a sus padres; otros emprenden largos y peligrosos viajes buscando un lugar seguro donde vivir. El Santo Padre nos recuerda la importancia de proteger a estos pequeños, prevenir la trata y la explotación, favorecer la reunificación familiar y ofrecerles oportunidades de educación e integración. La acogida no puede limitarse a un gesto ocasional, sino que debe formar parte de la vida de nuestras comunidades”.
Señaló que esta realidad también nos toca muy de cerca en Paraguay donde la exclusión es padecida por muchos compatriotas en su tierra.
“Pensemos en tantos hermanos y hermanas de nuestras comunidades indígenas y campesinas que, junto con sus familias, algunas sostenidas solamente por una madre o un padre, dejan el campo y sus comunidades para trasladarse a Asunción, al Gran Asunción y a otras ciudades importantes del país, buscando trabajo, educación, atención médica y mejores condiciones de vida”.
“Las promesas no llenan la olla, no construyen viviendas ni llevan agua potable a nuestros barrios”. Adalberto Martínez, arzobispo de Asunción.