Editorial

Cambio climático, sequía y soja: Un problema a largo plazo

El cambio climático está teniendo efectos devastadores en la economía; una de las consecuencias de este fenómeno es la sequía. Esta semana representantes de los gremios que aglutinan a productores sojeros presentaron un estudio sobre las pérdidas que están enfrentando en la presente zafra y solicitaron el apoyo estatal. El Gobierno respondió positivamente con una serie de medidas que beneficiarán al sector, cuyos costos no se conocen. Es importante que los organismos estatales informen y transparenten, con el propósito de cuantificar el impacto económico público y privado que tendrá el problema.

El cambio climático afectará a las próximas décadas y las políticas públicas deben considerar con seriedad este problema para dimensionar las consecuencias económicas y financieras a largo plazo. Los costos no son asumidos exclusivamente por el sector privado, razón por la cual el mercado no será útil para crear el incentivo a producir o no producir determinados bienes que será afectados de manera estructural por el calentamiento global.

Así como están las proyecciones y teniendo en cuenta el rol que ha tenido el Estado en el apoyo al sector sojero, es de prever que parte de los costos de las sequías serán asumidos también por el sector público, por lo que afectará a toda la ciudadanía. A esto se suma que la producción agropecuaria intensiva contribuye al calentamiento, generando costos con externalidades negativas para todo.

Los estudios realizados por el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades) sobre los impactos económicos del cambio climático en al menos cinco departamentos del país, todos productores de soja, presentan evidencia científica rigurosa que indican la manera y los costos en que las sequías, las olas de calor, el aumento de la temperatura, las heladas y las precipitaciones tendrán para el país.

Este fenómeno no es nuevo; los estudios revelan que los efectos del cambio climático empezaron más de una década atrás. Los datos indican una tendencia al empeoramiento, por lo que los Estados deben considerar estas proyecciones, ya que los costos no son solo privados, sino también públicos, en la medida en que se implementen medidas de contención.

De hecho, el Gobierno paraguayo anunció una serie de medidas en el mismo sentido que en años anteriores, por lo que es de prever que este apoyo continuará en el futuro. Más allá de las pérdidas en las cosechas y en la cadena productiva que incluye el sector transporte o en el sector agroindustrial de la oleaginosa, existen costos económicos y de oportunidad en el sector público, como en cualquier otra política.

Una vez que se implementan medidas desde el sector público, como el refinanciamiento, la reestructuración o renovación de créditos, la postergación del pago de impuestos o cualquier otra acción paliativa, existen costos que son asumidos por el Estado y, por lo tanto, por toda la población.

Adicionalmente hay que considerar los efectos macroeconómicos en las reservas y las divisas dado el volumen que representan las exportaciones de la soja. A nivel micro se verán afectados los costos internos de insumos para la producción de otros bienes, como los derivados de la carne, por el alza en los precios de los balanceados que contienen soja.

Ante esta situación no solo es importante mirar el futuro desde los riesgos y los costos que impone el cambio climático, sino fundamentalmente los mecanismos que garanticen una mayor resiliencia y menor vulnerabilidad a los menores costos posibles.

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