Los paraguayos que volvieron de Chile porque eran explotados sufrieron una segunda expulsión en aquel país que no les pudo otorgar condiciones laborales dignas. Lo grave de la historia es que la primera fue de su país, el Paraguay, donde no encontraron un puesto de trabajo que les permitiera ganar el pan de cada día y quedarse. Antes que alentar con su silencio a los que quieren su reelección, el presidente Fernando Lugo debería dedicarse a resolver, entre otros graves problemas, la desocupación que afecta a gente, como la que va en busca de esperanza y regresa con más decepciones.
Junio 2, 2011 09:00 p. m.