Para no ceder a la tentación de la delincuencia y porque tuvieron el coraje de aventurarse a lo desconocido, un grupo de compatriotas había partido a Chile para trabajar. En aquel país, sin embargo, fueron tratados poco menos que como animales por unos empresarios sin escrúpulo alguno, que tienen como norma solo el lucro. Para el efecto tuvieron la complicidad de compatriotas tan o más despreciables que los primeros.
Trabajando 12 horas al día, comiendo apenas, durmiendo en condiciones infrahumanas y cobrando un sueldo muy inferior al que se les había prometido como carnada para convencerlos, más de 50 personas se encontraron con una realidad que les obligó a retornar con las manos vacías.
Para que esta situación no quede impune, es necesario que las fiscalías de Chile y Paraguay no solamente acompañen a los repatriados en su vuelta, sino que lleven a cabo investigaciones a fondo para castigar a los culpables de la situación que afectó a quienes solo traen de regreso más frustraciones. Y también para evitar que se repitan.
Este drama humano con alcance internacional no hace sino ratificar la pobreza del Paraguay y la necesidad de que sus líderes empotrados en los tres poderes del Estado -Ejecutivo, Legislativo y Judicial- se ocupen con mayor fuerza de la tragedia del desempleo.
De nada vale decir que se amparan los derechos humanos, cuando se está violando todos los días uno que es fundamental: el de contar con un trabajo digno que permita el autosustento y el de los familiares. La expulsión de compatriotas por motivos económicos es un acto de violencia que sobrepasa los límites de lo tolerable.
Este Gobierno prometió atender a los jóvenes, incluyendo la creación de puestos laborales. La Mesa Nacional para la Generación de Empleo Juvenil entregó al Ministerio de Justicia y Trabajo los delineamientos de la política a seguir. Esto, sin embargo, sigue en el nivel de las intenciones sin bajar a lo concreto.
Lo que los jóvenes necesitan con urgencia es capacitación para competir en el mercado laboral. La enseñanza media es un fracaso, entre otros motivos, porque es incapaz de insertarlos en el mundo del trabajo. Es imposible saber en qué Paraguay puede ser referente del empleo juvenil, puesto que no aparecen las respuestas esperadas.
En este contexto, la reelección es un tema que insulta a los que aguardan medidas concretas, aquí y ahora, para empezar a superar el desempleo, que agrede a los que son empujados a viajar a otros países solo para aumentar su decepción y descontento porque su país es incapaz de mantenerlos en su territorio.