Para meditar hoy sobre la unidad que existe entre el Sacrificio de la Cruz y la Santa Misa, fijemos nuestra atención en la oblación interior que Cristo hace de sí mismo, con una total entrega y sumisión amorosa a su Padre. La Santa Misa y el Sacrificio de la Cruz son el mismo y único sacrificio, aunque estén separados en el tiempo; se vuelve a hacer presente, no las circunstancias dolorosas y cruentas del calvario, sino la total sumisión amorosa de Nuestro Señor a la voluntad del Padre. Ese ofrecimiento interno de sí mismo es idéntico en el calvario y en la misa: es la oblación de Cristo. Es el mismo sacerdote, la misma víctima, la misma oblación y sumisión a la voluntad de Dios Padre; cambia la manifestación externa de esta misma entrega: en el calvario, a través de la Pasión y Muerte de Jesús; en la misa, por la separación sacramental, no cruenta, del cuerpo y de la sangre de Cristo mediante la transustanciación del pan y del vino.
Marzo 9, 2016 10:00 p. m.