28 ago 2026

Amanece, que no es poco

Por César González Páez – aporcesar@gmail.com

Por César González Páez   – cesarpaez@uhora.com.py

Por César González Páez – cesarpaez@uhora.com.py

Y sí, otro día más para un propietario digno de la rutina, un poco de cocido, pan tostado, el hogar huele bien, pero esta mañana vino a visitarnos el aroma de Cateura. Allá lejos parece que algo va a explotar, no se sabe si es olor a gas o el fétido olor de aquella curtiembre o de los establecimientos avícolas que baldean los gallineros y luego arrojan el agua a los agonizantes arroyos... Un despertar asunceno, sin duda.

Ya en la calle pasa un colectivo exhalando un humo negro que nos martiriza el cuello de la camisa, pasa un auto cuatro por cuatro conducido por uno que no tiene bien atornillada su cabeza. Ni oídos sanos, porque se escucha desde tres cuadras el sonido de su equipo. Cachaca amiga, viernes de soltero o un lunes laboral le da lo mismo. Luego, si te he visto no me acuerdo.

La mañana se envilece con los ruidos de la calle, la Municipalidad no pone orden en el tránsito, los autos desvencijados y los nuevos llenan la ciudad de hollín.

Claro –diría una señora que no se baja de su elegante auto– para qué está el teléfono y tiene razón porque no conoce los barrios periféricos donde hay románticos peajeros interesados no solo en sacarte el botín, sino en quedarse con tu vida, que a ellos no les sirve para nada. En todo caso, la pagan con treinta años de cárcel o en una de esas la pagan con cambio chico y salen en una semana. ¿Razones?: Porque los jueces se olvidaron, porque vencieron los plazos, porque las cárceles están abarrotadas... Es que ser pobre es lo más barato y siempre hay una coima donde aterrizar. Y cómo no vas a tener un teléfono o un celular, eso sí, procurando que no te roben.

Y no le digo nada si uno anda sin trabajo, o en ese trabajo misionero de encontrar empleo, otra realidad asuncena. Me dedico entonces a leer los diarios, pero no como antes, sino comenzando por los avisos clasificados en la sección empleos. Escribo cartas emotivas diciendo que soy bueno en todo y sintiéndome igual de inseguro en todo. Me atienden eficientes secretarias, empresarios indiferentes que miran mi currículum como si fuera papel higiénico. A otra cosa, pienso y cambio de rubro, me da lo mismo ser pintor, mozo de bar, guardia de un shopping o un mercachifle de globos en los parques. Necesito la seguridad que da el trabajo y parto, sin dolor, a otro día para estar sentado en la sala de espera donde esperamos tanto los desocupados. Atentos a esas cosas que al final están en la agenda de muchos que esperan algo sólido del futuro.

Miro la ciudad de Asunción con sus problemas eternos, y su belleza, que la tiene porque al final uno no deja de quererla.

Todo atrae y sorprende, como ver por ejemplo la foto de alguien que quiere atornillarse otra vez como intendente. Silencio explícito, para entender cosas como estas, pero al fin de cuentas me cae bien porque él también es alguien que busca trabajo...