El trabajo es un don de Dios, un gran bien para el hombre, aunque lleve consigo “el signo de un bien arduum, según la terminología de Santo Tomás (...). Y es no sólo un bien útil o para disfrutar, sino un bien digno, es decir, que corresponde a la dignidad del hombre, un bien que expresa esta dignidad y la aumenta”. Una vida sin trabajo se corrompe, y en el trabajo el hombre “se hace más hombre”, más digno y más noble, si lo lleva a cabo como Dios quiere.
Agosto 28, 2013 12:00 a. m.