28 ago 2026

Casamiento gay y la negación de la realidad

En perspectiva

Semanas atrás, Argentina aprobó el matrimonio homosexual. Con ello, la comunidad gay quiere afirmar, convencer y autoconvencerse -a pesar de las evidencias naturales, tan innegables como imborrables- que una pareja conformada por dos personas del mismo sexo es idéntica a una heterosexual, tan igual, que hasta pueden usar el mismo término: matrimonio, que como todos sabemos, su origen etimológico hace referencia a la expresión “matri-monium”, es decir, el derecho que adquiere la mujer que lo contrae para poder ser madre dentro de un marco legal. O sea, un término que no se compadece de la realidad objetiva que vivencian estas parejas, ante la falta de complementariedad física.

Aquí no se trata -y siempre vale recalcar esto- de estar en contra de las personas homosexuales o discriminarlas, sino de buscar atenernos a la evidencia, a la realidad impuesta por la naturaleza; somos seres sexuados, y eso hay que reconocerlo y aceptarlo, por más de que no nos guste o vaya contra nuestra ideología.

Tampoco se pretende impedir que estas parejas tengan la protección legal que requieren como ciudadanos o que convivan libremente.

Pero lo que no es justo es darle la categoría de “matrimonio” a una realidad que no lo es. Como bien lo subrayaron especialistas del vecino país, cuando el derecho coloca el requisito que sean hombre y mujer los que tengan acceso al matrimonio, no está siendo caprichoso; es el requisito natural, y no calificar para ingresar en una institución no constituye una discriminación.

Por ello se habla de una violación del principio de igualdad, puesto que esta ley pretende tratar de idéntica manera a situaciones que evidentemente no lo son entre sí; e igualar situaciones diferentes es algo injusto.

Aquí se iguala una institución natural con una que se genera por contrato privado, y eso no corresponde.

Por otro lado, la posibilidad de adopción pisotea el derecho básico del niño de ser educado por una madre y un padre, y el de éstos prima por sobre cualquier otro tipo de derecho.

Alberto Riva Posse, especialista en Salud Mental de la Universidad Favaloro, recordó que es necesario entender que la diferencia sexual no es una cuestión arbitraria de la ley, sino que en ella se posa nada menos que la estructuración psíquica de las personas, la aceptación del padre, la separación de la madre y, en consecuencia, la posibilidad de entender a otro, y acotó: "... actoralmente, yo puedo hacer de Napoleón y de madre, pero una cosa es hacer de madre y otra serlo..”

La mentalidad actual, marcada por la sobrevaloración de lo que se piensa antes de lo que la evidencia muestra, avanza envuelta en un manojo de confusión y eufemismos. Por ello, la urgencia es la de educarnos en aceptar la realidad tal como se nos presenta, más allá de nuestras construcciones teóricas. Más que nunca necesitamos reconocer aquellas evidencias en las que se basan el derecho natural y la dignidad humana, volver a llamar al pan, pan y al vino, vino.