Opinión

Brasil: Grandes desafíos

En un mes asume un nuevo gobierno en Brasil con Jair Bolsonaro como presidente. Genera grandes expectativas en la población que lo eligió como resultado del voto castigo a los políticos tradicionales a quienes la gente responsabiliza con toda razón de la peor recesión económica de la historia del país, del elevado desempleo, de la inseguridad ciudadana y de la corrupción generalizada.

César Barreto OtazúPor César Barreto Otazú

Sin embargo, el nuevo gobierno enfrenta enormes desafíos de política económica para restablecer la sostenibilidad de las finanzas públicas, mejorar la competitividad e incrementar la inversión privada y así consolidar un crecimiento económico sostenido con reducción del desempleo a mediano y largo plazos. El dilema es que las medidas necesarias tendrán impactos colaterales recesivos sobre la actividad económica en el corto plazo que pondrán a prueba al Gobierno y a la sostenibilidad de sus políticas.

La economía brasileña viene recuperándose de dos años de profunda recesión entre el 2015 y 2016. Según las proyecciones del FMI, el crecimiento del PIB estaría en 1,8% y 2,5% en el 2018 y 2019 respectivamente basado en una reactivación del consumo y la inversión privada gracias a la política monetaria expansiva que está siendo implementada por el Banco Central del Brasil en los últimos años.

Sin embargo, este crecimiento económico no es sostenible si no corrigen el elevado déficit fiscal que está incrementando la deuda pública de manera vertiginosa.

Según las proyecciones de los economistas del FMI, incluso respetando el tope de gasto público fijado constitucionalmente, la deuda pública alcanzaría el 95% del PIB en el 2022, un nivel insostenible, por lo cual es imposible y los inversionistas empezarán a exigir primas por riesgo cada vez más altas precipitando una crisis fiscal, fuga de capitales, masiva depreciación del real, caídas en la inversión y otra profunda recesión económica, que puede ocurrir en cualquier momento en función a eventos que modifiquen las expectativas de los inversionistas.

Para evitar este desenlace, el gobierno de Bolsonaro debe continuar con la política de consolidación fiscal iniciada por el gobierno saliente. Con un equipo y un programa económico creíbles, es posible seguir con una estrategia de ajuste gradual minimizando sus efectos recesivos a través del mantenimiento de la actual política monetaria expansiva y sostener un crecimiento económico moderado de alrededor del 2,0-2,5% en los próximos 5 años.

A modo de ilustración, algunas de las medidas sugeridas por el FMI en su informe de revisión del Artículo IV son las siguientes: a) estabilizar el gasto en jubilaciones sobre PIB a través de una profunda reforma del régimen de jubilaciones que incluya incrementar la edad de jubilación, eliminar la relación entre la jubilación y el salario mínimo, eliminar los privilegios en las jubilaciones de los funcionarios públicos, etc.; b) reducir el gasto salarial en un 1% del PIB a través de un congelamiento salarial y de nómina, la eliminación de los incrementos automáticos por antigüedad, etc.; c) reducir las exenciones impositivas que actualmente representan un costo fiscal del 4% del PIB; d) simplificar el sistema tributario con la introducción del IVA.

Cada una de estas medidas generará una elevada conflictividad social y requiere de una visión y convicción política claras para su sostenibilidad.

Las señales del presidente electo son alentadoras. Ha nominado un equipo económico creíble y el futuro ministro de Economía ha indicado como prioridades la reforma previsional, la privatización de algunas empresas públicas, el fortalecimiento de la independencia del Banco Central, una reforma tributaria, mayor participación del sector privado en la inversión en infraestructura a través de PPP’s y una mayor apertura de la economía. Estas medidas apuntan en la dirección correcta y están inyectando optimismo en los agentes económicos.

En los próximos meses veremos si el gradualismo tiene éxito en el Brasil. Para nuestro país es fundamental una economía brasileña estable, abierta, predecible y con un crecimiento sostenido, por la complementariedad y la creciente integración que tenemos en las distintas cadenas productivas.

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