Opinión

Boicot a la democracia

El Consejo de la Magistratura (CM) sumó un nuevo escándalo a su ya desacreditada gestión como gran elector de jueces. La maniobra que pretende evitar la conformación de las dos ternas para ministros del Tribunal Superior de Justicia Electoral levantó el velo y dejó ver los oscuros intereses de grupos políticos y jurídicos con un alto desprecio a la institucionalidad.

Estela Ruíz Díaz Por Estela Ruíz Díaz

El viernes, el CM se reunió para integrar las dos ternas de candidatos para completar las vacancias en la Justicia Electoral, en virtud de la jubilación de Alberto Ramírez Zambonini (PLRA) y María Elena Wapenka (tercer espacio). Es decir, seis candidatos debían alcanzar al menos 70 de los 100 puntos para integrar la terna. Ese viernes se realizó la evaluación integral, la puntuación más subjetiva de todo el proceso de selección y ese espacio fue utilizado para la artimaña política, ya que cualquier argumentación legitima las decisiones.

El TSJE tiene 3 ministros y la ANR está representada por Jaime Bestard, quien reina en solitario.

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Coincidentemente, los consejeros César Ruffinelli (representante de la UC por las universidades privadas), Raúl Torres Kirmser (representante de la UNA) y Jorge Bogarín (representante de los abogados) concedieron “casualmente” bajos puntajes a María Verónica Franco y Cristhian Rivas. Para zanjar el problema, los consejeros Pedro Santa Cruz (senador) y Eugenio Jiménez Rolón (ministro de Corte) pidieron a Torres K. que reconsidere su nota a Franco Gennaro, a quien los tres habían dado la máxima nota en anteriores exámenes, pero fueron “severos” en la evaluación integral de modo que no llegue a los 70 puntos mínimos (logró 69,875). Pero el ex ministro jubilado de la Corte se negó rotundamente.

Este escenario generó un altercado y en medio de acusaciones de alto contenido político se decidió un cuarto intermedio hasta mañana. Jiménez Rolón calificó como una maniobra premeditada y alevosa; Santa Cruz como un golpe institucional y Óscar Paciello deslizó sospechas.

Esta anómala situación deja en el limbo a cinco candidatos cualificados para integrar las ternas: Emilio Camacho, Jorge Bogarín González, Édgar Urbieta, César Rossel y Myriam Cristaldo.

LAS RAZONES. Los mismos consejeros ya tuvieron actitudes llamativas con candidatos liberales llanistas afines al cartismo, como Juan Bartolomé Ramírez y Carlos María Aquino, quienes finalmente no llegaron a las finales porque partidos de oposición denunciaron irregularidades y le pusieron freno al CM.

Por tradición democrática, el TSJE, un órgano técnico altamente político, está integrado equitativamente por las tres fuerzas más importantes en el Congreso: colorados, liberales y tercer espacio o independientes. De esta manera, se da garantía al proceso electoral, y si bien es un organismo con denuncias de corrupción y despilfarros, ha logrado credibilidad en cuanto al manejo de las elecciones cuyos resultados son respetados por los contendientes. Esto se debe justamente a su configuración pluralista.

¿Cuál es el miedo? Que esta maniobra apunte a suspender la elección de ministros y la ANR tenga hegemonía con el único miembro que para cada caso deberá completar la cúpula con camaristas, que en su mayoría responden al partido de gobierno. De concretarse esta maniobra, existe un alto riesgo para la Concertación opositora, cuya arquitectura jurídica y uso del padrón nacional dependen del juicio del TSJE. ¿Qué garantía le puede dar una justicia sin pluralismo, más aún cuando la ANR ya señaló su oposición al uso del padrón nacional para la interna aliancista?

Según el acuerdo político arribado es que el Senado designe a Rossel y Camacho de las dos ternas, pero este escenario movió los cimientos e instaló la incertidumbre. El otro temor es que mañana el CM envíe una sola terna integrada por los dos candidatos firmes: Rossel (PLRA) y Camacho (tercer espacio). De esta manera “matarán” a un candidato. Aquí entra también a jugar fuerte Jorge Bogarín González, que tiene a su favor un fuerte lobby desde el TSJE. Ninguno tiene la certeza en estos momentos.

Si no se logra el acuerdo para rectificar el puntaje de Franco y de esa manera destrabar la crisis, el CM llamará a una nueva convocatoria. Un proceso que llegará a setiembre. En tanto, el TSJE tendrá desequilibrio político que afectará a los intereses de la oposición no colorada que entre junio y agosto debe definir chapas, sistema de elección, etc.

CRISIS POLÍTICA. Lo sucedido en el CM generó alta crispación política que incluso llegó a la cúpula eclesial. El nuevo arzobispo de Asunción, Adalberto Martínez, tomó cartas en el asunto ante la sinuosa actitud de Ruffinelli, que juega más hacia poderosos estudios jurídicos, antes que el interés de las universidades privadas por una Justicia independiente. Esta mañana fue convocada una “vigilia patriótica” frente a la Catedral Metropolitana en protesta contra el consejero de la UC.

Desde la oposición le hicieron saber al presidente de la República que debe definir su postura porque tiene a dos consejeros, Mónica Seifart y al diputado Roberto González, y que habrá una rebelión si se pretende poner en riesgo el proceso electoral. “Marito tiene el hierro caliente de una crisis tras el asesinato del fiscal Pecci y el atentado contra el intendente Acevedo, se metió a la interna colorada perdiendo el apoyo de Cartes y como siempre se hace el ñembotavy, es un irresponsable”, señaló un legislador opositor, quien señaló que el único pedido que tienen es que se respete el pacto no escrito de la equidad en el TSJE que no se ha roto desde 1991.

Las reuniones de alto voltaje se dan desde el viernes a la noche y seguirán hasta mañana. ¿Habrá humo blanco? ¿Ganará la institucionalidad o se impondrá la prepotencia de quienes responden a intereses sectarios pisoteando las mínimas reglas de la convivencia política? Lo cierto es que el Consejo de la Magistratura cada vez pierde más credibilidad por culpa de algunos miembros, pero esta vez la irresponsable actitud de tres de ellos está poniendo en grave peligro el proceso electoral atentando contra la democracia misma.

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