Economía

Bienvenida la catástrofe

 

Durante mi infancia nunca faltaban los relatos de la Guerra del Chaco en las veladas de los adultos a las que yo me colaba como sea, los escuchaba como cuentos llenos de esa gracia que tenemos en nuestro país para contar nuestras desgracias y reírnos de nosotros mismos al mismo tiempo. Cómo sobrevivían a la falta de agua o los actos de coraje que vivían. Crecí sabiendo que el patriotismo y la valentía existen, que los jóvenes del Paraguay se movilizaron a la guerra para defender con sus vidas ese territorio que no conocían, y al que tal vez nunca volverían, pero no lo dudaban porque era su Patria. Que era un honor estar allá. Prácticamente no había familia en el país que no hubiera tenido alguno de sus miembros involucrados en la guerra, muchas de ellas tenían sus héroes vivos o muertos, era algo reciente, estaba vivo.

Siempre supe que fuimos una Nación exitosa porque logramos una gran victoria producto de la planificación, la estrategia inteligente, la organización y una visión compartida de que el Chaco era nuestro y no íbamos a permitirnos perderlo. Boquerón fue el punto de inflexión, a partir de ese 29 de setiembre empezó la victoria de nuestro país.

Hoy estamos abrumados por las evidencias de que ahora somos un país fracasado, incapaz de generar riqueza de manera sostenida y de utilizarla para el bienestar de todos.

En el best-seller Por qué fracasan los países, Acemoglu y Robinson argumentan que el éxito y el fracaso de los países no se deben ni a cuestiones geográficas como recursos y clima ni a cuestiones culturales, sino que dependen del marco institucional. Dos tipos de instituciones definen las capacidades de los países, las “extractivas” destinadas a extraer recursos de la población en beneficio del poder de turno y sus amigos, y las “inclusivas”, que protegen las libertades y la propiedad de los individuos cumpliendo sus fines más allá de banderías políticas o gobiernos de turno.

Ayuda a entender por qué somos un país fracasado. Nuestras instituciones crecen en habilidades extractivas y no en las inclusivas, basta con ver la cantidad de publicaciones que se refieren a ello diariamente.

¿Cómo se puede pasar a tener instituciones inclusivas fuertes? Los países exitosos lo lograron por alguna catástrofe o por el advenimiento de un héroe. Ya probamos los héroes y así nos fue.

Bienvenida entonces la catástrofe de la salud y la educación, de la recesión económica y de la crisis política en nuestro país, son las condiciones para el cambio, que como soldados armados con nuestra voluntad podemos hacer. Todos los días tenemos oportunidades de plegarnos al modelo extractivo, con coimas, pasando la luz roja, recurriendo al amiguismo; o sumarnos al inclusivo, respetando las leyes en lo pequeño, mediano o grande. Así se construyen las instituciones que harán el país exitoso que merecemos ser. Cada acción cuenta.


Nuestras instituciones crecen en habilidades extractivas y no en las inclusivas...

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