"(Brecht tiene) la virtud de los grandes poetas, la de Esquilo, de Shakespeare o Lope de Vega, los grandes poetas descubren las constantes más allá de las variantes”, señaló el director de la compañía, Luis de Tavira, sobre la cercanía en el tiempo de esa obra.
La pieza se centra en cómo se aplica la reforma agraria en un territorio de la extinta Unión Soviética y plantea la pregunta acerca de la propiedad de la tierra a la que el montaje responde con otro interrogante: "¿De quién son los hijos?”, según el dramaturgo.
De Tavira intenta responder esas cuestiones “a través de esta fábula” que viene en “tiempos de devastación de la naturaleza”.
“Ahora habría que preocuparse mucho, resulta cada vez más vigente y eso es preocupante porque es un poeta de los ‘tiempos difíciles’, de la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial, que pensábamos superados y parece que la situación ha empeorado”, explicó el dramaturgo.
Para De Tavira el señalamiento del autor alemán que vivió entre 1898 y 1956 supone también un análisis de lo que sucede y del “sufrimiento de las mayorías que alcanza una vigencia sorprendente” hoy en día.
La obra, que estará hasta el próximo martes en el Teatro Cafam de Bellas Artes, gira sobre la determinación de una criada, salvar al bebé de su ama, la esposa del gobernador que lo ha abandonado para salvar su propia vida.
La versión en castellano ha sido organizada por De Tavira y Eduardo Weiss y abre la participación de México en el FITB como país invitado de honor en un festival en el que también estarán la compañía de Luis Manuel Aguilar, el Ballet Folclórico de Guadalajara, Gorguz Teatro, Línea de Sombra o Teatro de Babel, entre otros.
“El círculo de cal” se organizó originalmente en honor de una comunidad indígena mexicana que se formó para defender un bosque y “dio la vida por defenderla de la voracidad” de los narcotraficantes y taladores.
“La voracidad capitalista no se detiene en la explotación del hombre por el hombre, va a la devastación de la naturaleza, saquear océanos, segar lagos y ríos, contaminar el aire que respiramos, una voracidad suicida de un sistema que no parece escarmentar”, dijo De Tavira preguntado sobre los puntos de unión con la obra original de Brecht.
Sin embargo, para el mexicano la pieza del autor alemán “va al fondo de la situación” y está llena de esperanza y optimismo, ya que la escribió con la Segunda Guerra Mundial terminada y con la posibilidad frente a sus ojos de hacer una utopía.
Por ello, supone “un homenaje a la bondad”, especialmente dentro de la “paradoja e ironía” de que en los momentos “más atroces” aparece la gente más bondadosa, “esa que no es noticia porque son noticia los criminales y no los solidarios que en el silencio dan la vida por el semejante”.
El montaje cuenta especialmente con la sensibilidad teatral de De Tavira, para quien las artes escénicas son “la defensa de lo humano”.
Para él, el teatro “es el arte de la persona” puesto que esa misma palabra procede de las artes escénicas.
Los seres humanos nos concebimos personas gracias al teatro y es una “necesidad urgente”. Hay mucha inquietud y “mucho cuestionamiento, sobre todo en una juventud que está muy harta de los mensajes que recibe a través de los medios y de la conducción social”, agregó el dramaturgo sobre la propia concepción de su labor.
“Un teatro realista capaz de mostrar lo que sucede en la realidad de la sociedad es un buen teatro; un teatro que analiza las causas es todavía mejor, pero hay uno mejor, el que nos muestra lo que sucede, lo analiza y señala los culpables del sufrimiento, sino que muestra que el cambio es posible”, concluyó.