Opinión

Belleza inesperada, belleza desarmada

 Carolina Cuenca

Carolina CuencaPor Carolina Cuenca

Setiembre liquida, oferta, florece (ipoty, como diríamos en guaraní), también se recarga con todo tipo de energizantes y préstamos “rápidos” para estirar la plata y llegar a fin de año como sea, pero también se replantea o debería replantear lo justo, lo verdadero, lo sólido y hasta bello, aquello que es clave para, no solo seguir sobrellevando con cierta dosis de alienación la vida hasta “el fin de semana”, hasta “fin de mes”, hasta “la graduación”, hasta “Navidad”…, sino para aspirar, desear y ensanchar el horizonte de la forma más humana posible.

Sabemos que últimamente las noticias nos hablan de mucha corrupción, violencia y mentiras, pero también existen en el tiempo, en las relaciones e incluso en las pérdidas un pozo de agua pura, cargado de aprendizajes e inesperada belleza, el cual subyace en medio de las distracciones y superficialidades, y que conocido y aprovechado puede ser fuente de genuino conocimiento, experiencia y vitalidad para dar sentido a nuestro a veces duro itinerario personal.

¿Quién nos ayuda hoy a percibir esa belleza oculta como reza la traducción forzada del título de una película (Collateral Beauty) no muy promocionada que protagonizaron Will Smith, Helen Mirren, entre otros? No hago aquí una crítica cinematográfica, sino retomo la idea de este filme, que en un tono un poco de guía de autoayuda trata de descifrar las motivaciones que mueven nuestra existencia en positivo y que, cuando no las vemos claras, se convierten en obstáculos que hasta paralizan y dañan.

Sobre el tema de la belleza se ha dicho de todo, una de sus definiciones más apasionantes desde mi punto de vista es el de ser “resplandor de la verdad”, porque me parece que va más allá de los cánones escapistas, fragmentarios o hasta decadentes que rodean a la etiqueta “belleza” en estos tiempos.

¿Cómo encontrarse con la belleza en un mundo que parece en franca decadencia y en pleno proceso de cambio de época? Es urgente ejercitar más que nunca nuestra libertad, no solo nuestra imaginación, para no perder aire y aprender a respirar sin ahogarnos en los momentos y situaciones difíciles que se nos vienen.

¿Es posible asociar la belleza y la libertad a la vida en pleno siglo XXI donde “la nada” parece adueñarse de la batuta de la orquesta de nuestra historia en franco desatino? ¿La realidad de este tiempo tiene un atractivo suficiente para hacer reflorecer la cultura y la convivencia social superando las presiones sociales, financieras, políticas y colonizadoras ideológicas que amenazan con deconstruirlo todo y hasta sumirnos en el caos?

Yo no digo que intentemos imponer una mirada o poner de moda una estética vacía de contenido, pero sí digo que vale la pena el trabajo de plantearnos este tema, aunque esté fuera de la agenda de quienes tratan de controlar nuestras conciencias y simplemente “entretenernos” o estupidizarnos.

Por lo menos hace falta tantear una hipótesis que dé sentido a la realidad, porque de otro modo es hasta lógico que el desánimo y la violencia proliferen y aumenten. ¿No les parece?

Justamente he recibido la invitación de varios amigos para participar de una ponencia y presentación del libro con el sugestivo título de La belleza desarmada, el lunes 10 en el Hotel Guaraní. El encuentro es abierto, gratuito y tiene el atractivo de la presencia del artista Koki Ruiz y otros expositores de alto nivel, por lo cual aprovecho para reenviar esta invitación a los lectores de esta columna.

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