De acuerdo con la publicación del Banco Mundial titulada “Crecimiento, empleo y reducción de la pobreza: Lecciones aprendidas de Paraguay”, el país no solo consolidó su macroeconomía, sino que logró uno de los avances más rápidos de América Latina. El documento subraya que el éxito paraguayo es fruto de priorizar la productividad y la generación de ingresos.
El texto, firmado por Susana Cordeiro Guerra y Pablo Saavedra, recuerda que el crecimiento del producto interno bruto (PIB) promedia casi un 5% anual, pero resalta que lo más relevante para la reducción de la pobreza fue el “incremento de los ingresos laborales”.
“El progreso de Paraguay se ha centrado en los pilares de la creación de empleo: infraestructura que reduce costos, aumenta la productividad y permite que las personas se conecten con la creciente generación de valor económico; un marco regulatorio que facilita la inversión empresarial y fomenta la creación de empleo y programas que fortalecen las capacidades de los trabajadores”, afirma.
En cuanto a la infraestructura, se subraya que el aprovechamiento de la energía hidroeléctrica de Itaipú y Yacyretá dieron a la industria local una ventaja competitiva en costos. Esto –sumado a la inversión en carreteras y conectividad digital– facilitó la integración de productos paraguayos en cadenas de valor globales.
Destaca también reformas como la ley que automatiza el registro de pequeñas y medianas empresas, así como la modernización del régimen de maquila, lo que redujo el riesgo para el sector privado. “Estas reformas que favorecen los negocios reducen el riesgo, generan certidumbre y facilitan que el sector privado invierta, se expanda y contrate trabajadores”, apuntó.
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Si bien actualmente Paraguay atraviesa presiones fiscales, el Banco Mundial resalta “una gestión fiscal sólida, anclada en la Ley de Responsabilidad Fiscal”, lo que permitió que Paraguay logre sus dos calificaciones de grado de inversión en solo 18 meses y siendo el único país de la región en lograr este hito en la presente década.
“La estabilidad macroeconómica es fundamental: los inversionistas piensan en años, no en meses”, resalta.
Además, hace énfasis positivo en el impacto de programas sociales como Hambre Cero, que hoy alimenta a más de un millón de niños en el sistema público, mejorando la nutrición infantil y dinamizando la economía local al abastecerse de agricultores familiares y pequeños negocios.
A pesar de todos estos logros, el Banco Mundial advierte que la prosperidad no es igualitaria, ya que departamentos como Caaguazú, Caazapá y San Pedro aún presentan tasas de pobreza significativamente superiores al promedio nacional.
“Abordar estas brechas requiere el mismo enfoque: centrarse en la inclusión de las regiones rezagadas en el dinamismo de una productividad en expansión”, insta el organismo internacional.