Correo Semanal

Baboushka en Paraguay

Son muy contadas las memorias escritas por mujeres acerca de la vida rural de Paraguay en las décadas después de la Guerra de la Triple Alianza. Entre ellas, sobresalen las memorias de Constance Kent, Life in Paraguay (Mi vida en Paraguay).

  • Andrew Nickson
  • Profesor de la Universidad de Birmingham, Inglaterra

En 1905 ella acompañó a su marido inglés a Paraguay con planes de abrir una plantación de caucho en Belén. Cuando el proyecto fracasó, se mudaron al Chaco donde él trabajó para una empresa ganadera y luego establecieron su propia estancia en una zona muy remota del entonces. Su libro representa una fuente de información excepcional sobre las condiciones rurales de la época, repleto de agudos comentarios críticos sobre las condiciones de salud y vivienda, la vida silvestre y sus peligros, además de las actitudes de los misionarios británicos hacia los indígenas del Chaco.

La aparición de Baboushka remembers (Los recuerdos de Babouschka), la autobiografía de Sonia Warchawsky Cahen d’Anvers (1876-1975), una aristócrata rusa nacida en San Petersburgo, ofrece otro aporte interesante, desconocido hasta ahora en Paraguay, sobre la vida rural de Paraguay – esta vez de la región oriental. Se trata de una sección en el libro de 109 páginas, A diary of my trip to Paraguay (El diario de mi viaje a Paraguay), realizada entre 23 de marzo a 12 de octubre de 1900 con su marido, Robert Cahen d’Envers (1871-1931), con quien se casó en Paris en junio de 1898, y enviado en forma de cartas a sus padres en Rusia, escritas cada noche a la luz de vela. Su marido era un aristócrata y banquero francés egresado de Eton College, Inglaterra, quien había heredado una enorme propiedad de 502.500 hectáreas en el Departamento de Concepción, establecida en 1893 como producto de la masiva venta de tierras públicas en la época pos-guerra bajo el gobierno de Bernardino Caballero. Después del fracaso de su proyecto de una plantación de café, Cahen d’Envers trabó amistad con dos hermanos austriacos, Carlos Pfannl (1863-1933) y Luis Pfannl (1868-1961). Con ellos, fundó una empresa mixta, la Société Foncière du Paraguay, Carlos como gerente general y Roberto como presidente de la empresa. Según el historiador Luis Campos, la Foncière llegó a ser la empresa ganadera y “más racionalmente explotada” y más grande de la época liberal. Tenía casi 1.800 hectáreas de alambrados, una red de línea telefónica de 240 kilómetros entre sus 20 estancias y tan solo 320 ‘peones’, un promedio de uno por cada 1.570 hectáreas. El relato de su viaje se diferencia mucho del enfoque de Constance Kent, en parte quizás debida a su extracción social, siendo miembro de la aristocracia europea, quien hasta fue acompañada en el viaje por su propia sirvienta belga y valet suizo. Aquí no hay comentario alguna sobre la política local, las enormes desigualdades económicas, la bajísima remuneración de los peones, y el estado calamitoso de educación primaria y salud pública de los trabajadores rurales. Sin embargo, su visión casi ‘turística’ no deja de ser interesante, sobre todo por su curiosa capacidad de aguantar condiciones de comodidad totalmente inferiores a las cuales estaba acostumbrada una persona de la alta clase social europea de la época.

Dejando su primer bebé, Yvonne, de siete meses, en Biarritz a cargo de su madre, cruzan el Atlántico desde el puerto francés de Burdeos a Buenos Aires, un viaje de 24 días. Aquí hacen transbordo al vapor Olympo de la línea Mihanovich para subir hasta Asunción en siete días. Debido a un brote de peste bubónica, tienen que pasar tres días de cuarentena a bordo antes de desembarcar. Quedan cuatro días en Asunción, esperando la llegada del vapor Aurora para llevarles a Concepción. A Sonia le impresionan cuatro cosas durante su breve estadía en la capital - la alta calidad de las tiendas céntricas, la eficiencia de la tranvía tirada por mulas con un conductor que hace una pita de alerta con trompeta en cada esquina, la casi totalidad de mujeres que andan descalzas, y las veredas tan elevadas debido a que las calles se convierten en torrentes cuando llueve.

En el trayecto al norte pasan por Rosario, donde la empresa tiene un ‘invernado’ en el Chaco adonde se llevan las vacas de las estancias para engordarlos antes de su envío a los frigoríficos de Buenos Aires. Al llegar en Concepción de noche, le asusta la total oscuridad - todavía no había llegado el alumbrado público a la ciudad. Se hospedan en la casa de la empresa. Van a una carrera de caballos. En el solo tranvía de mulas recorren el pueblo, que asemeja a una “aldea rusa”.

De Concepción viajan en un carruaje conducido por su marido a la oficina central de la empresa en Villa Sana, a una distancia de 72 kilómetros - un viaje de dos días. Al mismo tiempo, una carreta tirada por bueyes llevaba sus dos personales, sus maletas y comida seca, un viaje de cuatro días mínima si no queda varado en el barro y llega a cruzar el río Aquidabán en Paso Barreto sin problema. Pasando por las picadas, los campos abiertos y pantanos del lejano norte, Sonia hace su casi única observación crítica sobre la tenencia de la tierra: “En esta parte (del país) hay solamente poblados, miserables ranchos, cuyos habitantes tienen unas pocas vacas y cultivan caña de azúcar, maíz y tabaco; es que no poseen tierra propia y ocupan tierra fiscal”. Después de cruzar el río Aquidabán en Paso Barreto, pasan la noche en el rancho de un bolichero, durmiendo afuera en hamaca por primera vez en su vida. En la mañana siguen el viaje, pasando por la estancia Fauna de Albertini, hasta llegar a Villa Sana, el centro de operaciones de la Foncière. Con su ‘Kodak’, saca fotografías “de la belleza del paisaje ondulado y boscoso” alrededor de Villa Sana.

Villa Sana es el centro de operaciones de la empresa, y a la vez la residencia principal de su marido, el director, y de Luis Pfannl, el ‘Inspector’, quien recorre constantemente las varias estancias. Cada estancia tiene un mayordomo (jefe), un comisario (encargado de las cuentas) y un capataz, encargado de los peones. Mientras tanto, Carlos Pfannl, con residencia en Concepción, se ocupa del traslado de las tropas flacas de ganado al Chaco para su engorde y posterior envío al Río de la Plata.

La pareja hace cortos viajes a caballo, siempre con miras a asistir a los rodeos en las varias estancias de la empresa, en los cuales los peones juntan hasta 1.000 cabezas. Demuestra su admiración por la destreza de los ‘domadores’ de caballos y de los peones que agarran las vacas con lazo para la marcación. Pero constantemente expresa su desprecio por la pésima comida preparada por las amas de casa de los varios ranchos donde están obligados a comer en sus recorridos.

Hacen dos viajes largos al norte del Departamento de Concepción. En el primer viaje, pasan la primera noche en la estancia Machuca (ahora Machuca-Cué) de Levy y el día siguiente llegan a la estancia Santa Luisa (nombrado en memoria de la madre de los hermano Pfannl). De ahí pasan a la estancia Toldo Cué y finalmente a una nueva estancia de la empresa, San Lorenzo, cerca de la frontera con Brasil y hoy en día ubicada en el Departamento de Amambay. Remarca que es un lugar muy solitario y aunque cree que se encuentra “en el fin del mundo” dice que es el campo abierto más bello de Paraguay, con poco bosque y mucha agua. Al regresar a Villa Sana después de este viaje de seis días a caballo declara que “nunca me he sentido tan bien en mi vida”. Unos días después llegan siete carretas cargadas de alambre, zinc, y provisiones para los almacenes de cada estancia “donde los peones compran todo que les es necesario”. Una semana después recibe una carta de su madre en Francia que llevó exactamente dos meses en llegar. La pareja realiza un segundo viaje largo de cinco días a caballo hacia el norte de Villa Sana, quedando la primera noche en Sati, y después de cruzar el río Aquidabán en Paso Bravo llegan el día siguiente a la estancia Santa Sofía, nombrado por su marido en honor suyo, donde presencian un rodeo de mil cabezas.

El 2 de septiembre regresan de Villa Sana a Concepción, pasando por el arroyo Pitanguá y el río Aquidabán en Paso Barreto. Nota que “después de pasar cuatro meses en el verdadero campo donde por millas y millas no se ve un ser humano”, en el camino de regreso hay varios ranchitos y boliches que tacha de “miserables chozas”. Van por ‘La Laguna’, una inusual aldea de varias chozas y pasan la noche en el rancho Villa Nova, de un ex conductor de carretas de la empresa.

En una última semana en Concepción visitan ‘la tienda francesa’, a la vez “el mejor hotel”, donde se vende “cualquier producto imaginable - un verdadero Bon Marché”. Almuerzan con “Don Fretes, uno de los ciudadanos más honorables de Concepción, y de verdad un tipo muy decente, bien vestido, con buenos modales e inteligente, con una conversación agradable. Se dice que es único, porque los otros son despreciables”. Reciben la visita de Carlos Quevedo, líder de los liberales de la ciudad quien posee una estancia cerca de Villa Sana. Recorren las afueras - “el Bois de Boulogne de Concepción que es “realmente estupendo”. A las diez de mañana del 9 de septiembre salen de Concepción a bordo de Aurora y llegan en Asunción el día siguiente a las cinco de la madrugada. Entre los pasajeros hay una familia argentina numerosa que posee una estancia, San Raphael, cerca de Santa Luisa. El 12 de setiembre sale de regreso a Buenos Aires a bordo de Olympo, un viaje de cinco días. Entre los pasajeros figura otra familia argentina numerosa, una señora mayor, sus tres hijas y un hijo quien “es el mayor terrateniente en el Chaco” - probablemente una referencia a Carlos Casado. Paran brevemente en San Antonio y Villeta, donde se carga tantas naranjas que cubren toda la cubierta superior. Después de unos días en Buenos Aires, regresan a Burdeos a bordo del vapor Chili, donde se trasladan inmediatamente a Biarritz para encontrarse con su madre, su hermana menor y su hija, Yvonne, quien se casaría eventualmente con un miembro de la potente familia banquera, Rothschild. Aquí termina su “relato de un viaje que siempre recordaré como una época brillante e interesante de mi vida”.

Sonia Cahen d’Anvers no dejó recuerdo en Paraguay. La estancia Santa Sofia, que su marido nombró en su honor, ya no existe más pero Villa Sana, la sede principal de la empresa Foncière del entonces, existe todavía en el lejano norte del Departamento de Concepción. Puerto Foncière, el antiguo lugar de embarcación de ganado de la empresa, existe todavía. Hoy en día es uno de las seis comunidades del flamante distrito de Itacuá que realizó sus primeras elecciones municipales en junio de 2022.

Después de la muerte de su marido en 1931 la empresa pasó a los hermanos Pfannl. Carlos, quien murió dos años más tarde, es recordado como un pionero de la ganadería moderna en Paraguay y el Instituto Agropecuario Salesiano Carlos Pfannl en Coronel Oviedo, fundado en 1954, lleva su nombre como recuerdo. La empresa se cambió de nombre a Comercial e Inmobiliaria Paraguaya-Argentina (Cipasa) y en 1946 aún contaba con 419,760 hectáreas, el quinto latifundio más grande de la región oriental. Posteriormente, Cipasa pasó a manos de la familia de Alberto Antebi, cuyo hijo Roberto es uno de los hombres más ricos de Paraguay pero eso es otra historia.

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En el libro Rugido de Arcángel, la escritora paraguaya Mabel Pedrozo reúne nueve cuentos y una microficción. Dos de los relatos están basados en hechos históricos acontecidos en el Paraguay de los primeros años de la colonia, y en los tiempos de gobierno de don Carlos Antonio López.

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Y agrega que, el arte, en lo posible, debe empujarnos a corregir lo que la naturaleza hizo con defecto. Con esa introspección, apunta, Mabel Pedrozo nos instiga a mirarnos a fondo para ver en qué sitio se mantiene nuestra bestia alejada de lo humano que la contiene. “La naturaleza nos hizo así, bifrontes, amor y odio conviviendo en el mismo envase anatómico. El arte, o Mabel que es su artífice, nos pide que tracemos la línea divisoria para ver dónde está cada cual”.

Las santas muñecas, La punta de la flecha, La quietud perfecta, Síntoma, Cascos, Enfermo terminal, Rugido de Arcángel, Reconocimiento, Transfusión, y Lo que salió del fuego son los títulos que incluye el libro.

Diccionario Nocturno

Mabel Pedrozo, Alejandro Bovino y Amanda Pedrozo.

Servilibro 2022

Texto de fácil lectura, este libro finge ser un diccionario, pero cada entrada, cada término es utilizado por los autores con ironía, reflexión y sátira de las convenciones sociales que todos aceptamos sin la menor crítica de nuestra parte. Así, por ejemplo, Mabel Pedrozo en la entrada “Enamoramiento” dice: “Algo que emociona en alguien. Algo en sus ojos. Algo que no se va cuando se va”.

Hojas más y Alejandro Bovino en “Codicia” nos dice que según el finado Max Weber, la codicia es la mayor virtud del capitalismo. Según el capitalismo, es el pecado venial del empresariado. Según el empresariado, es el reclamo salarial del obrero. Según el obrero, es el pecado capital del capitalismo.

Más tarde, Amanda Pedrozo en “Calentura” escribe: La calentura humana es como la de los perros. Guárdese a la perra y péguese con una toalla mojada a los machos que andan con el adminículo en ristre. O en todo caso, aplíquese hielo y cante a gritos O sole mio, hasta enfriarse del todo o casi, en fin, un estado intermedio que le permita al menos parecer presentable.

Con humor y saludable uso de la ironía, este Diccionario Nocturno ayuda a ver más claro en las sombras de este mundo cada vez más complicado.

“En síntesis, si he recomendado este libro a los dicentes del seminario de la cátedra que dicto hace diez años, es porque deseo facilitar el arte casi imposible del debate en la enseñanza posmoderna”.

Prólogo del profesor Joseph Estradha Brenner-Ziel

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