07 may. 2026

Aventura literaria

Conozca más de la vida y obra Melissa Ballasch, una escritora de Asunción que se adentra a la aventura de las letras con una novela de elementos fantasiosos y medievales titulada “Águilas sobre el viento”.

capturada.jpg

Portada de la novela “Águilas sobre el viento”, de Melisa Ballasch.

Melissa Ballasch nació en Asunción el 20 de mayo de 1985. Comenzó sus primeros textos ni bien aprendió a escribir. En una entrevista con este medio, recuerda que primero miraba shows en televisión y dibujaba lo que veía. Después, como una nota del traductor, escribía referencias al pie de página.

“Entonces así empecé moviendo mi imaginación”, cuenta. “Pero con el tiempo dejé de escribir sobre ese tipo de cosas y empecé a escribir cosas mías propias”, añade. Le gustan mucho las aventuras de ficción, y aprecia la obra de autores como Alejandro Dumas, Honoré de Balzac y K.M Weiland.

Algún día le gustaría poder vivir de la literatura. A los 16 años se llevó el primer premio del concurso de cuentos del Club Centenario. Fue gracias a este certamen que conoció a Dirma Pardo, y entró a su Taller de Cuento Breve por un par de años. Luego fue a la universidad, y por cuestiones de horario abandonó el referido taller. Escogió la carrera de Derecho y la culminó en 2009.

De adolescente también fundó, junto con otros jóvenes, el Salón de Lectura (2003), a cargo de la escritora Maybell Lebrón. De este tiempo, Melissa recuerda una ocasión en la que Cayetano Quatrocchi le ofreció un contrato de edición para un libro de cuentos que haría con Patricia Camp.

Ambas se pusieron a trabajar en un libro llamado Cuentos con Galletitas (2012), en donde se reúnen unos 24 cuentos de “excelente factura”, según una sinopsis escrita por Lebrón. Un año después, en 2013, Melissa publicó su primera novela, titulada “Águilas sobre el viento”, también con Arandurá.

Hoy en día, mientras trabaja en la revista jurídica de La Ley Paraguaya, escribe otra novela que trata sobre un drama familiar que va exponiéndose a lo largo de la investigación de un asesinato. Además, Melissa se encuentra buscando un traductor para publicar su libro también en inglés.

¿Cómo fundaron el Salón de Lectura?

Nos pusimos de acuerdo con otros amigos y hablamos con Maybell. También fuimos hablando con más gente joven que estaba interesada en acudir. En ese momento nos fuimos expandiendo. A veces más, a veces menos. No era un taller literario, era como un club del libro. También compartíamos lo que escribíamos y algún que otro tip literario. Pero nos enfocábamos más en entender cosas y analizar. Todavía seguimos con el taller en la casa de Maybell.

En tu libro Águilas sobre el viento buscas transmitir tenacidad a través de los personajes. ¿Vos te consideras una persona tenaz?

Sí, esa era la idea. Sobre todo en los personajes que son más protagonistas. Intento siempre conseguir lo que quiero cuando estoy convencida. Cuando es algo que yo realmente quiero.

¿Con tus obras buscas criticar o solamente entretener?

Mi idea es transmitir algo. Cuesta un poco encontrar cual es el mensaje que tiene que ir plasmándose en las cosas que van pasando. Personalmente no soy de escribir historias ficticias como critica. Soy de las que opinan que la crítica pertenece al ensayo. Si quisiera hacerlo lo haría como ensayo.

Elena Poniatowska decía que para ella el acto de escribir era una necesidad. Yo creo que es también un ejercicio que siempre nos quita algo a nivel emocional. Cosas buenas y malas. ¿Cuál es tu percepción sobre el acto de escribir?

Estoy de acuerdo con que es una necesidad. Es mi experiencia, y yo creo que una persona que realmente vive por las letras en la vena no puede dejar de escribir. Es una forma de expresión muy importante, y muy distinta a la oral y corporal. Y creo que las personas que escribimos encontramos la forma de manifestarnos muchas cosas por esa vía, más que por otra que nos cuesta mucho más.

Creo que la literatura también se sirve de la experiencia de cada uno.

Todo el entorno influye. Necesitas experiencia para poder escribir. Y esa es la razón por la cual generalmente uno mejora con los años, porque va adquiriendo una perspectiva distinta y más amplia de las cosas. Creo que así uno se puede enfocar de una forma más profunda en su literatura.

Poniatowska también dijo en una entrevista que no creía que la literatura influyera en la vida de las personas, porque si realmente tuviera una especie de influencia, no habrían tantos conflictos.

Existen libros como la Biblia, el Corán, o el de Darwin, que marcaron un hito. Si bien un solo libro a lo mejor no te cambia la vida, lo que vos lees sucesivamente en varios libros está relacionado o bastante relacionado con tu concepto de lo que es normal. Ver un concepto muy repetido en los libros puede alterar tu concepto de lo que consideras normal. Porque nosotros experimentamos nuestras lecturas como una vivencia propia.

En Escribir un cuento, Raymond Carver cuenta que tenía una mirada furtiva del objeto protagonista antes de desarrollar su historia. ¿Cómo es este proceso de escritura en vos?

Hay personas que tienen una idea, se sientan y escriben. Y también que se orienta por instinto. Stephen King, por ejemplo, dice que trabaja así. Él escribió docenas de libros. Y si tenes un dominio de la estructura, y de todas las cosas que un escritor necesita, probablemente podes hacer eso fácilmente. Porque tu cerebro ya está acostumbrado a procesar de una forma orgánica.

Por otro lado, están las personas que primero tienen una idea y la analizan antes de escribir. Cuando tenes eso cerrado hasta cierto punto es que podes empezar. Claro que podes combinar las dos cosas. Podes tener una idea general de la historia o una idea escena por escena. En mi caso, antes de empezar a escribir quiero saber a dónde voy a llegar. Porque o sino siento que estoy a la deriva.

¿Por qué escribís?

Eso tiene muchas respuestas. Cuando naciste para esto no podes dejar de hacerlo. Porque estas lleno de historias. Una frase que me gusta mucho dice que cuando queres leer una historia que no existe, es porque el universo te está pidiendo que lo escribas. Siempre me gusto crear historias.

Águilas sobre el viento - Primera Parte: El nido

I. Lo que sucede en las audiencias públicas

El silbido de la flecha llenó el bosque cuando atravesó el follaje y se incrustó en el tronco del árbol, retumbando como vendaval en el silencio. Tessa suspiró. Después de toda una vuelta de reloj, de asfixiarse con el calor del mediodía, aquello había dejado de ser divertido. Pero quería entrenar su puntería con algo que no fuera un blanco de madera. Un estático blanco de madera. Arrancó una manzana para arrojarla al aire y la atravesó con otra flecha. Se clavó al lado de la anterior. El bosque estaba vacío.

Guardó el arco y se descolgó desde la rama en que estaba sentada. Si algún animal quedaba alrededor, el crujido de las hojas secas al quebrarse bajo sus pies seguramente bastaba para espantarlo. Recuperó las flechas y las devolvió al carcaj, antes de darle un mordisco a la manzana. A la Reina no le gustaba la idea de una princesa que se metía en el Bosque de la Luna, pero no había encontrado una razón para prohibírselo. ¿Cómo prohibirle algo a un Águila? Tessa resopló al pensar en ello. La Reina sí sabía cómo prohibir.

El sol le indicó que su tiempo libre se había acabado. Si no volvía con antelación suficiente como para cambiarse la armadura de cuero negro, tan útil para entrenar, iba a pasarla mal. Se sacudió el polvo y salió corriendo hacia el palacio, no sin saludar con la mano a la imagen de su abuelo -una de las tantas imágenes de mármol gris ubicadas en el umbral del bosque- como si él pudiera verla y darle su aprobación. Era la única forma en que había conocido al Rey Gesar, y ya era algo. Había alguien, mucho más importante, de quien sabía... mucho menos.

Disminuyó el paso antes de correr el riesgo de ser vista, se detuvo para inhalar el aroma de los jazmines mientras subía la escalera. Los escalones terminaban en el pasillo que llevaba a unas puertas de madera oscura y maciza; estaban a medio abrir y daban al salón donde iba a llevarse a cabo la audiencia. Necesitaba refrescarse, deshacer su trenza, ponerse la tiara, la túnica de seda blanca -eran ocasiones formales- y el cinto de oro con el emblema del reino. Y también el calzado, debía ponerse las sandalias doradas. Se detuvo al oír el murmullo, tratando de localizarlo: provenía de la habitación. Un par de fuertes brazos la jalaron hacia adentro y cerraron las puertas.

-¿Dónde estabas, Tessa? Te buscamos por todas partes -la reprendió una voz conocida.

Sólo podía ser Dorian, el Capitán de la Guardia Real. Cualquier otra persona la hubiera llamado Alteza. Se mordió el labio inferior y maldijo mentalmente. -Lo siento. El solsticio de verano me engañó... creí que llegaría a tiempo.

-Pues no -contestó él y la dejó ir.

-Ya me di cuenta.

Fue un alivio que no todas las cabezas se volvieran a mirarla. La Reina no lo hizo, pero aún así, Tessa tragó saliva. Observó primero a quienes esperaban sentados, pero como estaban ubicados contra un ventanal, la luz no le permitió distinguir los rostros. El salón estaba abarrotado de gente, y todos parecían estar postrados a los pies del retrato de su Reina, un tapiz colgado de la pared del fondo como era la tradición. También estaban las espadas cruzadas y las coronas -o tiaras-, una por cada miembro de la familia real. Aunque no era perfecta, su madre era hermosa y Tessa lo sabía, pero había tal dureza en su expresión en aquella imagen que siempre la hacía estremecer, como la inflexibilidad con todo su peso. Ningún huracán podía amenazar tanto como el azul de sus ojos. Del otro lado, la Reina tomaba notas de las palabras de un hombre muy consternado. Ella era la mujer a cargo de cada segundo de su vida. Trató de acercarse sin que se diera cuenta. Detrás del escritorio de caoba había un asiento libre donde debía estar la princesa. Los guardias de pie detrás de cada silla tenían la vista fija en su monarca, quien, afortunadamente, no tomaba las audiencias en la sala del trono, donde semejante tardanza habría llamado todavía más la atención.

Se sentó con lentitud, con aplomo de princesa, y volvió a sacudir el polvo de la textura escamosa de su falda. La Reina observó a su hija frunciendo el ceño con severidad y le removió un par de hojas secas del pelo. Tessa ofreció su mejor sonrisa de disculpa, pero cuando la atención volvió a centrarse en el monólogo del campesino, su rostro también se contrajo en desaprobación. Odiaba los condenados solsticios que le hacían perder la noción del tiempo, no había tenido intención de ser irresponsable -no tenía sentido-. Su error no quedaría olvidado tan rápido.

El hombre había perdido su cosecha de estío a causa de las heladas y solicitaba la ayuda del gobierno. Su madre se limitó a concederle el pequeño monto necesario para recuperarse y apartó la hoja donde había estado escribiendo; la entrevista había terminado. El agradeció profusamente y se retiró.

Dorian se acercó escoltando a una muchacha de rizos castaños sin peinar. Llevaba puestas una túnica muy ajada y una mirada ausente. Si era mayor que Tessa, sería por muy pocos años.

A Tessa le agradaba Dorian. Era rubio, algo poco común en su Reino, y tenía una sonrisa amplia. Había más en él de lo que la gente sabía; aquello a veces la hacía reír y sólo contribuía a su encanto.

Cuando escuchó los sollozos, volvió a mirar a la muchacha. Su rostro se hundía en un par de manos sucias y rugosas mientras sus hombros se convulsionaban con el llanto. A Tessa no le permitían llorar, ver las lágrimas le producía una angustia dura y muda, inefable.. Ella también tenía una historia que quería derramar. Escuchó la historia de cómo su padre había muerto de una fiebre extraña, habiendo consumido en el proceso todos sus recursos, y un prometido, su única esperanza, la había abandonado a su suerte con una niña recién nacida. Estaba desesperada porque no tenía cómo alimentarla.

Un padre y un esposo. Dos cosas que parecían faltar en aquella familia real demasiado pequeña. Tessa siempre soñó con que su madre se casara y le diera el padre que una muerte prematura le había arrebatado, pero ella se había negado una y otra vez con mil excusas diferentes. Probablemente fue esa frustración la que mató a su abuelo. Incluso había negado creer en el amor. Fue entonces cuando se dio cuenta: la Reina tenía el corazón endurecido -¿por la pena?, ¿por la indiferencia?, ¿por el tiempo?-, había un límite que no permitía cruzar a ninguno de los posibles candidatos. El único hombre cercano a ella era Dorian. Y, bueno, él no era una opción.

Una aflicción tan profunda como esa era imposible de ignorar. Su madre suspiró pesadamente. Era el tipo de ruegos que se suponía no debía conceder. La mujer se enjugó las lágrimas y levantó sus ojos suplicantes. Madre e hija intercambiaron una mirada. Tessa asintió, confirmando que el mismo sentimiento le había estrujado el pecho a ambas.

Ser totalmente diferentes o totalmente iguales era normal, pero estar en el medio era aterrador. A veces parecía que sentían lo mismo, como si fueran una sola, y a veces, había mundos de distancia. Mundos aparte, y Tessa no estaba muy segura de a cuál de ellos pertenecía.

Su madre concedió a la muchacha el dinero necesario para pagar la próxima cuota de la hipoteca y no perder su casa. Tras estampar su firma, apartó nuevamente la hoja. Era una indicación, la última persona a la que iba a escuchar aquel día podía acercarse.

Más contenido de esta sección
El nuevo álbum de los Rolling Stones, titulado Foreign Tongues, saldrá el 10 de julio, anunciado el legendario grupo de rock británico. La banda presentó un adelanto durante un encuentro público el martes en Nueva York, EEUU.
De las memorias de Paul Fischer sobre la racha creativa de Francis Ford Coppola, George Lucas y Steven Spielberg, a las tardes de cine continuado en el Montevideo, Uruguay, de Héctor Silva. Un recorrido por los años setenta, cuando el cine dejó de ser solo entretenimiento para convertirse en una forma de aprendizaje actoral y ambición artística.
La exposición se inaugura este jueves 7 de mayo en Roma y propone un diálogo entre tradición y contemporaneidad a través de la filigrana y la fotografía, en el marco de las Fiestas Patrias 2026.
Con más de 110 actividades en Paraguay y el exterior, se presentó el pasado miércoles la programación oficial de las Fiestas Patrias, que combina patrimonio, cultura viva y participación ciudadana. El Centro Histórico de Asunción será el protagonista de una celebración que busca resignificar el sentido de lo cívico desde la experiencia colectiva.
El libro La danza como disidencia frente al poder dictatorial. Casos emblemáticos en Buenos Aires y Asunción se presentó el pasado jueves 30 de abril, en el Archivo del Terror, e incluyó una obra performática en homenaje a los artistas que crearon cultura bajo regímenes opresivos.
La obra Historia documentada de la masonería en Paraguay, del historiador Herib Caballero Campos, se basa en documentos del archivo central de la Gran Logia Simbólica del Paraguay y abarca desde el siglo XIX hasta la actualidad.