23 sept 2026

Atome: Una inversión que Paraguay no debería perder

Paraguay está frente a una decisión que puede marcar un antes y un después en su estrategia de desarrollo. El proyecto de Atome en Villeta no es una inversión más, representa una de las mayores apuestas industriales privadas de los últimos años, con financiamiento internacional de primer nivel y potencial para colocar al país en el mapa de las grandes inversiones y generar exportaciones de mayor valor agregado.

La iniciativa prevé producir fertilizantes de baja huella de carbono a partir de hidrógeno generado con energía hidroeléctrica paraguaya. Dicho de manera simple, se trata de transformar nuestra energía limpia en un insumo estratégico para la producción agrícola. En un mundo donde la seguridad alimentaria depende cada vez más del acceso estable a fertilizantes, Paraguay podría pasar de ser un país proveedor de energía a convertirse en una plataforma industrial regional.

La inversión anunciada, de 665 millones de dólares, tiene además una dimensión simbólica y práctica muy relevante. Sería la mayor inversión privada industrial en la historia del país. Pero más importante aún, sería una inversión ancla. Este tipo de proyectos no llegan solos ni se agotan en sí mismos. Cuando una inversión de esta escala logra cierre financiero con entidades internacionales de primera línea, se genera una señal potente para otros inversores. Paraguay pasa de ser visto solamente como un país con energía abundante y estabilidad macroeconómica, a ser considerado una plataforma viable para proyectos industriales complejos, financiables y exportadores.

Ese salto reputacional vale mucho. La pregunta es si somos capaces de verlo.

El punto de fricción actual está en el contrato de energía con la ANDE. Para una industria de hidrógeno verde y fertilizantes, la electricidad no es un costo marginal, es el insumo central del modelo de negocios. Por eso, los bancos financiadores exigen previsibilidad sobre precio, plazo y condiciones de suministro. Sin esa certeza, el proyecto no es financiable.

La ANDE, por su parte, tiene una preocupación legítima: debe preservar su equilibrio financiero. Pero también debe ser capaz de impulsar una política industrial inteligente, capaz de convertir su ventaja energética en desarrollo económico real.

El error sería plantear el debate como una falsa opción entre defender a la ANDE o defender a Atome. El país debe defender ambas cosas: La sostenibilidad de su empresa eléctrica y la posibilidad de concretar una inversión estratégica. No todo contrato de largo plazo es un privilegio. La clave está en el diseño contractual.

Una solución razonable podría establecer un precio de energía competitivo y estable durante el periodo de repago de la deuda, por ejemplo, los primeros diez años de operación de la industria, etapa en la que la previsibilidad es indispensable para los bancos. Luego, si en ese período la tarifa industrial general superara el precio pactado, el contrato podría incorporar mecanismos de compensación o ajuste a partir del año once, una vez cancelado el pasivo principal. Dado que el contrato total es de 25 años, existe margen para equilibrar los requerimientos financieros del proyecto con la necesaria protección patrimonial de la ANDE.

Eso exige negociación técnica, transparencia y visión de Estado. No se trata de regalar energía ni de aceptar cualquier condición empresarial. Se trata de construir un acuerdo defendible, medible y conveniente para el país. Paraguay debe demostrar que sabe negociar con seriedad: ofreciendo seguridad jurídica a los inversores, pero sin comprometer sus activos públicos.

Durante décadas, Paraguay discutió cómo aprovechar mejor su energía. La respuesta no puede ser solamente vender electricidad. El verdadero salto consiste en industrializarla: Incorporarla a productos, tecnología, empleo, exportaciones y conocimiento. Atome encaja precisamente en esa visión.

Perder este proyecto sería un error estratégico. No porque una empresa sea más importante que el interés nacional, sino porque esta inversión puede abrir una puerta que Paraguay viene buscando hace años: la de grandes proyectos privados, intensivos en energía limpia, financiados internacionalmente y orientados a la exportación.

La solución es posible. Requiere liderazgo político, inteligencia contractual y una ANDE financieramente protegida. Paraguay no debe regalar su energía, pero tampoco debe dejar pasar la oportunidad de convertirla en desarrollo. No debe perder el proyecto por temor, existe un camino más serio: negociar bien.

Atome puede ser un hito. Una inversión ancla. Una señal al mundo. Paraguay tiene energía, estabilidad y ubicación estratégica. Ahora debe demostrar que también tiene capacidad de decisión.

MBA. Analista Financiero.
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