Editorial

Atacar las causas que impiden que el Paraguay sea competitivo

El Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) colocó a nuestro país en el puesto 97 del Índice de Competitividad Global, cayendo de esa manera dos lugares en su posición relativa, debido a que otros países tuvieron mejores resultados y se adelantaron. Esto sucede a pesar de que Paraguay aumentó levemente su índice. Este resultado debe ser motivo de análisis y de cambios en torno a los factores que impiden que nuestro país se ubique en mejor posición a nivel mundial. Políticos y autoridades deben ser capaces de proponer e implementar las medidas que, basadas en fuerte evidencia empírica, nos ayuden a mejorar.

Con respecto a la región, quedamos solo por encima de Bolivia y Venezuela, y lejos de los líderes: Chile y Uruguay. Esta situación se repite en otros índices como el de desarrollo humano, lo que no debería llamarnos la atención. En la mayoría de los índices globales, Paraguay se ubica en los últimos lugares, mostrando la dificultad que enfrenta el país para avanzar en la senda del desarrollo.

Si bien todos los índices pueden estar sujetos a críticas, por los indicadores que incluyen o las ponderaciones que tienen, lo cierto es que en general estamos en los últimos lugares en todos y, en los últimos años, con una tendencia al estancamiento.

El Índice de Competitividad Global está integrado de una multiplicidad de indicadores. Este año, y en la mayoría de los anteriores, los aspectos en los cuales Paraguay muestra los mayores rezagos son la capacidad de innovación, la institucionalidad, la adopción de tecnología, el dinamismo de los negocios, el tamaño del mercado y el capital humano. En estos ámbitos, las puntuaciones fueron por debajo de la calificación global del país.

Los aspectos positivos, por su parte, constituyen fundamentalmente la estabilidad macroeconómica y la infraestructura por el alto desempeño del acceso a electricidad.

El rendimiento promedio se observa en las áreas de mercado de productos, mercado laboral y sistema financiero.

En el pilar de instituciones, la nota más baja se asigna a la independencia del sistema judicial, retrocediendo desde la medición anterior. En cuanto a infraestructura, las menores puntuaciones se encuentran en la calidad de la infraestructura vial y la conectividad aeroportuaria.

Como se puede ver, el Índice no muestra nada muy distinto a lo que la gente percibe en general sobre la realidad.

El mayor problema está en la incapacidad del sector público para atacar las causas y lograr resultados visibles en plazos prudenciales.

El retroceso de Paraguay en el referido indicador no es producto del desempeño de un año en particular. Si bien los datos se publicaron en 2019, los datos son los últimos disponibles, por lo que son de uno o dos años anteriores. Por otro lado, cabe señalar que tampoco cambian de un año a otro debido a que algunos de ellos son de carácter estructural. Es decir, no se modifican con medidas aisladas o coyunturales.

Por ejemplo, el capital humano o la infraestructura, dos dimensiones que forman parte de la medición, no se modifican en el corto plazo; requieren, por lo menos, políticas de mediano plazo para que los cambios se verifiquen.

El Gobierno debiera revisar cuáles son los problemas que enfrenta el país e implementar las políticas que reviertan la situación de Paraguay reflejada en el Índice.

Un contexto adecuado para el desarrollo de los negocios es central en un país que requiere impulsar el empleo e insertarse internacionalmente. Las políticas públicas son fundamentales en este objetivo. Políticos y autoridades deben ser capaces de implementar las medidas que, basadas en fuerte evidencia empírica, nos ayuden a mejorar.

Dejá tu comentario