Por Ruth Benítez Díaz. | ruth-benitez@uhora.com.py - @ruthbenitezdiaz
"¡En 10 minutos salimos!”. Gustavo Brítez, el conductor de <em>Brillante</em>, da la cuenta regresiva hacia el fin del enojo de Asunción con su bahía, que la motivó a darle la espalda. Prepara su lancha, enciende el ruidoso motor, suelta las cuerdas y direcciona rumbo a un turismo diferente, esta vez, mirando al río. Así comienza la historia...
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El Puerto de Asunción, sobre Paraguayo Independiente y Colón, es el punto de partida marcado por los lancheros, mediadores entre el río y Asunción, que hace poco comenzaron nuevamente a dirigirse la palabra. Desde el lunes pasado, las personas que desean cambiar la rutina y desconectarse del ruido de la ciudad, pueden abordar una lancha pagando un pasaje de 3.000 guaraníes y trasladarse a otra región del país, solo en 20 minutos.
Pequeños y grandes pueden hacer el recorrido de 7 kilómetros desde Asunción hasta Chaco´i. La actividad es promovida por la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur).
Desde el río, una Asunción que se ve distante muestra un rostro diferente. Verla en otra perspectiva posibilita dar una apreciación distinta de la capital del país. Como si los edificios altos que se ven desde lejos, muy pegados al cielo, reflejasen una ciudad más armoniosa.
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<strong>Están disponibles 20 lanchas en buenas condiciones, que cuentan con techo y asiento, listas desde las 5:20 hasta las 19:00 de lunes a lunes, para dar los paseos, que según explica Mario Benegas, solo se suspenden si hay una tormenta o muy fuertes vientos.</strong>
Si bien el río es manso, al poner los pies en la lancha, ya se siente el tambaleo de sus imponentes aguas.
Los viajeros que van a Chaco´i son la compañía baqueana, que con el dulce guaraní en sus conversaciones, cuentan la historia del día a día del otro lado del río.
En el trayecto, el lento viaje te ofrece diversas clases de aves, que nadan en él o solo vuelan al ras, como si el cielo estuviese invertido.
En la costa, algunos caballos pastan desinteresados, no miran ni hacen caso. En otro lugar, hacen lo mismo las vacas, en medio de una relajante vegetación. Y a unos metros más, en la misma costa, reposa inclinado un viejo barco ya en desuso.
También se observa alguna que otra solitaria canoa, cada una con su <em>Pedro canoero</em>, siguiendo el ritmo de las olas.
Ya llegando a Chaco´i, se divisa un grupo de personas que aprovechan el calor del sol para darse un baño en el río.
Al bajar de la lancha, en la arena, hay un reloj posado sobre una butaca, que marca los horarios de partidas y llegadas.
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Así nos recibe Chaco´i, un pueblo organizado, dependiente del municipio de Villa Hayes, departamento de Presidente Hayes, Chaco. Aunque la Comuna capitalina tiene proyectado extender el territorio de Asunción, convirtiendo a esta zona en parte de la capital del país.
Don Mario cuenta que aún estando en otra región, se llega más rápido desde Chaco´i hasta el microcentro que desde ciudades aledañas a Asunción, en un viaje más tranquilo y sin mucho tráfico y ruido.
El lanchero es dueño de <em>Cacicum</em> o “cacique mayor”. La bautizó con ese nombre porque su lancha “es la que manda”, dice.
Hace los cálculos y cuenta que <strong>entre 400 y 500 personas viajan por día, entre estudiantes, trabajadores y turistas, desde distintos puntos. Cada una de las 20 lanchas hace dos viajes por día, y transportan en promedio 60 personas, pudiendo ser más o menos dependiendo del tamaño de la lancha.</strong>
<strong>El río es su amigo. </strong> “El agua me da satisfacción, yo dejé otros trabajos por hacer esto. ¿Sentís la brisa? Eso no sentís en la ciudad (...) Cuánta gente paga por estar en contacto con la naturaleza y yo en cambio trabajo en esto”.
<strong>Pero don Mario es sincero.</strong> “Lo malo es que el paraguayo es sucio, yo pongo ahí un basurero e igual tiran su basurita al río. Si veo a tiempo le digo ¡epepepepep....!”
El amable lanchero comenta que tiene un espejo para controlar todo lo que pasa en su lancha, puesto que al conducir da la espalda a los pasajeros. Sucede que a veces transportan a borrachos o personas que discuten y pelean, y pueden caer al río. “O si la novia se enoja puede empujar al novio por la borda”, relata.
Ya de regreso al puerto, solo queda contar a los amigos y familiares la experiencia, para que ellos también la vivan. Y que esta promoción no signifique el deterioro de un sitio verde, sino un aporte de ideas para mejorar este circuito turístico único, además de exigir a las autoridades y la ciudadanía misma, limpieza, acondicionamiento, cuidado y respeto a la naturaleza.