Editorial

Asunción necesita soluciones de fondo y no promesas electorales

Ya en plena campaña ante unas nuevas elecciones municipales, todos los candidatos a intendente y concejales prometen que arreglarán de manera mágica los muchos problemas que padece Asunción, la principal ciudad del país. Sin embargo, es una canción con sones de violines que venimos escuchando desde hace 30 años, cuando empezaron los primeros comicios, pero ninguno de los que accedieron a los cargos han podido o han querido cumplir. Nuestra histórica ciudad capital necesita soluciones de fondo y no meras promesas electorales. A cada día aumentan los reclamos por las calles rotas, las basuras acumuladas, el tráfico colapsado, los espacios públicos ocupados, el estacionamiento sin control, los edificios históricos en ruinas, las aguas servidas... Es hora de dejar de engañarnos. ¿Es tan difícil evitar que se caiga una ciudad?

Las últimas elecciones internas de partidos y movimientos han definido quiénes serán los candidatos a intendentes y concejales municipales para los comicios que se cumplirán el próximo 10 de octubre.

Aunque la propaganda electoral deberá iniciarse oficialmente recién el 8 de setiembre, la mayoría de los aspirantes ya se encuentran en plena campaña y, una vez más, en el caso del mayor y más importante municipio —al igual que en los restantes distritos con problema similares—, todos prometen que arreglarán de manera mágica los muchos problemas que padece la querida ciudad de Asunción, capital del Paraguay.

Hasta ahora se conocen muy pocas propuestas y planes realistas del Gobierno comunal. El mensaje simple y llano de la mayoría de los candidatos es “Vótenme y arreglaré todos los problemas”, pero esta es una canción con sones de violines que venimos escuchando desde hace 30 años, cuando en 1991, tras la caída de la larga dictadura stronista, se llevaron a cabo las primeras elecciones libres y democráticas en toda la historia del Paraguay.

En estas tres décadas, los intendentes y concejales de Asunción hicieron muy poco o casi nada por mejorar la infraestructura urbana. Prácticamente ninguno de los que accedieron a los cargos han podido o han querido cumplir las muchas promesas vertidas, sin rigurosidad técnica ni voluntad política. Simplemente querían ganar las elecciones con pomposos refranes propagandísticos como “el más capaz”, “tapabaches”, “el tractor amarillo”, “la más trabajadora”, etcétera.

Muy cerca de cumplir los 500 años desde que el capitán español Juan de Salazar y Espinoza le dio nacimiento como una casa fuerte a orillas del río el 15 de agosto de 1537, hasta que tuvo su acta oficial de nacimiento en 1541, con el nombre oficial de “La muy noble y muy leal” ciudad de Nuestra Señora Santa María de la Asunción.

Creció de manera caótica y desordenada, principalmente en gran parte del siglo XX, dándole la espalda a su recurso natural y paisajístico más bello, el indómito río Paraguay, con un cinturón de miseria que se fue extendiendo a lo largo de los bañados, hasta que recién hace muy poco empezamos a disfrutar de una funcional avenida y zona costanera, aunque todavía en construcción.

Asunción es además de la capital la que retiene todo el poder institucional con excesivo centralismo. Los muchos sectores sociales más postergados del otro país que se extiende más allá de Calle Última deben peregrinar constantemente hasta las plazas frente al Congreso o marchar por sus calles para intentar que sus reclamos sean escuchados, contribuyendo de paso a aumentar la marginalidad y la destrucción de los espacios públicos.

Nuestra histórica ciudad capital necesita soluciones de fondo y no meras promesas electorales.

A cada día, aumentan los reclamos por las calles rotas, las basuras acumuladas, el tráfico colapsado, los espacios públicos ocupados, el estacionamiento sin control, los edificios históricos en ruinas, el deficiente transporte público, los raudales, las aguas servidas...

Es hora de que dejen de engañarnos. ¿Es tan difícil evitar que se caiga una ciudad?

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