Se trata de una obsesión con dos largas décadas de vida. El curioso coleccionista de imágenes que es Javier Yubi, está pasando de su primera fase, la de colectar, restaurar, identificar y guardar fotografías en sus diversos formatos históricos (daguerrotipos, ferrotipos, cartas de visita, cartas postales) a una segunda, de carácter “devolutivo”. Bien difícil pasaje, si se recuerda que el coleccionismo está asociado a un placer individual, el de poseer objetos únicos y el de disfrutarlos en restricta -en egoísta- soledad.
En vísperas del Bicentenario, Yubi empieza a entregar al público una cuidadosa edición de imágenes ordenadas temáticamente. A divulgar piezas selectas de esta colección única, que alberga más de cinco mil imágenes originales de un largo siglo (1860-1960) de historia paraguaya. Si en un volumen anterior nos había regalado con imágenes - algunas inéditas- de la Guerra Grande, esta vez es la capital del país - ese lugar abierto a la curiosidad de viajeros y fotógrafos europeos de fines del siglo XIX- el gran tema elegido por el autor. Esa bella y antigua Asunción, cuyas huellas son casi irreconocibles en el actual y desordenado paisaje urbano de la capital.
El de imágenes antiguas no es un coleccionismo fácil. Porque en ausencia de fotógrafos nativos, las imágenes del XIX pertenecen casi todas a autores europeos, de fugaz paso por estas tierras o establecidos en ellas. Debido a la complejidad de las viejas técnicas de captura de imagen, eran fotografías de tirada muy restringida o se producían en ejemplares únicos. En segundo término, porque, con esa desidia que nos caracteriza hacia el papel impreso, muchas imágenes del Paraguay - como sus tallas y su acervo arquitectónico, sus manuscritos, libros y monumentos- fueron víctimas de múltiples agresiones, no sólo las del humano olvido, sino también las del clima e insectos poco respetuosos de estas frágiles huellas de la memoria.
Finalmente, como lo que pudo salvarse de estas raras piezas está disperso por el ancho y ajeno mundo, recolectarlas supuso recorrer periódicamente pequeñas tiendas de anticuarios de capitales europeas y americanas que aún valoran este coleccionismo sofisticado y arcaico. Coleccionismo no sólo arduo y oneroso, sino exigente en saberes. Javier Yubi rastreó las biografías de los fotógrafos, sus técnicas, enriqueció su colección con un conocimiento preciso de las fuentes. Los resultados son esta obra, son estos invalorables registros visuales para la memoria de un pueblo tan precisado de ella.
MildaRivarola
Historiadora
Fotografía