26 jul 2026

Antonio Cubilla cuenta sus pasos para llegar a ser uno de los mejores investigadores

Médico patólogo, catedrático e investigador, Antonio Cubilla es reconocido por sus estudios del cáncer y sus aportes en el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad.

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Me llamo Antonio Leopoldo Cubilla Ramos y nací en Asunción el 4 de octubre de 1943. Mis padres, ambos misioneros de San Juan Bautista, don Antonio Cubilla Brusquetti, médico, el primer proctólogo del Paraguay. Y mi madre doña Yolanda Ramos, maestra.

INFANCIA

Soy el mayor de seis hermanos, quedamos cinco ahora, María Elina ya falleció, pero seguimos Luis Enrique, María Yolanda, Carlos Manuel y Agustín.

Realice mis estudios primarios en la Escuela Normal y los secundarios en el Colegio San José de Asunción. Después ingresé a la Facultad de Medicina, donde me gradué en 1969.

Me casé en primeras nupcias con Victoria López y tuve cuatro maravillosos hijos con ella: Vivian, Antonio, José Eduardo y Alberto.

Mi padre influyó mucho en mí, era un hombre muy inteligente y se dio cuenta de que tenía esa curiosidad por saber cómo funcionaban las cosas y encontrar los patrones de relacionamiento así que empecé desde chico a coleccionar cosas. Primero balitas, después estampillas, monedas, etc.

En retrospectiva el colegio también influyó mucho en mí, sobre todo en esa época entre los 14 y 18 años, cuando empezaba el despertar y las inquietudes hacia la literatura. Ese mundo que te conduce hacia el pensamiento de intelectuales que forman a intelectuales y aquí me influyó mucho el padre Alonso de Las Heras, gran sacerdote betharramita.

También tuve yo un mentor literario, que fue Roque Vallejos. Roque fue mi mentor literario durante todos esos años. Era un una persona tremendamente instruida, con una mente prodigiosa, una brillantez, un espíritu crítico, un espíritu creativo. Fue un modelo.

MEDICINA

Cuando llegué a la universidad tuve varios mentores entre ellos: Pedro Aníbal Rolón, una eminencia de la patología. Juan Carlos Franco y por supuesto Manuel Riveros, gran oncólogo.

Entre los autores que me marcaron en la juventud a nivel de pensamiento crítico podría citar a Karl Popper, Alfred Whitehead, Claude Bernard, Darwin. Eran, digamos, biólogos que reflexionaban en profundidad sobre la ciencia de la vida.

En segundas nupcias, contraje hace 35 años matrimonio con doña María Paz Peña y con ella considero a sus dos hijos también como míos, Juan Pablo y Regina.

Como médico me dediqué a la patología debido a la extraordinaria influencia de mis mentores y eso me permitió desarrollar estudios de posgrado en EEUU y Europa. En EEUU fui parte de la Universidad de Cornell por medio de su prestigioso Memorial Hospital, así como de la Sociedad Latinoamericana de Patología. Fueron diez años bastante intensos, admito sacrifique bastantes horas de vida familiar para conectarme con la profesional.

SU PASIÓN

La disciplina de la patología me atrajo porque vi que no era solo observación, sino reflexión y profundización de la observación.

Al final me di cuenta de que de eso trata la ciencia: De reflexionar en profundidad sobre lo que uno observa y generar nuevas ideas, nuevos modelos. Interpretar.

El concepto de proceso también lo aprendí ahí.

Estaba el libro de Whitehead que se llamaba “Proceso y realidad (Process and Reality)”. Es un libro difícil, pero fundamental. Y la medicina trata de eso: No se la puede ver como un momento aislado, sino como un proceso que tiene un comienzo y un fin, un desarrollo y un final que, generalmente, es la muerte.

En el caso del cáncer, como objeto de estudio, fui atraído fuertemente hacia esa área por el profesor Manuel Riveros, a quien también considero un mentor clínico.

Él era cirujano, de renombre internacional.

MÉTODO CIENTÍFICO

En mi vida he dado una sola clase sobre método de investigación.

He recomendado libros, sí, pero nunca di una clase, porque no creo que esa sea la manera de aprender a investigar. Se aprende con el ejemplo: haciendo, con dos o tres alumnos que ven cómo uno trabaja y a su vez van aprendiendo. Calculo que en unos cinco a siete años logran volar solos, alcanzar la independencia en la actividad científica.

¿Qué significa eso? Dos cosas: Poder escribir un artículo y, lo más importante, poder generar una idea original, que no sea la idea del mentor. Generalmente los alumnos trabajan sobre las ideas de sus mentores durante mucho tiempo hasta que los más lúcidos logran independizarse. A veces esa independencia es conflictiva porque se establece una competencia; siempre hay, en algún momento, una tensión entre el mentor y el alumno.

Ese fenómeno está descrito en un librito genial, de George Steiner, “Lessons of the Masters (Lecciones de los maestros)”. Ahí él habla de esta relación entre el mentor y el alumno. Sigo sosteniendo que no hay otra manera de aprender a ser científico que trabajar muy de cerca con un mentor. Siempre.

Y yo, con los años, siempre soñé por eso con la universidad de investigación, donde todos los profesores sean investigadores a tiempo completo, al estilo germánico, humboldtiano. Pero como ese es un anhelo bastante distante por ahora. Hoy recomiendo algo distinto: el que quiera investigar, siguiendo un poco mi modelo, que haga dos cosas: que tenga una profesión y que haga de la investigación un hobby, por gusto.

SALVAR A LA PATRIA

El enfoque que tengo hacia la investigación no es para “salvar a la patria”, como decía irónicamente el profesor Rolón: “Salvemos a la patria”, decía él siempre. No interesa que sea útil.

En algún momento se puede aplicar, sí, eso también es cierto. Yo, por ejemplo, buscaba la relación entre los genotipos. Hay más de 20 genotipos distintos de virus en ciertos cánceres de pene. Buscaba su relación con la morfología: que tal genotipo correspondiera con tal morfología, que el genotipo fuera predecible mirando al microscopio. Ese tumor que nosotros habíamos descrito de manera original. Trabajé muchísimos años en esto, y al final muchos de estos trabajos contribuyeron, por ejemplo, al desarrollo de la vacuna.

Hoy día la ciencia en Paraguay ha dado pasos importantes en muchos aspectos. La primera reunión de Becal fue en mi laboratorio. Estaba el entonces ministro de Hacienda, hoy presidente de la República, Santiago Peña, quien me encomienda actualmente ser su asesor científico ad honorem, cargo que por primera vez en la historia se aplica en el Gobierno.

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