Por Luján Román
Desde su llegada al Paraguay, la Virgen de la Asunción tuvo dos hogares. Su primera casa ya no existe, y en la segunda debió entrar por el costado, aguantando desde el primer momento la presencia de sus inertes inquilinos.
La primera casa que acogió a la Virgen fue la ubicada en la esquina de las calles Palma y 24 de Diciembre (actual calle Chile), pero hacia la vereda que está frente al actual Panteón de los Héroes y Oratorio de la Virgen de la Asunción, en la entonces chacra y vivienda del padre del doctor José Gaspar Rodríguez de Francia y que después se vendió a la familia Zavala. Es decir, la Virgen tuvo su oratorio en el predio donde hoy está el Lido Bar.
La imagen de la Virgen de Asunción llegó en 1741 de Nápoles, y como no tenía oratorio propio, fue adquirida a través de un canónigo de la Catedral, Zavala y Delgadillo, ascendiente de Petrona Zavala, quien era admirada por el doctor Francia, pero este no era correspondido. La imagen permaneció allí.
En la pequeña capilla sobre la calle Chile, la familia Zavala Delgadillo custodió la imagen sagrada, después pasó al amparo de la familia Machaín Zavala, cuando Petrona Zavala se casó con un Machaín. Hasta hoy la mayordomía se transmite a la descendencia de esta familia tradicional.
La imagen de la Virgen se resguardó del sol y la lluvia en esa casa desde 1741 hasta 1937, año en que se inauguró el altar de mármol que está en el actual Oratorio. Justamente, de uno de los sobrinos paternos de Francia el Estado adquirió, en 1873, el terreno del ahora Oratorio para construir la capilla para la patrona, puesto que la Catedral ya tenía su patrono, el señor San Blas, comenta la historiadora Margarita Durán Estragó, autora del libro Oratorio de la Virgen de la Asunción.
SUS HUÉSPEDES. Luego de mucho tiempo de suspensión de obras del Oratorio por la guerra y luego por la posguerra y la pobreza, el intendente Bruno Guggiari lo revocó totalmente antes de su fallecimiento. Poco después se produjo la Revolución de febrero de 1936 y subió como presidente, a través del golpe, el coronel Rafael Franco.
Apenas fue derrocado Franco subió al poder Félix Paiva, en 1937, y su primera medida de gobierno a pedido de la gente del Mercado Guasu y de la época fue restituir y dar nombre al Oratorio de la Virgen de la Asunción, pero sin que el lugar deje de ser Panteón Nacional.
“Ahí hay que destacar la tibieza de la jerarquía eclesiástica, que no se impuso para decir ‘esto es de la Virgen’. No se puede hacer un himno a la paz y a la guerra al mismo tiempo. Tendrían que haber dicho que se devuelva a la Virgen y que un Panteón Nacional se construya en otro lado. Ahora cuando se hacen matrimonios, u otra cosa, hay que entrar a los costados, porque está la cripta y nadie mira el altar, todos miran la fosa”, cuestiona Durán.
La Virgen de la Asunción, dueña de casa, entró triunfalmente a su hogar por un costado porque tenía inquilinos, pero volvió a la casa de su mayordoma porque no tenía altar. La mayordoma de la Virgen es quien la cuida. Este es un legado familiar. Actualmente la mayordoma de la Asunción es Ana Rodríguez Pedersani, luego la sucederá su hija mayor.
Recién en 1939 se inauguró el Oratorio de la Virgen y Panteón Nacional. Desde esa fecha, la Virgen reside en su Oratorio.
Según los documentos, el Oratorio es administrado por la Arquidiócesis de Asunción y la cripta por la Municipalidad y el Ministerio de Obras Públicas. Para Durán, esta situación confusa debería ser resuelta. “Como todas las cosas, está todo confuso. Lo ideal sería separar cada espacio y hacer una entrada por el subsuelo para la cripta y que arriba sea para la Virgen”, indica.
Hoy, en su día, la Virgen dará un paseo, no estará ni en su Oratorio ni en su antiguo hogar; si pasan por la tarde, la verán en la Catedral Metropolitana.