Fue enviado desde Paraguay por el analista Lauro López Ramírez y tuvo una amplia repercusión, publica el portal Economía Virtual. El artículo se titula El autoboicot de Paraguay y hace referencia a los medios de comunicación, a la ciudadanía en general y la valoración de los paraguayos hacia su país.
Esta es la opinión de un compatriota publicada en el medio digital:
El Paraguay no necesita de enemigos externos si nosotros mismos nos disparamos entre nosotros. No hay una línea divisoria entre la sana crítica que todos podemos y debemos hacer a nuestros gobernantes y la actual auto destrucción que presenciamos diariamente en la prensa.
Suele ser común en nuestros países en Latinoamérica, vernos a nosotros mismos con una visión más exigente que la que tienen desde afuera. Somos implacables con nuestros hombres públicos en distintos ámbitos, con nuestros deportistas, con nuestros exponentes de la cultura, y por supuesto, con nuestros políticos.
Algún día se hará un análisis comparativo de autoestimas nacionales, con bases reales. La visión que nosotros tenemos de nosotros mismos influye indudablemente en todo el quehacer nacional, en las iniciativas privadas, en los negocios o el entretenimiento. Es ya casi un tópico en Latinoamérica hacer referencia a la excesivamente elevada “autoestima” de los porteños argentinos. Sin embargo, ésta realidad les llevó en circunstancias nacionales adversas a no creerse menos y salir más rápido del mal momento. Sin olvidar que, si los hermanos argentinos tienen el ego muy subido, sin duda se debe también a algo: generalmente destacan en muchos ámbitos y tienen un alto nivel de desarrollo personal.
Del otro extremo, la baja autoestima que tenemos en el Paraguay, fomentada por circunstancias históricas desastrosas como el genocidio en la Guerra de la Triple Alianza a manos de nuestros vecinos, es una realidad de la que cuesta desprenderse y que influye sin dudas en la capacidad de desarrollarnos como Nación, y progresar socialmente.
Los números actuales del Paraguay
La estabilidad y el desarrollo económico del Paraguay causarían envidia a nuestros vecinos y a cualquier país, por lo menos si vamos a los números: la moneda más estable en los últimos 70 años en Sudamérica, un crecimiento promedio del 4,5 % en los últimos 10 años, inflación inferior al 5 % en los últimos 5 años, el puesto Nro. 1 en el mundo en energía renovable, la 3ra. Flota de barcazas del mundo, y está entre los primeros 5 productores y exportadores de Stevia, soja, carne bovina o trigo. El 70 % de la población tiene menos de 35 años. Según diversas publicaciones tiene el mejor clima de negocios de la Región, y está en el Top 5 del Ranking regional del Doing Business. Se triplicaron, en el 2014, las solicitudes de habilitación de nuevas empresas. Y sólo en Asunción, en el último año se inauguraron más de 800 negocios en el área gastronómica, según cifras de distintos medios públicos y privados (Asociación de bares y restaurantes, Ministerio de Hacienda).
A pesar de toda esta “bonanza”, la prensa, la opinión pública y las redes sociales no cesan de disparar permanentemente contra cualquier esfuerzo donde esté de por medio un paraguayo. Sea éste del gobierno o del sector privado, del deporte o de las artes. Del mundo de los negocios o del sector sindical o social. Será una especie de “deporte nacional”? será que no podemos distinguir el árbol del bosque?
La prensa y los intereses de grupo
La prensa ocupa sin dudas el primer lugar en este denostar contra nosotros mismos. Su función es controlar y criticar, siendo en verdad el cuarto poder. Pero cuando su actuación se mueve exclusivamente en el sensacionalismo, en la crítica interesada, o cuando como en el Paraguay, un medio escrito es claramente el más influyente y su dueño está considerado el hombre más poderoso del país por encima del Presidente, no puede soslayarse su tremenda importancia en todo cuanto nos pasa.
Hace poco tiempo, un amigo influyente me comentó que un grupo empresarial, atraído por la situación muy favorable del Paraguay, quiso sondear la posibilidad de invertir en rubros específicos. Pero tuvo que contratar a una Consultora especializada que venga a tomar conocimiento real del status porque, al buscar información en la prensa paraguaya, no encontró ninguna información positiva sobre el país.
Como es mucho lo que nos falta avanzar en la construcción de la institucionalidad, es innegable que hay muchas debilidades que aún tenemos. Y mucha corrupción. Si en la ciencia se avanza, muchas veces, con aquella vieja fórmula de “ensayo y error”, no es menos cierto que en la construcción de las instituciones, en muchos casos la realidad lleva a utilizar el mismo método. Las soluciones que desde las instituciones se dan a los problemas cotidianos de la gente, en muchos casos no son las adecuadas, o las que la gente espera. Y entonces es justo criticar, y la autoridad debe enmendar, rehacer, corregir, y reaccionar cada vez más rápido.
Pero también es verdad que, si la crítica es el único lenguaje que se utiliza, si los esfuerzos de tantos actores –y sus logros- son totalmente minimizados o desdeñados, y solamente hay lugar para acusaciones, juicio y condena mediática, ensalzamiento de lo negativo, si hay una especie de regodeo en casos de corrupción, fogoneo de divisiones o la transmisión de una visión de que es imposible, para el paraguayo, hacer cosas bien hechas, no estamos transitando el camino del desarrollo como Nación.
Cuando el pasado 16 de junio Standard & Poors elevó la calificación de la economía paraguaya acercándola al grado de inversión, al igual que Fitch Ratings ya lo había hecho hace unos meses, la información salió pequeña en la página 32. En un caso similar que me tocó presenciar personalmente en Buenos Aires, cuando dichas calificadoras habían simplemente mantenido la calificación argentina, 5 grados por debajo de la calificación que obtiene el Paraguay, un enorme titular en tapa se felicitaba por el tremendo reconocimiento que el mundo hacía del enorme progreso de la República Argentina.
Hace un par de semanas el Presidente de la República estuvo de gira en Europa. Y en un discurso ante empresarios españoles dijo “Paraguay exporta pobreza”, algo sin mayor trascendencia, al tiempo que exaltaba las bondades del país, concretaba inversiones con el sector privado, firmaba convenios con el Gobierno español, y firmaba por fin un acuerdo que permitirá vuelos directos entre la capital paraguaya y Europa, una buena noticia para todo el país.
El principal medio de prensa –aludido- se tomó de esas tres palabras que mencionó el Presidente –no muy felices-, las puso de titular, se escandalizó, pegó el grito al cielo, y las redes sociales estallaron. Se armó un escándalo sin ningún sentido. Llegaron a realizar marchas y no faltó hasta el que pidió un juicio político al Presidente. En circunstancias que los que van a agradecer la gestión, curiosamente, serán los paraguayos residentes en España, pues podrán después de 25 años, volar directamente entre Madrid y Asunción, entre otros beneficios concretos que se logró en dicho viaje.
El Paraguay no necesita de enemigos externos si nosotros mismos nos disparamos entre nosotros. No hay una línea divisoria entre la sana crítica que todos podemos y debemos hacer a nuestros gobernantes y la actual auto destrucción que presenciamos diariamente en la prensa. Los intereses que mueven la pluma no son patriotas, sino intereses. Y éstos, lamentablemente, no tienen Patria.