25 abr. 2024

Aída y Gustavo: “Con Dios, todo es más llevadero”

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Gustavo y Aída en la actualidad.

Gustavo Galeano y Aída Benítez están por cumplir 32 años de casados. Contrajeron matrimonio en marzo de 1992 y desde entonces aseguran que Dios es crucial para mantener la relación. Tienen 4 hijos, Elisa, Laura, Gustavo David y Marcos Ariel. También tienen 4 nietos, quienes son los mimados de la casa.

La pareja se conoció en Ciudad del Este, durante el cumpleaños de un primo de doña Aída y compañero de trabajo de don Gustavo, quien trabajaba allá. La comunicación fue primeramente más por teléfono, porque él venía a Asunción cada 15 días. “En poco tiempo, hubo buena química”, confiesa Aída.

Festejaron alrededor de seis meses e hicieron el cursillo para la boda en la capilla San Jorge de la Caballería. Como don Gustavo es funcionario de Puertos, una de las pruebas que debieron superar la pareja era la distancia por el trabajo, pues Aída no podía acompañarlo todo el tiempo porque también trabajaba en Asunción.

Tiempo después surgió el traslado de él a una zona más cercana a la casa familiar. Otra prueba superada fue en la parte económica, pues hubo negocios que no resultaron, pero con el apoyo entre ambos lo fueron superando.

Gustavo cuenta que algo que marcó el comienzo de la historia familiar es que Aída no podía quedar embarazada, por lo que tuvo que seguir un tratamiento de un año y cuando por fin parecía haber quedado, resultó ser una falsa alarma, lo que causó gran tristeza en los dos. “Nuestro objetivo en principio era tener muchos hijos, pero no lo logramos de buenas a primeras, pero por la gracia de Dios luego fueron llegando cada dos años hasta completar los cuatro hijos maravillosos y emprendedores que tenemos”.

Para Aída, lo más importante en toda relación es el diálogo, el perdón, la comprensión y que Dios siempre debe estar presente. “Por eso se le dice matrimonio, es algo de tres personas, la pareja más Dios. Cuando él está presente, todo es más llevadero”, destaca.

Aída opina que muchas parejas fracasan por la falta de comunicación y de perdón. “También es fundamental saber elegir el momento en el cual dialogar, pues cuando una persona está ofuscada y nerviosa no entra en razón”, aconseja.

Otro punto que resalta es el no dejar que la vida sea manejada por las cuatros p, la plata, el placer, el prestigio y el poder. “Por eso, lo más importante de todo es el amor para que la existencia de uno y de los demás que nos rodean tenga sentido”, menciona.

La esposa también comenta que es muy importante aceptarle a la pareja con sus defectos y cualidades. “Si yo le quiero a alguien y le quiero moldear como a mí me gusta, es algo egoísta”, añade.

Testimonio

Para Gustavo y Aída, los valores son muy importantes. Ellos fueron delegados de la capilla Virgen del Rosario de Ykua Duré, Luque, por casi diez años, tiempo en el cual su relación de pareja se fortaleció bastante.

Pero el vuelco hacia las cosas de Dios no se dio de la noche a la mañana, pues luego de un fracaso en los negocios, Gustavo encontró apoyo espiritual en el Movimiento de Colores, asistió a un retiro y tuvo su encuentro personal con Dios. Luego lo siguió Aída y juntos emprendieron un camino más profundo hacia la espiritualidad. Esto también ayudó al esposo a sobrellevar algunos problemas de salud.

Más sobre ellos

Sus planes a futuro son seguir tomados de la mano, en lo familiar disfrutar de los hijos y nietos, y a nivel financiero, emprender alguna empresa una vez que don Gustavo llegue a la jubilación.

Como es tradición en casi todas las familias paraguayas, los domingos son el tiempo ideal para compartir. “Si les preguntás a los niños qué quieren comer, ellos siempre responden asado”, cuenta como anécdota Aída.

En este sentido, un cartel que cuelga en el recibidor del hogar reza: “Bienvenidos a la casa de los abuelos, hotel de los hijos, guardería de los nietos. Somos familia y reales”. Esto es tomado por los dos con mucho amor.

Como un homenaje a su esposa, don Gustavo comenta que Aída es una mujer hogareña, le gusta estar rodeada de sus nietos e hijos. “Ella es mi brazo derecho e izquierdo, sin ella no soy nada. En las dificultades siempre está presente para apoyarme. Cuando tuvimos problemas económicos, ella no tuvo problemas de inclusive juntar latitas, vender remedios, trabajar de manicurista o lo que sea, demostrándome que está conmigo en las buenas y en las malas”, manifiesta.

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Aída y Gustavo durante su boda en marzo de 1992.

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