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Agentes pastorales bendicen unos diez objetos de piedad por minuto

Casi sin descanso, decenas de agentes pastorales de la Basílica de Caacupé se pasan agitando una flor artificial para rociar con agua los objetos que los fieles acercan para recibir la ansiada bendición.

A un costado del templo menor, detrás de una mesa amplia de madera y mojada por los salpicones permanentes, Jorge Sosa –arropado con una túnica blanca que le cubre desde el cuello dejando ver apenas sus zapatos– recibe a los feligreses que hacen una silenciosa fila a la espera de la bendición.

“Padre, ¿me puede bendecir esta imagen?”, le dice una mujer, y Jorge –sin perder la expresión adusta y afable a la vez– deja caer las incontables gotas de la rosa plástica sobre cada material religioso que le ponen en frente.

Rocía también las cabezas de los creyentes que mueven los párpados –en un acto reflejo de defensa–, aunque no evitan que alguna que otra gotita ingrese a sus ojos.

Jorge comenta que al principio le incomodaba que le confundan con un cura, pero “uno se acostumbra con el tiempo”, añade.

ROTACIÓN. Algunos son diáconos de la Iglesia Católica, otros están en camino de serlo. Suman un total de 60 agentes pastorales los que cumplen esta misión y, en promedio, bendicen “diez objetos por minuto”, calculan.

En ciertos momentos del día, se vuelve una misión imposible entablar una breve conversación con alguno de los que bendicen artículos religiosos. “Cada dos horas hacemos el relevo”, cuenta Jorge, que lleva 20 años bendiciendo objetos en el Santuario.

ORACIÓN. Los peregrinos llevan todo tipo de objetos para que reciban el agua bendita: imágenes de la Virgen, rosarios, libros, velas, “todo tipo de objetos de piedad, algo que sirva para orar”, aclara.

No falta quien le pone en la mesa “yerba” o “fósforo”, lanza recordando algunas anécdotas salidas de lo común.

“Cualquier cosa traen algunos, pero se le explica bien a la gente que solo se bendicen objetos que sirvan para la oración”, insiste.

TRASNOCHE. En la víspera del Día de la Santa Inmaculada, se turnaron para pasar la noche recibiendo la incontenible cantidad de fieles que llegaban a cumplir sus promesas. Y, con la pertinaz lluvia que siguió en horas de la madrugada de ayer, la fila de quienes portaban objetos se fusionó con los centenares de feligreses que buscaban guarecerse del agua.

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