Texto: Silvana Molina │Fotos: Javier Valdez
Va a llover mañana?”. No por repetida, la pregunta es menos importante ni conlleva una respuesta fácil. Al menos para José Fariña Jara (25), contestarla adecuadamente innumerables veces en el día implica un enorme trabajo previo. Como uno de los encargados de pronósticos de la Dirección de Meteorología, tiene como responsabilidad analizar todas las variables atmosféricas para realizar una aproximación de lo que el tiempo le depara a las distintas regiones del país.
José es uno de los cinco primeros egresados de la carrera de Ciencias Atmosféricas de la Facultad Politécnica de la Universidad Nacional de Asunción, la única del país que hoy ofrece formación superior (en grado de licenciatura) en esta área.
Hasta hace poco, solo existía una tecnicatura (tres años de estudio), y los pocos profesionales en esta área que había en el país, hasta antes de ellos, tuvieron que estudiar en el exterior. Pero desde el 2006, la habilitación de la licenciatura abrió la posibilidad de que se formen los primeros meteorólogos paraguayos. Los que terminaron la carrera son: Sergio Méndez, Carolina López, Soledad Ayala y José Ferrer, además de Fariña.
Pasión por el cielo
“Desde chiquito fui muy observador del cielo, me interesaba todo lo que ocurría en la atmósfera y quería saber por qué. Con el tiempo maduré esa pasión”, comenta Fariña, para quien “seguir a las tormentas” y estar atento a cualquier cambio atmosférico para informar a la sociedad constituye un placer y, al mismo tiempo, una gran responsabilidad. “Es algo que siempre quise hacer”, asegura.
Algo similar es lo que siente Sergio Méndez (23), su compañero de promoción, quien es hasta ahora el único de los seis egresados que presentó y defendió su tesis (los demás la están preparando). Por lo tanto, es el primero oficialmente graduado.
Incluso, él quiso ir un poco más allá de lo que aprendió en la facultad, y encontró la manera de seguir capacitándose, en el exterior. Es así que desde el año pasado está cursando un posgrado en la Universidad de San Pablo (Brasil), desde donde proyecta volver a fines del 2015, ya convertido en máster en Ciencias Atmosféricas. Lo aguarda un desafío personal: incursionar en la investigación, que a su criterio está muy poco desarrollada en el país.
Las tormentas son fenómenos que lo apasionan especialmente. No en vano el tema de su tesis de maestría es “Estudio de tormentas severas para la región de la cuenca del Río de la Plata”. Sobre la base de lo que ya pudo investigar, el joven asegura que en nuestro país y en la región en general se producen las tormentas más intensas de todo el mundo. Habrá que esperar hasta el próximo año para conocer con más detalles los resultados de su trabajo.
Números y predicciones
Para realizar los pronósticos del tiempo, un meteorólogo necesita recurrir a varias herramientas. Por un lado, los datos de las estaciones meteorológicas (hay alrededor de 28 en todo el país, en cada una de las cuales se mide temperatura, humedad, presión, velocidad y dirección del viento, entre otras). Por otro, las imágenes satelitales (obtenidas por los satélites que están en órbita), que informan sobre nubosidad, temperatura y composición de las nubes. Además, el radar meteorológico, que permite ver la estructura total de una nube de tormenta. Por
ejemplo: cantidad de agua o de hielo que tiene, velocidad del viento, etcétera.
Otra herramienta con la que cuenta la Dirección de Meteorología es un software de modelación numérica. Con él, a partir de ecuaciones físicas y matemáticas, se trata de modelar lo que va a ser la atmósfera en tiempo futuro.Todas estas variables y elementos tienen que ser analizados permanentemente por los profesionales meteorólogos, para finalmente elaborar una predicción.
Méndez aclara que la preparación de pronósticos es solo una parte de la meteorología. “Es un trabajo pesado, sobre presión, porque uno tiene que estar permanentemente a disposición del usuario, de mucha gente que necesita esos datos. Hay que trabajar rápido y estar atento a las alertas, para saber si va a haber tormentas, vientos fuertes, heladas o sequías”.
Más que mínima y máxima
A Carolina López Florenciáñez (25) siempre le gustaron las materias técnicas. Por eso, luego de terminar el bachillerato técnico en Electrónica, se inscribió en el cursillo de la Facultad Politécnica para la carrera de Ingeniería Electrónica. El reducido cupo conspiró para que pudiera ingresar, pero le dieron la opción de cursar Ciencias Atmosféricas el primer año, para luego continuar con la carrera que quería. Sin embargo, una vez inmersa en el área de la meteorología, descubrió que le gustaba mucho y que, además, es perfectamente compatible con la electrónica. Entonces decidió cursar las dos carreras de manera paralela. “Ya terminé todas las materias. Ahora me faltan las tesis. La de Ingeniería la voy a defender este año, y la de Ciencias Atmosféricas, en el 2015", cuenta.
Por lo pronto, hace ya más de tres años que está trabajando en la Dirección de Meteorología, donde hay que preparar un pronóstico a tres días para cada zona del país. Y uno extendido, a cinco días, para Asunción, con actualizaciones diarias.
“Además de analizar todos los datos estadísticos y hacer una proyección, hay que absorber la gran demanda de gente que llama a preguntar. Es un trabajo bastante agotador porque, como somos pocos meteorólogos, las cargas horarias son largas. Además, mucha gente no entiende que lo que hacemos es una predicción: podemos acertar o no”, aclara.
Carolina está acostumbrada a que, donde quiera que vaya, si se enteran de que es meteoróloga, le pregunten cómo va a estar el tiempo en tal o cual fecha. “Hace poco, mi tía me preguntó si el día en que pensaba festejar su cumpleaños iba a hacer frío o calor, porque quería hacerlo afuera. Y como le dije que unos días después recién iba a mejorar el tiempo, pospuso el festejo. Por suerte, se cumplió mi pronóstico”, cuenta divertida. Y recuerda otra anécdota: “Una vez, un muchacho llamó a Meteorología a preguntarme cómo iba a estar el tiempo el día en que le iba a pedir matrimonio a su novia. Estaba muy ansioso y quería asegurarse”, revela.
Los momentos más críticos en el trabajo del meteorólogo se producen cuando hay alertas de tormentas o posibilidad de cambio importante de temperatura. “Cuando va a ingresar un frente frío, por ejemplo, o va a haber lluvias o tormentas severas, todo el mundo está pendiente de lo que puede acontecer. Las alertas las emitimos en algunos casos unos días antes, pero algunas tormentas se forman muy rápido y no dan tiempo de informar con mucha anticipación”, describe Carolina.
Impacto general
Es que los fenómenos meteorológicos tienen impacto a nivel general en la sociedad. No solo en la atmósfera, sino también en la economía y en la salud. Por ejemplo, interesa a los agricultores y ganaderos que necesitan saber si va a venir una helada; a los transportistas de productos orgánicos; a las hidroeléctricas, que dependen del caudal de los ríos para la producción de energía. O al Gobierno, para tomar medidas de prevención si se avecina una inundación o si el ambiente estará propicio para la propagación de infecciones respiratorias agudas.
Por eso, el trabajo de un meteorólogo es fundamental, no solo para saber si hay que llevar paraguas o abrigo al salir de casa, sino también para tomar decisiones económicas y de Estado, coinciden los jóvenes profesionales. “Lo que nosotros hacemos se llama pronóstico, justamente porque tenemos que trabajar con la incertidumbre, porque si no, sería una certeza. Muchas veces, la gente piensa que la atmósfera es algo exacto, y no es así: en este campo, uno más uno no es dos”.
Eso sí, el entusiasmo que hoy demuestran estos jóvenes profesionales ya es augurio de mejores tiempos para la meteorología en el país. Pronóstico asegurado.
Carrera nueva
Hasta antes del año 2006, si alguien en Paraguay quería obtener el título de meteorólogo, tenía que ir a estudiar a otro país, porque aquí solo existía (desde 1987) la carrera de técnico superior en esta área, que duraba tres años, en la Facultad Politécnica de la Universidad Nacional de Asunción. Recién en el año 2006 se habilitó —en la misma casa de estudios— la Licenciatura en Ciencias Atmosféricas, que tiene una duración de cuatro años. La primera promoción estuvo integrada solamente por cinco personas, que terminaron de cursar todas las materias en el 2011, aunque hasta el momento solo uno de ellos ha presentado, defendido y aprobado su tesis.
Para saber más sobre esta carrera, se puede visitar el sitio: www.pol.una.py.
Agradecimientos: Unicentro - Sanatorio
Santa Clara.