05 jun. 2026

A los servicios públicos de salud todavía les falta mucho para ser eficientes

A lo largo y a lo ancho del país hay una gran demanda de atención a la salud en el sector de las personas menos favorecidas económicamente. No existe, sin embargo, respuesta suficiente a las necesidades, aun cuando el Ministerio de Salud Pública haya declarado la gratuidad de sus servicios. Con el avance de la gripe A H1N1 y otras enfermedades respiratorias de época, urge que esa institución pública aumente en eficiencia.

Imagen - Editorial

La salud pública es una de las banderas de este Gobierno. Su hito más relevante es la exoneración de pago para “todas las prestaciones médicas, odontológicas, medicamentos, biológicos y servicios de ambulancia ofrecidos en todos los hospitales, centros y puestos de salud, unidades de salud de la familia y otras dependencias” de su red de servicios, según el informe al Congreso dado por el presidente de la República el pasado 1 de julio.

Sin embargo, en el terreno de lo concreto, hay contradicciones entre la propaganda y lo que las personas pobres se ven obligadas a soportar todos los días. No se pretende la perfección en un país de tantas imperfecciones, pero sí un mínimo de honestidad para no seguir alimentando ilusiones de cumplimiento imposible.

El Hospital Nacional - que en la actualidad hace las veces del Hospital de Clínicas, durante muchas décadas único paño de lágrimas de los desamparados- tiene serias deficiencias para atender a los que llegan hasta ahí en demanda de auxilio.

Lo más lamentable de todo es que la ineficiencia burocrática - atribuible a los administradores del Hospital y del Ministerio- incide en la mala atención de las personas. Es inadmisible, por ejemplo, que un servicio médico tan completo como el de Itauguá dé lugar a quejas de los pacientes por la falta de funcionamiento del tomógrafo, un instrumento de alta precisión para ofrecer diagnósticos de elevada confiabilidad. Y que la comunicación pacientes-profesionales sea de tan baja calidad.

Los centros y puestos de salud del interior son los eslabones más frágiles del sistema de salud. Con funcionarios que no siempre están en sus lugares de trabajo, sin calificación suficiente, desganados y sin iniciativas para educar a las personas, los locales son apenas decoraciones que no inciden en la mejoría de la salud de los campesinos. Al contrario, son un obstáculo, porque defraudan las escasas esperanzas que se deposita en ellos.

Es imposible hablar de consolidación del sistema de salud cuando, en realidad, existen demasiados flancos que aún requieren ser fortalecidos. Hay que reconocer los esfuerzos de la actual administración del Ministerio de Salud para responder mejor a la demanda insatisfecha en el sector. Sin embargo, el trecho por recorrer para alcanzar un nivel de respuestas aceptable es todavía considerable.

Con dos muertes y 22 casos confirmados de gripe A H1N1, más la temporada de frío que llega con su cuota de afecciones, urge que el Ministerio de Salud Pública redoble su vigilancia y aumente la calidad de sus prestaciones. Lo que se espera de él es eficiencia para responder a las situaciones que se presentan.