Con el fin de buscar herramientas para erradicar el trabajo infantil del país, se presentó ayer el manual Magnitud y características del trabajo infantil y adolescente en el Paraguay, elaborado por la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos (DGEEC). El material, que contó con el apoyo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), indica que además de los 416.426 niños y adolescentes que trabajan de manera irregular, se encuentran otros 20.000 que tienen ocupaciones, pero se encuentran dentro del marco de las leyes y del respeto del Código de la Niñez.
“Sin embargo, esta cifra es igual de alarmante, porque en los 20.000 niños que trabajan de acuerdo con las leyes, solo encontramos al 1% de los 416.426", explicó la directora de Encuesta de la DGEEC, Norma Medina.
CONSECUENCIAS. Lesiones, insolación, quemaduras, dolor de espalda y fatiga son algunas de las consecuencias que trae la explotación de los menores de edad en el país, que en su mayoría trabajan en actividades relacionadas al área rural, aunque en las zonas urbanas se dedican a trabajos como olerías o calerías.
Según el informe, por lo menos el 42% de niños y adolescentes entre 5 a 17 años encuestados, manifestaron tener algún padecimiento a consecuencia de la labor.
“Hay que tener en cuenta que en las áreas rurales las criaturas no solo se dedican al arado con azadas, palas o rastrillos, sino que también manejan maquinarias de fumigación en las chacras o granjas”, lamentó Medina.
Por su parte, el ministro de la Secretaría de la Niñez, José Orué, manifestó que otra de las consecuencias del trabajo infantil es el criadazgo, que luego se convierte en trata de personas. “Es lo mismo que la esclavitud, que supuestamente ya no existe en la región”, dijo. Instó además a los padres que tienen hijos trabajando, a acabar con esta problemática.
FUERA DE AULAS. Otro grave problema que se muestra en el documento es la deserción escolar de los niños que trabajan en alguna ocupación, ya que miles de ellos ya no asisten a clases cuando comienzan a ejecutar labores, tanto dentro del hogar como fuera de él.
“Solo por trabajo infantil quedan fuera del sistema educativo el 8,4% de los niños en edad escolar; esto representa a 64.963 en el país”, expresó el ministro José Orué.
ESTADO AUSENTE. Para erradicar el trabajo infantil, la Secretaría de la Niñez solo cuenta con el emblemático Programa Abrazo, donde otorga bonificaciones familiares a los padres a cambio de que alejen a sus hijos de la explotación laboral y que asistan a clases.
“El Programa Abrazo beneficia hoy a 6.000 niños del Departamento Central y del interior del territorio; teniendo en cuenta la cantidad de chicos que trabajan de forma irregular, la diferencia es abismal”, admitió el titular de la cartera estatal, que este año invierte en Abrazo G. 30.000 millones.
EL ESTADO DEBE COMPROMETERSE
Para la directora del Hogar Guadalupe -que trabaja con sectores vulnerables de la niñez y adolescencia-, Florentina Ramírez, la participación del Estado es fundamental para eliminar toda forma de explotación de los menores de 17 años.
“Escuché que desde el Gobierno instan a los padres a no emplear a sus hijos en ninguna labor, y eso sobre todo en zonas rurales, donde ni siquiera hay escuelas cerca, es muy difícil”, afirmó.
Ramírez expresó que aunque el trabajo infantil no tiene justificación, es difícil enseñar a los padres del campo que no envíen a sus hijos a olerías o canteras, ya que para ellos es algo totalmente normal.
“Muchos de los padres de chicos en esta situación, también fueron explotados laboralmente cuando eran menores de edad”, apuntó, agregando que debe ser un trabajo de educación y consciencia a largo plazo.
Instituciones. Florentina Ramírez dijo que para que la erradicación del trabajo infantil sea eficaz, varias instituciones del Estado deben tomar parte en el asunto. “Con el solo trabajo de Niñez es muy difícil, porque es una entidad con muy poco presupuesto; deben apoyar otras, como el MEC”, remarcó.