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Opinión
domingo 18 de septiembre de 2016, 02:00

Vo no me queré

Por Arnaldo Alegre
Por Arnaldo Alegre

EL MUNDO según HORACIO. El que no está conmigo está en contra mía. Los que se oponen a mi proyecto lo hacen por intereses espurios y para recuperar sus privilegios.

El mundo real. La oposición se mueve por distintos intereses. Unos, por el temor que genera su manejo protoautoritario tras la reelección frustrada; otros, por recuperar sus privilegios, espurios y no. Los menos por ideología.

EL MUNDO SEGÚN HORACIO. La clase política menosprecia mis logros porque no están en condiciones de igualarme. Les incomoda que ya me impuse en su campo. Puedo ser presidente de la República por segunda vez, pero el Senado no quiere.

EL MUNDO REAL. La clase política y gran parte de la ciudadanía entiende que sus credenciales democráticas son casi nulas. Se afilió al Partido Colorado exclusivamente para candidatarse a la presidencia y votó por primera vez en su vida cuando obtuvo la titularidad del Ejecutivo. Una mayoría multipartidaria en el Senado entendió que no estaban dadas las condiciones para reformar la Constitución vía enmienda, por lo que se archivó la reelección.

EL MUNDO SEGÚN HORACIO. Mis enemigos políticos me envidian mi éxito en el campo de los negocios.

el mundo real. Sus negocios están bajo un cono de sombra (reforzado por denuncias internacionales) y las dudas nunca fueron del todo despejadas.

EL MUNDO SEGÚN HORACIO. En las internas no tengo contrario y ganaré por walkover.

el mundo real. El coloradismo es profundamente clientelista, sobre todo en sus internas. Las claques van con los que muestran capacidad económica para mover a las masas. Y los recursos externos, como los de Cartes, tienen más peso decisivo desde que no pueden usar a su antojo los bienes del Estado. Aunque las encuestas últimas muestran un rechazo a su figura.

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Horacio Cartes ha tenido logros. Y en ciertos sectores mostró poca tolerancia a la corrupción.

Pero tras la frustrada reelección comenzó a actuar con un infantilismo político y una vena antidemocrática inquietantes que hacen temer que sus acciones gubernamentales positivas sean apenas una máscara que oculta un pequeño tirano con ínfulas de exitoso.