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domingo 14 de mayo de 2017, 00:13

"Sí, se acuerdan mucho de nuestras madres"

Se indigna con él, recuerda a su madre con un sonoro: hijo de p..., ofensa tan universal como sexista. Por un penal se insulta a la mamá del árbitro; pensando en eso, cerca del Día de las Madres quisimos hablar sobre esto con un réfere.
Brigitte Colmán
bcolman@uhora.com.py

Para insultar a un hombre el camino más corto es ofender a su madre. Así fue, al parecer como surgió –probablemente ya en el siglo XIV– la insultante expresión hijo de p... Este es el improperio más universal y probablemente el más sexista, sobre todo en las canchas, aquí, allá y en todas partes.

El agravio se utiliza tanto para referirse a ese funcionario que se quedó con el dinero que era para la merienda escolar como para retarle al conductor que a punto estuvo de causar un accidente; pero sobre todo sirve para descargar los domingos en el estadio la rabia acumulada, y el blanco elegido siempre es él: el réfere.

Hoy hablamos con uno de ellos, Éber Aquino, quien nos cuenta que su mamá se llamaba Felicia Gaona y era modista. En su familia eran cinco varones y al nacer el sexto de los hermanos –que resultó una niña– Felicia falleció durante el parto. "Ella nos contaba que vino el primer varón, y después fue buscar la nena, para la parejita; y vino el segundo varón y así iba buscando la nena, hasta que vino el quinto y fue otra vez varón".

Posteriormente sus padres se separaron y su madre, con su nueva pareja, volvió a embarazarse y justo salió que iba a ser nena. "Pero lastimosamente ella ya no pudo disfrutar de la nena porque falleció, un 30 de diciembre, tuvo problemas durante el parto y falleció, pero mi hermana se salvó".

La hermanita ya tiene hoy 24 años. "Lastimosamente perdimos a nuestra madre, pero como consuelo nos quedamos con nuestra hermana", afirma; y confiesa que por la fecha en que falleció su madre, la celebración del fin de año nunca es completa.

Éber tiene 37 años y tres hijos, y se dedica al comercio, a la par que al arbitraje, en el cual ya lleva unos 400 partidos arbitrados en toda su carrera. Jugó al fútbol hasta los 19, cuando tuvo que elegir eso o un trabajo seguro, pero años más tarde volvió a las canchas convertido en réfere, y reconoce que sí, que en las canchas se acuerdan mucho de las madres de los réferes, aunque no tengan nada que ver.

–¿Le afectan los insultos?
–Yo te cuento, en mi caso, cuando comenzaba en la profesión escuchaba hasta el último insulto, porque era nuevo, pero después uno se va acostumbrando. También hoy en día tenemos la ventaja de que tenemos sicólogos trabajando con nosotros, y entonces esas cosas ya te repelen. Pero llega un momento dado del partido que te permite escuchar esas cosas, por ejemplo en el entretiempo, en algún lateral, pero el resto del partido uno prácticamente no escucha nada, a pesar de que esté lleno el estadio, porque vos estás metido de lleno en el partido, en tu trabajo.

–¿Qué es lo que más les gritan?
–Lo que sale de adentro es el hijo de p..., ladrón, bandido, vendido..., lo primero que le sale a la gente es eso. Yo tengo amigos que comentan justamente que la gente va a la cancha y se descarga; hay gente que se va, pero no disfruta del partido, más va para descargarse, y el blanco perfecto casi siempre es el árbitro. Casi siempre. A muchos nos pasa que muchas veces cantamos y bailamos una música y ni siquiera llevamos en cuenta lo que dice la letra.
Pero sí, se recuerdan mucho de nuestras madres. Que no tiene nada que ver...

–Los jugadores también les insultan...
–Sí, siempre hay casos en que el jugador es expulsado porque se pasa de vocabulario, tiene que ser algo muy fuerte para que se les eche, pero si es un reclamo normal se conversa con el jugador, se le advierte, se le amonesta, pero si ya se pasa de un reclamo normal entonces se le expulsa.

–¿A nivel internacional pasa lo mismo?
–Eso es en todos lados. Recorrí bastante Sudamérica y en todas partes nos gritan, nadie se salva de eso. Hay veces que ellos creen que te equivocaste y entonces te insultan, pero hay lugares en donde antes de que hagas nada ya te están insultando, independientemente de que te equivoques o no, vienen los insultos.

–¿Cuáles son las decisiones complicadas?
–Las más complicadas son sancionar un penal, o una expulsión dependiendo del tiempo, todo entra a tallar, qué se está jugando. No es lo mismo que se esté jugando un partido por una clasificación a una copa que un partido entre dos equipos de mitad de tabla. Entra a tallar no la decisión, sino el de manejar la situación.

–También les gritan ¡vendidos!
–Desde siempre se dicen esas cosas... Nadie trabaja para equivocarse, ni los jugadores ni los árbitros, y nosotros estamos expuestos a que al mínimo error ya se piense eso. Lo primero que se dice es por cuánto se vendió ese árbitro, nadie piensa en lo que se tiene que preparar, todos piensan en que si se equivocó es porque seguro que se vendió. Y hoy en día con lo dinámico que es el fútbol un ángulo de visión que tengas, que te agarre mal, ya influye para que tomes una decisión, y entonces lo primero que se piensa es que fue comprado. Pero no es un trabajo más, nadie quiere equivocarse, nadie quiere estar durante la semana en la boca de todo el mundo, porque eso es lo que pasa. Sale en la prensa prácticamente de lunes a jueves, estás en diarios, en las radios en la televisión y ni siquiera querés salir de tu casa cuando tenés un error grande.

–¿Y las hinchadas?
–Hay canchas en nuestro país donde el público está muy cerca de los que participan del partido, del árbitro y los jugadores, donde se siente más la presión, pero en Sajonia la gente está más lejos, retirada; en otras canchas también, pero hay canchas donde al público lo tenés al ladito tuyo.
Se avanzó mucho en la seguridad, hay un departamento especial de la Policía, inclusive en las canchas hay circuito cerrado donde se identifica a quien agrede. Nunca me pegaron, gracias a Dios, no.

–Hay violencia dentro y fuera de la cancha.
–No está bien, hay gente que no se va más a la cancha por eso, por la inseguridad que pueda existir, no ya dentro de la cancha, sino afuera, y eso no está bien, uno va para divertirse. Porque hay que tener en cuenta algo: no pasa de ser un partido de fútbol.

–¿Cómo se erradica?
–Hace poco vimos que en el Uruguay se armó una batalla campal, que justamente iniciaron los jugadores, empezó dentro del campo de juego y se trasladó a las gradas; muchas veces ya los protagonistas mismos empiezan y eso se contagia. Todos tenemos la responsabilidad. Todos debemos decir no a la violencia, y pedir que la gente vaya a divertirse a la cancha y disfrute del juego.