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Opinión
viernes 19 de mayo de 2017, 02:00

¡Qué caro está el dinero!

Carolina Cuenca
Por Carolina Cuenca

El famoso valor del dinero. Todo un tema. Más allá de los mensajitos tipo budistas del "no le des importancia" que corren por las redes sociales, ¡con buena intención sin duda!, está la realidad del uso y de la dependencia que tenemos del dinero.

Por un lado, un cierto espiritualismo descarnado nos induce a pretender vivir "neuróticamente desapegados"; por el otro lado, el materialismo, a veces ateo y marxista, a veces capitalista o liberal, que nos plantea la relación con el dinero como la esencia misma de la felicidad. Estos serían los "neuróticamente apegados", por llamarlo así.

Por esta forma de verlo, si hay abundancia se vive en la desconfianza, quizás en el temor de perderlo, por su despilfarro sucumben familias, por su uso deshumanizado se destruye la sociedad, por su ausencia se protesta, se sufre y algo más, muy de moda en estos tiempos, el dinero se presta y hasta se luce a un costo desmedido.

Sí, quien se endeuda con bancos y financieras, incluso con cooperativas últimamente, paga un costo altísimo por el dinero, a veces despiadada y perversamente elevado. ¡Y cuántos de nuestros problemas, más allá de las ideologías que nos lo quieren explicar, tienen que ver con el desorden financiero y la falta de alternativas válidas para usar el dinero de forma más humana!

¿Se puede humanizar la economía? Creo que sí. Algunos apuntan al Estado y este tiene su parte sin duda. Pero hay algo más, algo que involucra a personas libres y tiene que ver con la educación en algo tan sospechosamente angelical que hasta cuesta mencionar, pero es necesario porque se trata de algo realmente más humano: se trata de poner el dinero en función de la vida virtuosa.

La valoración social de la vida honesta. El hábito bueno de vivir con sencillez, de vivir sin aparentar, tal como uno es y no como los demás esperan que seamos, de compartir los bienes, de buscar lo justo, de desear lo bueno, de embellecer las relaciones en pos de un estado interior y exterior de la persona que podemos llamar felicidad.

¿Es posible vivir así sin alienarse o sin caer en moralismos? He aquí, una pregunta seria.

No creo que los futuros candidatos a presidente del país puedan satisfacer o llegar realmente a su profundidad porque no les corresponde, pero deberían presentarnos opciones realistas, no basándose en unos condicionamientos intrusivos o falseados o populistas que condicionen nuestra libertad individual, sino a partir de la generación y mantenimiento de las condiciones mínimas que permitan a cada familia, a cada matrimonio, a cada persona valerse por sí mismas, buscar su destino, relacionarse con los demás y con el dinero de una forma más armónica.

Opciones no usurarias, opciones solidarias, opciones subsidiarias, opciones para el bien común. Esto implica riesgos, problemas, sacrificios. Sí.

No es fácil el camino de la virtud. Pero vale mucho la pena.