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domingo 8 de enero de 2017, 02:37

Planillacracia

Arnaldo Alegre
Por Arnaldo Alegre
El problema no es la reelección. Es la malsana avidez de un grupo con capacidad de obtener mayorías circunstanciales para imponer su criterio por encima de las leyes, las instituciones republicanas y la propia Constitución.

Jamás hubo un debate sobre la conveniencia de la reelección. Solo la voluntad de un líder con aire mesiánico que pretende llevarse todo y a todos por delante, solamente para demostrar que puede hacerlo.
A este líder con delirio napoleónico le alienta una buena parte de los mayores hacederos de tiranillos de distinto pelaje del país: el Partido Colorado. Con la siempre interesada adhesión de algunos paniaguados del PLRA, gran nido de geniolitos. Además tiene el insospechado acompañamiento del luguismo, que como buenos izquierdistas gustan de los conciliábulos sospechosos y las tramas conspiraticias truculentas. Y, como guinda de la torta, tiene a su disposición algunos obispos más preocupados en agradar a los dueños del corral que asistir a las ovejas descarriadas.

El actual Gobierno estrenó su gestión con un buen viento de cola. Fue prudente en el manejo de la macroeconomía. Planeó proyectos estructurales saludables. Domesticó a sectores empresariales acostumbrados a sacarle jugosas tajadas al Estado para después pontificar en su contra. Aunque también perdonó a otros. No sabemos si fue por una visión de país o por una razón comercial del grupo económico del que salieron.

Hubo aciertos, sin dudas. Y también contó en un principio con la inestimable colaboración de ambas cámaras del Congreso. Tuvo todo a su favor hasta que liberó al monstruito interno y la reelección se convirtió en una obsesión. Y nació un nuevo falso salvador de la patria.

Reiteramos, no es problema de la reelección. El problema es la planillacracia.
Es decir, el plan de imponer mediante engaños y desviaciones legales y constitucionales, pero usando mecanismo democráticos, un proyecto claramente antidemocrático.
La enmienda o la reforma constitucional son plenamente democráticas. Y el referéndum, para el cual el cartismo está haciendo una ominosa recolección de firmas, es una importante vía institucional de consulta popular.

Pero la campaña "que la gente decida" es artera, engañosa y violatoria de la Constitución. No se puede llamar a decidir sobre lo que está prohibido. La enmienda no puede tratarse hasta agosto de este año y la reelección debe aprobarse por la reforma y no por la enmienda.
Lo demás es cháchara.